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domingo, 24 de junio de 2012

Vía Crucis

Aclaración: Este Vía Crucis esta  pensado para ser hecho bajo la dirección de un Sacerdote, omitiré por tanto las partes que tengan que ver directa, exclusivamente con la participación del Ministro de Dios

"VIA CRUCIS EXPLANADO"

Compuesto en Idioma Italiano
Por el R. P. Fr. Leonardo de Porto Mauricio, Menor Reformado, Misionero Apostólico.

Traducido a nuestro Castellano, añadidas algunas cosas en las Oraciones de la Visita de las Estaciones
Por el P. Fr. Julián de San  Joseph, o Gascueña, Lector de Teología, y Procurador de la Provincia de la Purísima Concepción de Franciscos Descalzos en Castilla La Nueva.
--- 1758 ---

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Oración Preparatoria

Acto de Contrición, que se hará antes de dicho Santo Ejercicio

Clementísimo Jesús mío, porque sois infinitamente Bueno y Misericordioso, os amo sobre todas las cosas, y de todo corazón me arrepiento de haberos ofendido, Dios mío, y sumo Bien mío; ofreciéndoos este Santo Viaje, en honra y veneración de aquel Viaje doloroso, que, Vos hicisteis por mi indignísimo pecador: e intento el ganar todas las Indulgencias, y rogar por todos aquellos fines, y motivos, por los cuales fue concedido un tan grande tesoro: suplicándoos humildemente, que yo haga este Santo Ejercicio de tal modo, que me ayude a conseguir vuestra misericordia en esta vida, y en la otra vida eterna. Amén

Estación Primera
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi. (Te adoramos Cristo, y te bendecimos)
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum (Que por tu Santa Cruz, redimiste al mundo)



Jesús es condenado a muerte
En esta primera Estación se representa la Casa, y Pretorio de Pilatos, donde Nuestro Señor Jesucristo coronado de penetrantes Espinas, y todo bañado en sangre, recibió la sentencia de Muerte.

Considera la admirable sumisión del Inocente Jesús, en recibir una tan Inicua Sentencia de Muerte: y sabe, que tus culpas, y pecados, fueron los falsos testigos, que la firmaron, y tu obstinación indujo a aquel impío Juez a proferirla:  y si así es, vuélvete hacia tu Dios Amoroso: y más con lagrimas del corazón, que con las expresiones de la lengua, dile así:

¡Ay de mí! Amado Jesús mío, y ¡qué amor tan entrañable el vuestro! Pues por una criatura tan ingrata sufrir Pasiones, Cadenas, y Azotes tan crueles, hasta ser sentenciado a una ignominiosa muerte? Ea, que solo esto basta para herirme el corazón, y hacerme detestar tantos pecados míos que fueron la causa de tantos trabajos vuestros: ya, Señor, abomino mis pecado, ya los lloro, y por todo este Camino doloroso andaré suspirando y repitiendo: Jesús mío misericordia, Jesús mío misericordia. Amén

Rezar: 
Pater Noster  (Padre Nuestro)
Ave María  (Ave María)
Gloria Patri  (Gloria al Padre...)

Miserere nostri, Domini, miserere nostri  (Ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia de nosotros)

Estación Segunda
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Jesús recibe la pesada Cruz, sobre sus Hombros
En esta segunda Estación se representa el lugar, donde, por mano de cruelísimos Ministros, fue cargado sobre los penados Hombros de Jesús el Madero pesado de la Cruz.

Considera, como el Benignísimo Jesús, lleno de inmensos dolores, se abraza con la Santa Cruz; y mira con cuanta mansedumbre sufre los golpes, y escarnios de aquellos viles hombres: cuando Tú, o miserable, huyes, en cuanto puedes, la Cruz de la verdadera penitencia, sin reflexionar, que sin Cruz no hay entrada en la Gloria. Llora, pues tu ceguedad, con la cual, hasta ahora, has aborrecido el padecer, y vuelto de Corazón a tu Señor, dile, suspirando, así:

A mí, Jesús mío, a mí, y no a Vos, se debe esa pesada Cruz. ¡O Cruz pesadísima! que fuiste fabricada de mis feas y enormes culpas. Ea, pues, Salvador mío, dadme fortaleza para abrazar con amor las Cruces de los trabajos, que merecen mis pecados, a fin de que en el breve tiempo de esta vida, teniendo la dichosa suerte de vivir abrazado con la Santa Cruz, muera crucificado, y por medio de la Cruz, arribe finalmente a gozaros eternamente en el Cielo. Amén.

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Tercera
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Jesús cae con la Cruz, la primera vez.
En esta tercera Estación se representa el lugar, donde el Pacientísimo Jesús cayo la primera vez con la Cruz.

Considera, como el Afligidísimo Jesús, descaecido de fuerzas, por la Sangre que vertía, y por la fatiga, que con el tropel le ocasionaban aquellos viles Ministros de Satanás, cayó la primera vez en tierra, debajo del pesado Madero de la Cruz. Ea, pues, mira como aquellos envenenados verdugos lo hieren con palos, puntillones y desprecios: y el Pacientísimo Jesús a todo no abre su boca, sufre y calla: cuando tú, en tus ligerísimos trabajos, eres tan impaciente, que luego te alteras, impacientas y ensoberbeces: y aún por ventura, tal vez temerariamente blasfemas. Pues esta vez, a lo menos, arrepentido de tus altiveces, detesta tu soberbia, y ruega a tu afligido Dios de esta manera:

Amantísimo Redentor mío, aquí está postrado a vuestros pies el pecador mas pérfido de cuantos viven sobre la tierra. ¡Oh cuantas caídas! ¡Oh cuantas veces he sido precipitado en el abismo de la iniquidad!. Ayudadme, Jesús mío, ayudadme, a fin de que en lo restante de mi vida no vuelva a caer en culpa alguna mortal, y en la muerte asegure el conseguir la eterna salvación.

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Cuarta
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum


Jesús encuentra a su Santísima Madre
En esta cuarta Estación se representa el lugar, donde Nuestro Apasionado Redentor encontró a tu afligidísima Madre

¡O qué dolor traspasó el Corazón de Jesús! Y, ¡Oh que dolor hirió el Corazón de María en aquel encuentro! ¡Oh alma ingrata! ¿Qué mal te ha hecho mi Inocente y pobre Madre? dice Jesús. Ea, pues, deja la culpa, que fue la causa de estas nuestras grandes penas. Y tú, ¿qué les respondes? Y arrepentido, con lágrimas de dolor, diles así:

¡Oh Divino Hijo de María! ¡Oh Santísima Madre de mi Amado Jesús! Aquí me tenéis postrado a vuestros Pies Santísimos, humillado, y compungido: confieso, que soy yo aquel traidor, que fabriqué, pecando, el cuchillo de dolor, que traspasó vuestro tiernísimo Corazón: ya me arrepiento de corazón, y pido a entrambos misericordia, y perdón: 
Misericordia, Jesús mío, misericordia: 
Misericordia, Santísima María, misericordia: 
A fin de que, por medio de esa gran misericordia, yo me aparte de las culpas, medite vuestras penas todo el breve tiempo de mi vida, y pase después a veros en los gozos de la Gloria. Amén

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Quinta 
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



El Cirineo ayuda  a llevar la Cruz al Redentor
En esta  quinta Estación se representa el lugar, donde precisaron los Judíos al Cirineo, a que ayudase a llevar la Cruz a nuestro Redentor Jesús.

Considera, que tú eres aquel Cirineo, el cual llevo la Cruz de Jesús por cumplimiento, o por fuerza, porque estas muy asido a las conveniencias transitorias de este mundo. Ea, pues, desprende tu voluntad de los aparentes bienes mundanos, y aliviarás de tan crecido peso al fatigado Jesús: y abrazando de corazón todos los trabajos, que te vienen de la mano de Dios, te ofrecerás a sufrirlos con paciencia, dando gracias a tu Dios, a quien dirás así:

¡Oh Amantísimo Jesús mío! Gracias os doy por tantas, y tan oportunas ocasiones, como me dais, de merecer por mí, y de padecer por Vos. Ea, pues, haced, Dios mío  que sufriendo con paciencia todo aquello, que tiene apariencia de mal en esta vida, consiga los  tesoros  de bienes eternos en la otra: y padeciendo aquí con Vos desconsuelos, y trabajos, sea hecho digno de pasar a reinar también con Vos eternamente en el Cielo. Amén.

Rezar: 
Pater Noster
Ave María
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Sexta 
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Limpia la Verónica el Rostro ensangrentado de Jesús
En esta sexta Estación se representa el lugar, donde la Santa Mujer Verónica limpió con un paño el Rostro ensangrentado de Jesús.

Considera, como aquel Santo lienzo quedó estampado el pálido Rostro de Jesús: mira aquel paño todo desfigurado el Rostro de tu Dios; y movido del amor, procura formar un propio retrato de aquel Rostro en tu corazón: ¡Oh feliz de ti!, si con Jesús, esculpido en tu corazón, vivieres: ¡Oh feliz de ti!, si con Jesús, esculpido en el corazón, murieses: pues para merecer un bien tan grande, ruega a tu Señor así:

Atormentado Salvador mío, yo os suplico, que imprimáis de tal manera en mi corazón la imagen de vuestro Santísimo Rostro, que de día y de noche siempre piense en Vos, para que puesta delante de mi vista vuestra Pasión dolorosa, llore siempre mis enormes culpas; que alimentado aquí, como os lo ofrezco, con el pan del dolor de mis pecados, espero, que después me concedáis el consuelo de ver vuestro hermoso Rostro eternamente en el Cielo. Amén

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Séptima 
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Jesús cae por Segunda vez con la Cruz.
En esta séptima Estación se representa la Puerta de Jerusalén llamada Judiciaria, donde nuestro Redentor cayó en la tierra segunda vez con la Cruz.

Considera a tu Señor, caído, y tendido en el suelo, abatido de los dolores, pisado con desprecio de los enemigos, y escarnecido de la Plebe; y advierte, que tu soberbia fue quien le impelió a caer, y tu altivez lo puso tan abatido. Ea, pues, baja esta vez tus altivos pensamientos, y con dolorosa contrición de lo pasado propón el humillarte a todos en los por venir, y di a tu Señor así:

¡Oh Santísimo Redentor mío! aunque os miro caído en este suelo; os confieso al mismo tiempo poderoso: y así os suplico el favor de que yo abata todos mis pensamientos de soberbia, ambición, y de propia estimación, a fin de que caminando siempre en este abatimiento, abrace de corazón el retiro, y los desprecios; y con esta humildad intima, cordial, y verdadera, que tanto a Vos agrada, merezca aliviaros de tan dolorosa caída, y después ser levantado a gozaros en la Gloria. Amén

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Octava
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
En esta octava Estación se representa el lugar, donde el benignísimo Jesús consoló a unas dolorosas, y afligidas mujeres de Jerusalén.

Considera, que tú tienes mucho mayor motivo de llorar, y de llorar por Jesús, que tanto padece por ti, y por ti mismo, que ingrato con tus pecados, eres la causa de aquellos grandes tormentos. ¿y por qué, a vista de tantas penas, permaneces aún en tu dureza? A lo menos, mirando aquí a Jesús, que muestra tanta piedad con aquellas mujeres Santas, emprende gran confianza; y con gran dolor, y compunción, dile a tu Señor así:

¡Oh amabilísimo Salvador mío!, ¿Cómo mi corazón no se deshace en lágrimas de dolor, al ver que por mi estáis Vos entre indecibles tormentos? Lágrimas, Señor, os pido, y lágrimas de dolor, y compasión, a fin de que con lágrimas en los ojos, y con dolor en el corazón, merezca aquella piedad, que mostraste a las piadosas mujeres. Ea, pues, concédeme esta consolación Divina, que mirado de Vos con ojos piadosos en la vida, asegure en la muerte el pasar a veros en la Gloria. Amén

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Nona (novena)
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi
R.Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum


Jesús cae por tercera vez con la Cruz
En esta nona Estación se representa el lugar, donde el pacientísimo Jesús, destituido en gran manera de fuerzas, cayó por tercera vez en tierra con el pesado madero de la Cruz.

¡Oh, que penosa fue esta caída de nuestro amado Jesús! Mira con que furor, y rabia embisten aquellos crueles lobos al Mansísimo Cordero Jesús: pues todos, ansiosos de verlo puesto en la Cruz, con golpes y desprecios, hacen que se levante del suelo, ¡Oh maldito pecado, que así maltrato al Hijo de Dios! ¿Pues, alma cristiana, merece bien tus lágrimas un Dios así oprimido, un Dios así atormentado? Ya se ve que las merece; pues con ellas en los ojos, dile así al Señor:

Omnipotente Dios mío, que con solo un dedo sustentáis la tierra, y el Cielo: ¿quién, Señor, os ha hecho caer desmayado en este suelo? Pero ¡ay de mí! que quien os ha postrado, han sido mis reincidencias, y mis repetidas culpas, añadiendo en Vos tormentos a tormentos, con añadir yo pecados a pecados. Peo ya reconocido, me postro a vuestros pies arrepentido, y con propósito firme de no repetir mas culpas, y suspirando, repito una, y mil veces; no más pecar, mi Dios, no más pecar. Amén.

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Décima
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Desnudan a Jesús de sus vestidos, y le dan a beber hiel amarguísima
En esta Estación se representa el lugar, donde a nuestro Redentor Jesús le quitaron sus propias vestiduras, y le dieron a beber amarga hiel.

Considera, alma cristiana, como aquellos tigres inhumanos desnudaron a tu Dulce Jesús, y con la túnica pegada a las doloridas carnes, salieron pedazos de carne, y sangre, quedando en lo exterior todo, de pies a cabeza, hecho una llaga, y en lo interior martirizado el gusto con la hiel que le dieron a beber. Mira como tu Divino Redentor, que es el que fluye de hermosura a los Cielos, entre sus tormentos sufre el quedarse desnudo en presencia de un numeroso concurso: y movido de lastima, y compasión, dile así a tu Redentor.

Afligidísimo Jesús mío, ¿qué horrible mutación es la que veo? ¿Vos, Señor, todo sangre, todo llagas, todo desnudez, todo amarguras: y yo todo deleites, todo vanidad, todo dulzura? !Ah señor que no camino bien! Bien lo conozco en Vos, que sois el verdadero camino: pero dadme vuestro auxilio para mudar de Vida, y poned tal amargura en mi gusto a las cosas de este mundo, que de aquí en adelante no guste ya otra cosa, que las amarguras de vuestra Pasión Santísima, para que consiga el pasar a gozar las dulzuras de la Gloria. Amén.

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Undécima (decimoprimera)
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Clavan a Jesús en el duro madero de la Cruz
En esta undécima Estación se representa el lugar, donde los impíos Judíos tendieron sobre la Cruz al Dulcísimo Jesús, y lo clavaron en ella en presencia de su Madre Santísima.

Considera el acervísimo dolor que sentiría el buen Jesús, al traspasarle con duros clavos sus Divinos pies, y manos, quedando el Sagrado Cuerpo clavado en un madero: y qué pena sería la de la Dulcísima María, al ver delante de sí a su Hijo querido, todo tan destrozado, y lastimado, que aún a las criaturas infernales movía a compasión. Pues, ¿cómo no se deshace tu corazón en lágrimas a vista de tantas penas? a lo menos, explica con el llanto tu dolor, diciendo así a tu Señor.

Clementísimo Jesús mío, crucificado por mí: barrenad, Señor, y traspasad mi duro corazón con los clavos de vuestro santo amor, y temor: y ya que mis pecados fueron los clavos crueles, que traspasaron a Vos los pies, y manos, haced que vuestro santo temor, y el dolor de mis pecados sean el Artífice, que fijen, y moderen en mí todas mis desordenadas pasiones, a fin de conseguir la feliz suerte, de que viviendo con Vos crucificado en la tierra pase a reinar con Vos en las felicidades de la Gloria. Amén

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Duodécima (decimosegunda)
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Levantan en la Cruz a Jesús, y expira en ella el Redentor del Mundo
En esta duodécima Estación se representa el lugar, donde nuestro Salvador, después de puesto en la Cruz, fue levantado en ella, y dio su amorosa vida redimiendo al mundo.

Pues, alma cristiana, alza los ojos, y mira en el aire pendiente de tres clavos al Dulcísimo Jesús; mira aquel Divino Rostro entre agonías, mira todas sus llagas renovadas, y de pies, y manos corren tres fuentes de sangre, que llegan hasta la tierra: oye como perdona a quien le agravia, ofrece el Paraíso al que lo quiera, deja al cuidado de Juan a su Madre Amada, encomienda al Padre su Santísima Alma; y al fin, inclinando la Cabeza, expira. ¿Con que ya murió Jesús? ¿Y ha muerto en la Cruz por ti? Y tú, ¿qué es lo que haces? Ea, pues resuelve no apartarte de este lugar santo, sin estar renovado, y compungido: y así, abrazado a la Cruz del Redentor dile así a su Majestad.

Amabilísimo Redentor mío, yo conozco, y yo confieso, que mis gravísimas culpas son los verdugos más despiadados, que os han quitado la vida, y que no merezco el perdón de tan crecida ofensa: pero oyéndoos a Vos en esta Cruz perdonar a vuestros enemigos; ¡Oh cuanto animo, y esfuerzo recibe mi corazón! Y si me enseñáis a perdonar; aquí me tienes pronto para perdonar de corazón a todos mis enemigos: sí, mi Dios, por amor vuestro, a todos perdono, y deseo bien a todos, para que así me concedáis, que en la última hora de mi vida escuche de vuestra boca aquella feliz palabra:
Hoy serás conmigo compañero en la Gloria. Amén

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Decimatercia (decimotercera)
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Descienden de la Cruz a nuestro Redentor, y lo ponen en los brazos de su Beatísima Madre.
En esta terciadecima Estación se representa el lugar, donde el Cuerpo difunto de Jesús fue bajado de la Cruz, y puesto en los brazos de su afligidísima Madre.

Considera, ¿cuál sería la espada de dolor, que traspasó el corazón de aquella inocente Madre, cuando recibió en sus brazos a su Divino Hijo ya difunto? ¿Qué sentimiento tendría, al ver aquel divinizado Cuerpo, que se había formado en sus entrañas por obra del Espíritu Santo, todo acardenalado, todo ensangrentado, y todo de pies a cabeza destrozado? Allí se renovaron en María todas las penas. Pero contemplando tú, que tus pecados fueron la pésima fiera, que hizo aquel destrozo en el amado Hijo de María, desata tu corazón en lágrimas, y uniéndolas con la que vierte aquella afligida Madre, dile así:

¡Oh valerosa Reina de los Mártires! ¡Qué mar inmenso de penas, y tormentos esta hecho vuestro pecho! Conozco no ser digno de acompañaros en vuestro sentimiento, porque he sido la causa de que tan cruel espada de dolor traspase vuestra Alma. Pero concédeme, gran Señora, usando de vuestra piedad, y vuestra misericordia, que yo conozca mis ceguedades pasadas, para que sintiéndolas con amargura, partícipe de vuestras aflicciones en la presente vida, y pase después a haceros compañía en las consolaciones de la eterna. Amén.

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

Estación Decimacuarta (decimocuarta)
V. Adoramus te Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum



Ponen el Sagrado Cuerpo de Jesús en el Sepulcro.
En esta cuartadecima Estación se representa el lugar del Santo Sepulcro, donde fue colocado el Cuerpo Santísimo de Jesús.

Considera, cuantos serían los llantos de Juan, de la Magdalena, y de las otras Marías, y de todos los Seguidores de Cristo, cuando se cerró el Sepulcro: Pero más que todos, considera la desolación de la piadosa Madre, al verle sola, privada de la presencia de su Hijo, que tanto la consolaba. Y a vista de tantas lágrimas, avergüénzate de que en el discurso de todo este Santo Viaje, hayas mostrado tan poco sentimiento de piedad, y compasión. Ea, esfuérzate en esta última Estación, y besando la piedra de aquella Sagrada Tumba, desea depositar en ella tu corazón: y con amargo llanto, ruega a tu Señor difunto, y dile así:

Piadosísimo Jesús mío, que por solo mi amor quisiste andar todo este camino doloroso, os adoro ya difunto, y cerrado en el Sagrado Sepulcro; pero más quisiera teneros encerrado en mi pobre corazón, a fin de que unido con Vos, después de este Santo Ejercicio, me levante a nueva vida de gracia, y merezca con la perseverancia morir en vuestra amistad. Concédeme, pues, que por los méritos de vuestra Pasión Santísima, que he meditado en esta Vía Sacra, sea en el extremo de mi vida mi único alimento el Santísimo Sacramento, y mis últimas palabras aquellos dos dulces nombres Jesús, y María; y que mí último aliento se una con aquel, con que Vos expirasteis en la Cruz; que de esta forma, con fe viva, esperanza cierta, y caridad fervorosa, muera con Vos, y muera por Vos, para reinar con Vos por los siglos de los siglos. Amén.

Rezar: 
Pater Noster 
Ave María 
Gloria Patri

Miserere nostri, Domini, miserere nostri

---- hasta aquí las oraciones del Via Crucis del libro de 1758 -----

Según las intenciones del Sumo Pontífice:
Rezar:
Pater Noster
Ave María
Gloria Patri

Por la conversión de los pecadores:
Rezar:
Salve Regina (Salve Reina y Madre de Misericordia...)
Padre, líbranos de todo mal. Con tu Santa Sabiduría Señor sálvanos de todo pecado. En nombre de todos cuantos te queremos, Señor, llévanos por el camino del bien.

Oración final (Anima Christi)
Alma de Cristo, santificame
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame
Agua del Costado de Cristo, lávame
Pasión de Cristo, confórtame
Oh buen Jesús, óyeme
dentro de tus llagas, escóndeme
no permitas que me aparte de ti
del maligno enemigo, defiéndeme
en la hora de mi muerte, llámame
y mándame ir a Ti, para que con Tus santos te alabe
por los siglos de los siglos
Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

sábado, 24 de septiembre de 2011

En las festividades de Nuestra Señora de la Merced

Por estos días celebramos las festividades de la Santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora de la Merced, y más allá de las fiestas, ferias e incluso de las procesiones, esta el centro del culto Católico es decir la Santa Misa, justo en éstos días tenemos por aquí un nuevo Sacerdote, con apenas unos días que fue ordenado, sin embargo es destacable el énfasis que le pone y la importancia que le da a la Transustanciación, que de hecho es el momento más importante de la Santa Misa, eso hace pensar, que este Sacerdote no solo cree en la presencia de Nuestro Señor Jesucristo en la Forma Consagrada (como deberíamos creer todos) sino que además lo demuestra e intenta comunicarlo a las demás personas. Esto que es reseñable, sin embargo debería ser lo normal en todos los Sacerdotes y en todas las veces que se celebra la Santa Misa, el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo que se ofrece e inmola místicamente bajo las especies de pan y vino, en manos del Sacerdote su legitimo ministro.

Necesitamos muchos Sacerdotes Santos, sin la creencia en la Transustanciación no puede haber Santidad, Dios nuestro Señor quiera seguir enviándonos Sacerdotes Santos como El mismo dijo
"La mies es grande y los obreros son pocos. Rogad pues al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Evangelio según San Lucas 10.2)

sábado, 23 de abril de 2011

Resurrección de Jesucristo



¡Allelúia, Allelúia. Pascha nostrum immolátus est Christus!

Resurréxit et adhuc tecum sum, allelúia: posuísti super me manum tuam, allelúia: mirábilis facta est sciéntia tua, allelúia, allelúia. Dómine, probásti me, et cognovísti me: tu cognovísti sessiónem meam, et resurrectiónem meam.



Nuestro Señor Jesucristo resucita, vence a la muerte, El comparte su victoria y la vida eterna con nosotros, según su voluntad, de que el pecador se convierta, crea y viva según esa creencia, para así, sea salvado

Recordamos la frase de San Agustín

"Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti"

y lo que escribe San Pablo

"Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

http://tradicionypatria.blogspot.com/2011/04/surrexit-dominus-vere-alleluia.html

sábado, 16 de abril de 2011

El Triduo Sacro

El Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo forman el Triduo Sacro. Son los días de la Semana Santa, de la semana más importante de la historia de la humanidad. Porque para nada hubiera servido la creación si no hubiera habido la salvación.
Cristo se hizo nuestro Cordero que carga con nuestros pecados. Cristo quiere “morir a fin de satisfacer en nuestro lugar a la justicia de Dios, por su propia muerte”, dice Santo Tomás de Aquino en su “Suma Teológica” (IIIa parte, cuestión 66, 4).
La Semana Santa es la Semana de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
La Pasión significa los sufrimientos y la muerte de Cristo en la Cruz. Pasión, Redención, Salvación y vida eterna para nosotros están vinculadas. Sin los sufrimientos, la Cruz y la muerte de Cristo no hay salvación para ti, pecador ingrato.



Cristo acepta ser maltratado, para que tú no lo seas eternamente; Cristo acepta ser flagelado para que tú no seas flagelado por los demonios y el fuego en el infierno.
Cristo acepta gustar la tremenda sed de la crucifixión; acepta gustar la muerte amarga de la Cruz, para que tú no gustes la sed eterna de Felicidad. Cristo acepta ser deshonrado en la Cruz para que tú no seas deshonrado y confundido en el día del Juicio Final.
Y tú, hijo ingrato, ¿qué haces en esos días de la Semana Santa mientras que tu Señor está muriendo en tu lugar para salvarte? ¿Cómo los utilizas? ¿A dónde vas? ¿Por qué los profanas?

Si en esos días tu patrón te dispensa de trabajar porque es Semana Santa, Semana de Luto, Semana de la Muerte del Hijo de Dios; tú deberías saber muy bien que esos días santos no son días de vacaciones, ni de disipación, ni de playa. Son días de penitencia, de oración y de lágrimas.
El Hijo de Dios hecho hombre está luchando contra el demonio y la justicia divina para librarte. Sí, para librarte a ti y a tu familia del más grande peligro que pueda existir: el de la perdición eterna. Sábelo, incúlcalo a tus hijos para que sean agradecidos con su Salvador.

La Sangre que borra tus pecados es la de tu Bienhechor: Nuestro Señor Jesucristo. Es Dios mismo Quien te lo dice: “Sin efusión de sangre no hay remisión de pecados” (Hebreos, 9, 22). Ningún hombre puede conseguir por sí mismo el perdón de sus pecados. Debe buscarlo en otra parte: ¿dónde? en la Sangre del Hijo de Dios que murió en la Cruz el Viernes Santo. San Pablo dice: “En Él, por su Sangre tenemos la redención, el perdón de los pecados...” (Efesios, 1, 7).



Sobre todo no digas que no has pecado y no necesitas del perdón. Si lo dijeras, manifestarías tu gran ceguedad e ignorancia. “Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: «No hemos pecado», lo hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros” (I San Juan, 1, 8).

El hombre no puede ofrecer sacrificio propiciatorio por sus pecados. Nuestro Señor Jesucristo se hizo propiciación por nuestros pecados. Él se ofrece el Viernes Santo en Sacrificio propiciatorio por ti. Sólo, mediante la Sangre de Cristo, puedes purificarte, puedes liberarte de las cadenas del pecado y de la "tiranía del demonio.
Y en estos días durante los cuales Cristo está en los tormentos de la Cruz para merecerte la salvación, tú, pecador necesitado, tú te vas a la playa, a pasearte, divertirte, quizás a acumular más pecados a los que ya hayas cometido. ¡Despiértate, hermano mío, despiértate de tu letargo! ¡Sé agradecido con tu Bienhechor! ¡Actúa como católico verdadero!



Ve al templo a ver y a escuchar lo que en tu lugar está padeciendo Cristo. Has de saber que la ingratitud atrae el castigo de Dios más bien que su misericordia. No seas, pues, ingrato sino agradecido.
La gratitud cristiana consagra el Triduo Santo para conocer más lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo por nosotros e impulsarnos a la penitencia, a la sincera conversión y a la enmienda de nuestra vida tibia y mediocre.



El Jueves Santo es el día en que el Señor Jesús antes de ir a su Pasión te dejó el Memorial de su Muerte. Para aplicar los frutos de su Pasión a tu alma, instituyó el Sacramento de su Amor que es la Sagrada Eucaristía y el Sacerdocio para consagrarla. Él dijo: “haced esto en memoria mía”, para recordarnos lo que padeció por puro amor hacia los ingratos que somos; para comunicar a nuestras almas la santidad y el remedio contra el pecado mediante la digna recepción de su Cuerpo.
Y ¡tú irías a divertirle en ese día! No sabes que Cristo dijo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene la Vida Eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre esta en Mí y Yo en él” (San Juan 6, 54-56). Y tú que pretendes ser discípulo de Cristo ¿por qué te privas del Pan celestial que sana, purifica, santifica y pacifica tu alma y tu hogar? Si por tu culpa no aprovechas del remedio que Cristo te ofrece ¿por qué te quejas de tener problemas en tu vida, fami¬lia y trabajo?

El Viernes Santo es para que grites con y en la Iglesia misericordia para ti mismo y para todo el género humano. El Viernes Santo es para que participes en las exequias de Cristo, escuchando el Evangelio de la Pasión y las Siete Palabras que son las últimas recomendaciones de Cristo, Nuestro Redentor.
Aprovecha el Viernes Santo para confesar con lágrimas tus iniquidades, lavar tu alma de la lepra del pecado con la Sangre de Cristo, participar en la Pasión de tu Salvador, para tener parte con Él en su victoria.
El Viernes Santo, sufrió Cristo para merecerte el ser librado del pecado que es el más horrible cáncer que pueda existir, y del infierno, que es la más grande de las desgracias.

Y tú ¿irías de vacaciones con tantos otros neo-paganos quizás para matarte en el camino de la ingratitud? El Viernes Santo es para que hagas el Vía Crucis, medites lo que padeció por ti tu Señor, para darte cuenta de lo que merece el pecado.
Lee los últimos capítulos de San Mateo, Marcos, Lucas y Juan, o ve la Pasión de Mel Gibson para que te des cuenta del precio que Cristo pagó para librarte del poder del pecado y del demonio y hacerte hijo de Dios. El Viernes Santo es día de ayuno y penitencia, silencio y lágrimas y no día de playa y placeres.
El Sábado Santo es día de Luto. Hombres y mujeres deberían vestirse con ropa de luto para acompañar a la Santísima Madre de los Dolores. El Sábado Santo debería servir para meditar con espanto lo que merece el pecado, porque si al Justo que cargó con nuestros crímenes así se lo castiga, ¿que será del culpable si muere con su pecado?
En resumen, hermano mío, escucha a Dios mismo que dice a cada uno de nosotros: “No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro; porque de repente sobreviene su ira, y en el día de venganza acabará contigo” (Eclesiástico, 5, 8.).
Aprovecha la Semana Santa para convertirte al Señor, porque la sincera conversión y el verdadero arrepentimiento aseguran el Perdón de los pecados; dan la Paz al alma y, al fin, la Vida Eterna.



Tomado del boletín dominical “Fides” Nº 900, año 2010.

http://statveritasblog.blogspot.com/2011/04/la-semana-santa-semana-de-vacaciones-o.html

viernes, 3 de diciembre de 2010

El Buen Pastor

Humildemente le dedico este tema a mi amiga Magda de San Pedro Sula, Honduras, por el motivo de su próximo cumpleaños.



II Corintios 13.13
Gratia Domini Iesu Christi et caritas Dei et communicatio Sancti Spiritus cum omnibus vobis

I Pedro 5.10 - 5.11
10. Deus autem omnis gratiae, qui vocavit vos in aeternam suam gloriam in Christo Iesu, modicum passos ipse perficiet, confirmabit, solidabit, fundabit.
11. Ipsi imperium in saecula saeculorum. Amen




Cristo, el buen pastor
"Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mí. Es corno si dijese con toda claridad: «Los que me aman me obedecen.» Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce.

Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: «Yo conozco a Dios», y no guarda sus mandamientos, miente.

Por esto el Señor añade, en este mismo texto: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas, lo que equivale a decir: "En esto consiste mi conocimiento del Padre y el conocimiento que el Padre tiene de mí, en que doy mi vida por mis ovejas; esto es, el amor que me hace morir por mis ovejas demuestra hasta qué punto amo al Padre". Referente a sus ovejas, dice también: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Y un poco antes había dicho también acerca de ellas: El que entre por mí se salvará, disfrutará de libertad para entrar y salir, y encontrará pastos abundantes. Entrará, en efecto, al abrirse a la fe, saldrá al pasar de la fe a la visión y la contemplación, encontrará pastos en el banquete eterno.



Sus ovejas encontrarán pastos, porque todo aquel que lo sigue con un corazón sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cuál es el pasto de estas ovejas, sino el gozo íntimo de un paraíso siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida. Busquemos, pues, queridos hermanos, estos pastos, para alegrarnos en ellos junto con la multitud de los ciudadanos del cielo. La misma alegría de los que ya disfrutan de este gozo nos invita a ello. Por tanto, hermanos, despertemos nuestro espíritu, enardezcamos nuestra fe, inflamemos nuestro deseo de las cosas celestiales; amar así es ponernos ya en camino. Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta interior, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito. No nos dejemos seducir por la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino."
De las Homilías de San Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios (Homilía 14, 3-6: PL 76, 1129-1130)


Papa San Gregorio I Magno

Oración
Dios todo poderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Del tomo de meditaciones internas “Mientras nos hablaba en el camino”, escrito por San José María Escrivá, el 12-III-1961

En el redil de Cristo



Abramos el Evangelio de San Juan por el capítulo décimo: (10.1)
Amen dico vobis, qui non intrat per ostium in ovile ovium, sed ascendit aliunde, ille fur est et latro; en verdad, en verdad os digo, que quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es un ladrón y salteador.

¡Hijos míos!, paz para vuestro corazón y para mi corazón. Nosotros no somos ladrones ni salteadores, porque hemos entrado per ostium; el que entra por la puerta, es pastor de las ovejas. A éste abre el portero, y las ovejas escuchan su voz, y él llama por su nombre a las ovejas propias y las saca fuera. El Señor, el Buen Pastor, abre su redil, y las ovejas escuchan su voz, y Él las conoce a todas, una por una. ¡Qué vieja parece esta escena!, ¿verdad? Pero no penséis que sea tan antigua que no se repita hoy. Al contrario, sigue cargada de actualidad. Recuerdo que una vez, yendo por una carretera de Castilla, vimos a unos hombres que clavaban en tierra unos palos gruesos, fuertes; después tendían una red –por eso se llama redil- formando un círculo, que dejaban abierto por una parte. Al final, uno comenzó a pronunciar a grandes gritos palabras que guardaban un no sé qué de cariño. Y acudían las ovejas, e iban entrando. Él las llamaba una a una; y decía un piropo a ésta, y acariciaba a otra. Conocía a todas. ¡Qué escena tan actual!

¡Hijos míos!, ¡hijos de mi alma!: no me olvidéis que cada uno de vosotros ha entrado por la puerta, por el amor de Cristo. Sois ovejas del mismo redil y al mismo tiempo, de algún modo, además de ovejas de ese redil, cada uno de vosotros ha de ser también buen pastor de esas ovejas. Y que, si tiene el deber de dejarse conducir y responder por su nombre, tiene también el deber, no menos fuerte, de contribuir a la santidad y a la perseverancia de sus hermanos.

Si alguna vez, yo viese flaquear a uno, y flaquear hasta el extremo de perder su felicidad terrena y quizá la eterna; no excusaría de pecado a los que convivieran con aquel hijo mío, porque no habrían sabido darle los medios para perseverar, medios a los que tenía derecho.

Ninguno de vosotros está solo, ninguno es un verso suelto: somos versos del mismo poema, épico, divino. Y a cada uno de vosotros, como a mí, nos interesa que no se rompa esta unidad, esta armonía, unidos como un gran rebaño, como un gran ejército, oves et milites Christi, camino de la santidad.

Acudir al buen Pastor



(10.4)
Et cum proprias oves emiserit, ante eas vadit, et oves illum sequuntur, quia sciunt vocem eius .
El pastor, cuando ha hecho salir a sus ovejas, camina delante de todas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Debemos seguir a los que desempeñan el oficio de buenos pastores. También a cada uno de vosotros os debe escuchar vuestro hermano, cuando ejercitáis la corrección fraterna, a veces con la mirada, a veces con la consideración que el caso exija. En otras ocasiones, podéis acordaros de aquel compelle intrare del Evangelio. Si el Señor quería que obligaran a ir al banquete a personas extrañas, ¡cuánto más querrá que uséis una santa coacción, una bendita coacción, de amor, con los hermanos vuestros, ovejas del mismo rebaño de Jesucristo! Esta hermosísima coacción de caridad, lejos de quitar la libertad a vuestro hermano, le ayuda delicadamente a administrarla bien. No lo olvidéis.

Yo ya no soy joven. No lo digo por darme el gusto de llamarme viejo, sino porque siento el deber de transmitiros esta idea, que parece de poca importancia, y sin embargo tiene mucho relieve. Tomad vuestras notas, y grabad en vuestro corazón lo que os digo. Porque no sólo os habla un sacerdote: es el Fundador, y no hay más que uno. Papas, conoceréis muchos; yo he conocido a varios. Cardenales, a montones. Obispos, más aún... pero Fundador del Opus Dei no hay más que uno, aunque sea de tan poco fundamento como yo: ¡uno sólo! Y Dios os pedirá cuenta si no atendéis mis indicaciones. Por mi boca os habla especialmente Jesucristo, porque yo especialmente en su nombre soy el buen Pastor. E insisto en que cada uno de vosotros es también buen pastor.

(10.5)
Alienum autem non sequuntur, las ovejas no siguen al pastor extraño. Significa que, al apartarse de esta enseñanza de Jesús, comienza la equivocación que lleva al extravío de la paz y de la alegría, y a la posible perdición del alma. Porque a veces, en vez de huir del extraño - alienum autem non sequuntur-, alguno podría alejarse de sus Directores, de sus hermanos; y acudir a un hombre lo suficientemente ignorante o imprudente o poco avisado, capaz de conducirle adelante por el camino de la perdición.
Hijos míos, vosotros debéis formular el propósito firme de no cometer esa equivocación en vuestra vida. El mismo Señor, por medio de San Juan, nos advierte que no hay que buscar consejo fuera, que eso sería como ir voluntariamente al precipicio. ¡Se debe huir del extraño: sed fugiunt ab eo!, ¡debéis escuchar sólo la voz del buen pastor!

¿Sabéis quién es, para mis ovejas, el buen pastor? El que tiene misión otorgada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei, no está en condiciones de actuar como pastor de mis ovejas, aunque sean buenos pastores de otras ovejas y aunque sean santos. Para mis hijos, no son el buen pastor del que habla Jesucristo. ¿Está claro? Sed fugiunt ab eo!. Seguid el consejo del Maestro: huir. ¿Por qué habríamos de escuchar la voz de quien no conoce el espíritu de nuestra Obra? Hay que oír la voz del buen pastor, de los que han recibido la misión para apacentar las ovejas del Opus Dei. Todos los demás no son pastores con esa misión específica.

Abrir el alma con sinceridad



La dirección espiritual. En el Catecismo de la Obra habréis estudiado que, en primer término, compete a los Directores locales, laicos, ¡laicos! También imparte la dirección espiritual el sacerdote designado, en el ejercicio de su ministerio. Pero ninguno forma su capillita, su grupito. No se tolera ninguna división, nadie puede sostener:
(1 Cor, 1.12 - 1.13)
yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo. ¿Acaso Cristo se ha dividido? [15]. Fulanito no es director espiritual, porque en la Obra la dirección espiritual se ejercita sólo in actu; en otras palabras, el Director laico, cuando recibe la charla fraterna o van a consultarle algo; y el sacerdote cuando confiesa.

También vosotros, cada uno de vosotros, con la corrección fraterna, asume el deber de una dirección espiritual prudente, pero heroica, con los otros hermanos que se encuentran cerca de él. Todos sois el buen pastor. Todos, por el hecho de estar en el Opus Dei, realizamos esta misión, que significa el deber y el derecho sacrosanto de ayudar a santificarse a los demás.

(Jn 10.11)
Ego sum pastor bonus. Bonus pastor animam suma dat pro ovibus suis [16]; Yo soy el buen pastor. El buen pastor sacrifica su vida por sus ovejas. Hace todos los sacrificios. Y vosotros debéis estar dispuestos a afrontarlos todos también. Y el primero resulta bien claro: no ejercitar aquel derecho –porque lo poseemos- si lo podemos evitar, y lo podemos evitar siempre o casi siempre. Propósito firme: el primer sacrificio consiste en no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa. La primera manifestación de que os dais, es no tener la cobardía de ir a lavar fuera de la Obra la ropa sucia. Si de veras queréis ser santos; si no, estáis de más.

Cuando me noto enfermo... Ya sabéis que a temporadas lo he estado; y en el año actual habéis visto que apenas he podido bajar a veros. Hoy, en cuanto ha sabido que hacíais el retiro, he llamado el Rector, porque tenía ganas, verdaderos deseos de pasar un rato con vosotros... Pues os decía que, cuando me encuentro más enfermo, acudo con mayor frecuencia al médico; y le dejo que me examine, que palpe donde quiera, y contesto a todas sus preguntas. Si no, me comportaría como un loco. Pues llevad este comportamiento a la vida espiritual.



El buen pastor da la vida por sus ovejas. Pero el mercenario y el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir al lobo desampara las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño. El mercenario huye, porque es asalariado y no tiene interés alguno en las ovejas [17]. Ahí tenéis el relato exacto de cómo se comporta el hombre que no ha recibido la misión de apacentar la grey. Si es buen sacerdote, hace lo justo, da unos consejitos genéricos: procure usted mejorar, rece un avemaría... ¡Qué misión de doctor, de médico, de padre, ni de juez! Y ahí descubrís, también, el fin desgraciado del que imprudentemente busca el consejo de un pastor extraño.

Hijos míos, ¡abrid el alma! Vuestros primeros hermanos os han dejado un ejemplo colosal. Yo no los quería confesar. Ahora me confieso con un hermano vuestro, y cuando me levanto, se arrodilla él para que lo confiese yo. Llevamos ya muchos años así. Pero, al comienzo, yo no confesaba de ordinario a ninguno de mis hijos, porque no juzgaba lógico quedarme con las manos atadas por el sigilo sacramental. Ellos, voluntariamente, me lo contaban todo, ¡todo!, fuera de la Confesión. De esta manera la dirección espiritual iba adelante espléndidamente y las almas se santificaban.

Me preocupa la formación de la gente joven; siento el miedo de que se vuelvan un poco señoritos. En aquellos primeros tiempos vivíamos con una carencia de todo o de casi todo; maltratados, calumniados... Y siempre alegres, siempre sonrientes, siempre eficaces. Vuestros hermanos tenían que ir a la universidad, y dar clases, y trabajar, para ganarse la vida. Yo estoy contento de vosotros, hijos míos: sé que sois estudiosos y alegres. Pero rezad para que acertemos, de modo que todos mis hijos, desde jóvenes, se mantengan de lo que ganen y sepan lo que cuesta el dinero. Así no habrá ningún señoritismo.

Vuestros hermanos, os decía, me abrían el alma fuera de la Confesión, con sencillez y sinceridad total, como siguen haciendo ahora todos en la conversación fraterna con el Director. Hijos míos, que no os acobardéis porque tengáis en el corazón el fommes peccati. No os asustéis de nada. ¡Fieles de verdad! ¡Sinceros! ¡Sinceros! Actuemos con el sentido común y el espíritu sobrenatural de saber que si el Padre, por ser padre y por ser madre, deja las cosas muy anchas, vosotros, por ser ovejas firmes, seguras, para permitir trabajar al buen pastor, os decidiréis con buen sentido a no usar de ciertos derechos, para conseguir, en cambio, una mayor eficacia en la labor de vuestra santificación y de la santificación de toda la Obra, de la santificación de vuestros hermanos y de tantas almas, y de la Iglesia.

Santa María, Refugio de los pecadores y Madre nuestra, presenta estos propósitos ante el trono de Dios, y vuélvelos eficaces con tu intercesión poderosa.


San José María Escrivá de Balaguer

El tema de Jesucristo, Buen Pastor en algunas poesías españolas del siglo de oro

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú me hiciste cayado de ese leño
en que tiendes tus brazos poderosos.
Vuelve los ojos a mi fe, piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguir empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
¡Oye, Pastor, que por amores mueres!
No te espante el rigor de mis pecados.
Pues tan amigo de rendidos eres,
espera, pues, y escucha mis pecados.
Pero, ¿cómo te digo que me esperes
si estás, para esperar, los pies clavados?
(Félix Lope de Vega)

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
Por descubrirte mejor
cuando balabas perdida,
dejé en un árbol la vida,
donde me subió el amor;
si prendas quieres mayor,
mis obras hoy te la den.
Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
Pasto al fin tuyo hecho,
¿cuál dará mayor asombro,
el traerte yo en el hombro,
o traerme tú en el pecho?
Prendas son de amor estrecho,
que aún los más ciegos las ven.
Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
(Luis de Góngora y Argote. A la Eucaristía)

A ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste,
a costa de tu sangre y de tu vida,
la mísera de Adán primer caída
y adonde él nos perdió, Tú nos cobraste.
A ti, Pastor bendito, que buscaste
de las cien ovejuelas, la perdida
y, hallándola del lobo perseguida,
sobre tus hombros santos te la echaste.
A ti me vuelvo, en mi aflicción amarga
y a ti toca, Señor, el darme ayuda;
que soy cordera de tu aprisco ausente
y temo que a carrera corta o larga,
cuando a mi daño tu favor no acuda
me ha de alcanzar esta infernal serpiente.
(Miguel de Cervantes Saavedra)



Fuentes:
http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010504_gregorio-papa_sp.html
http://www.opuslibros.org/html/EL_BUEN_PASTOR.htm
http://www.mercaba.org/Eduardo/jesus_es_el_buen_pastor.htm