viernes, 3 de diciembre de 2010

El Buen Pastor

Humildemente le dedico este tema a mi amiga Magda de San Pedro Sula, Honduras, por el motivo de su próximo cumpleaños.



II Corintios 13.13
Gratia Domini Iesu Christi et caritas Dei et communicatio Sancti Spiritus cum omnibus vobis

I Pedro 5.10 - 5.11
10. Deus autem omnis gratiae, qui vocavit vos in aeternam suam gloriam in Christo Iesu, modicum passos ipse perficiet, confirmabit, solidabit, fundabit.
11. Ipsi imperium in saecula saeculorum. Amen




Cristo, el buen pastor
"Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mí. Es corno si dijese con toda claridad: «Los que me aman me obedecen.» Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce.

Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: «Yo conozco a Dios», y no guarda sus mandamientos, miente.

Por esto el Señor añade, en este mismo texto: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas, lo que equivale a decir: "En esto consiste mi conocimiento del Padre y el conocimiento que el Padre tiene de mí, en que doy mi vida por mis ovejas; esto es, el amor que me hace morir por mis ovejas demuestra hasta qué punto amo al Padre". Referente a sus ovejas, dice también: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Y un poco antes había dicho también acerca de ellas: El que entre por mí se salvará, disfrutará de libertad para entrar y salir, y encontrará pastos abundantes. Entrará, en efecto, al abrirse a la fe, saldrá al pasar de la fe a la visión y la contemplación, encontrará pastos en el banquete eterno.



Sus ovejas encontrarán pastos, porque todo aquel que lo sigue con un corazón sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cuál es el pasto de estas ovejas, sino el gozo íntimo de un paraíso siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida. Busquemos, pues, queridos hermanos, estos pastos, para alegrarnos en ellos junto con la multitud de los ciudadanos del cielo. La misma alegría de los que ya disfrutan de este gozo nos invita a ello. Por tanto, hermanos, despertemos nuestro espíritu, enardezcamos nuestra fe, inflamemos nuestro deseo de las cosas celestiales; amar así es ponernos ya en camino. Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta interior, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito. No nos dejemos seducir por la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino."
De las Homilías de San Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios (Homilía 14, 3-6: PL 76, 1129-1130)


Papa San Gregorio I Magno

Oración
Dios todo poderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Del tomo de meditaciones internas “Mientras nos hablaba en el camino”, escrito por San José María Escrivá, el 12-III-1961

En el redil de Cristo



Abramos el Evangelio de San Juan por el capítulo décimo: (10.1)
Amen dico vobis, qui non intrat per ostium in ovile ovium, sed ascendit aliunde, ille fur est et latro; en verdad, en verdad os digo, que quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es un ladrón y salteador.

¡Hijos míos!, paz para vuestro corazón y para mi corazón. Nosotros no somos ladrones ni salteadores, porque hemos entrado per ostium; el que entra por la puerta, es pastor de las ovejas. A éste abre el portero, y las ovejas escuchan su voz, y él llama por su nombre a las ovejas propias y las saca fuera. El Señor, el Buen Pastor, abre su redil, y las ovejas escuchan su voz, y Él las conoce a todas, una por una. ¡Qué vieja parece esta escena!, ¿verdad? Pero no penséis que sea tan antigua que no se repita hoy. Al contrario, sigue cargada de actualidad. Recuerdo que una vez, yendo por una carretera de Castilla, vimos a unos hombres que clavaban en tierra unos palos gruesos, fuertes; después tendían una red –por eso se llama redil- formando un círculo, que dejaban abierto por una parte. Al final, uno comenzó a pronunciar a grandes gritos palabras que guardaban un no sé qué de cariño. Y acudían las ovejas, e iban entrando. Él las llamaba una a una; y decía un piropo a ésta, y acariciaba a otra. Conocía a todas. ¡Qué escena tan actual!

¡Hijos míos!, ¡hijos de mi alma!: no me olvidéis que cada uno de vosotros ha entrado por la puerta, por el amor de Cristo. Sois ovejas del mismo redil y al mismo tiempo, de algún modo, además de ovejas de ese redil, cada uno de vosotros ha de ser también buen pastor de esas ovejas. Y que, si tiene el deber de dejarse conducir y responder por su nombre, tiene también el deber, no menos fuerte, de contribuir a la santidad y a la perseverancia de sus hermanos.

Si alguna vez, yo viese flaquear a uno, y flaquear hasta el extremo de perder su felicidad terrena y quizá la eterna; no excusaría de pecado a los que convivieran con aquel hijo mío, porque no habrían sabido darle los medios para perseverar, medios a los que tenía derecho.

Ninguno de vosotros está solo, ninguno es un verso suelto: somos versos del mismo poema, épico, divino. Y a cada uno de vosotros, como a mí, nos interesa que no se rompa esta unidad, esta armonía, unidos como un gran rebaño, como un gran ejército, oves et milites Christi, camino de la santidad.

Acudir al buen Pastor



(10.4)
Et cum proprias oves emiserit, ante eas vadit, et oves illum sequuntur, quia sciunt vocem eius .
El pastor, cuando ha hecho salir a sus ovejas, camina delante de todas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Debemos seguir a los que desempeñan el oficio de buenos pastores. También a cada uno de vosotros os debe escuchar vuestro hermano, cuando ejercitáis la corrección fraterna, a veces con la mirada, a veces con la consideración que el caso exija. En otras ocasiones, podéis acordaros de aquel compelle intrare del Evangelio. Si el Señor quería que obligaran a ir al banquete a personas extrañas, ¡cuánto más querrá que uséis una santa coacción, una bendita coacción, de amor, con los hermanos vuestros, ovejas del mismo rebaño de Jesucristo! Esta hermosísima coacción de caridad, lejos de quitar la libertad a vuestro hermano, le ayuda delicadamente a administrarla bien. No lo olvidéis.

Yo ya no soy joven. No lo digo por darme el gusto de llamarme viejo, sino porque siento el deber de transmitiros esta idea, que parece de poca importancia, y sin embargo tiene mucho relieve. Tomad vuestras notas, y grabad en vuestro corazón lo que os digo. Porque no sólo os habla un sacerdote: es el Fundador, y no hay más que uno. Papas, conoceréis muchos; yo he conocido a varios. Cardenales, a montones. Obispos, más aún... pero Fundador del Opus Dei no hay más que uno, aunque sea de tan poco fundamento como yo: ¡uno sólo! Y Dios os pedirá cuenta si no atendéis mis indicaciones. Por mi boca os habla especialmente Jesucristo, porque yo especialmente en su nombre soy el buen Pastor. E insisto en que cada uno de vosotros es también buen pastor.

(10.5)
Alienum autem non sequuntur, las ovejas no siguen al pastor extraño. Significa que, al apartarse de esta enseñanza de Jesús, comienza la equivocación que lleva al extravío de la paz y de la alegría, y a la posible perdición del alma. Porque a veces, en vez de huir del extraño - alienum autem non sequuntur-, alguno podría alejarse de sus Directores, de sus hermanos; y acudir a un hombre lo suficientemente ignorante o imprudente o poco avisado, capaz de conducirle adelante por el camino de la perdición.
Hijos míos, vosotros debéis formular el propósito firme de no cometer esa equivocación en vuestra vida. El mismo Señor, por medio de San Juan, nos advierte que no hay que buscar consejo fuera, que eso sería como ir voluntariamente al precipicio. ¡Se debe huir del extraño: sed fugiunt ab eo!, ¡debéis escuchar sólo la voz del buen pastor!

¿Sabéis quién es, para mis ovejas, el buen pastor? El que tiene misión otorgada por mí. Y yo la doy ordinariamente a los Directores y a los sacerdotes de la Obra. Gente que no conoce el Opus Dei, no está en condiciones de actuar como pastor de mis ovejas, aunque sean buenos pastores de otras ovejas y aunque sean santos. Para mis hijos, no son el buen pastor del que habla Jesucristo. ¿Está claro? Sed fugiunt ab eo!. Seguid el consejo del Maestro: huir. ¿Por qué habríamos de escuchar la voz de quien no conoce el espíritu de nuestra Obra? Hay que oír la voz del buen pastor, de los que han recibido la misión para apacentar las ovejas del Opus Dei. Todos los demás no son pastores con esa misión específica.

Abrir el alma con sinceridad



La dirección espiritual. En el Catecismo de la Obra habréis estudiado que, en primer término, compete a los Directores locales, laicos, ¡laicos! También imparte la dirección espiritual el sacerdote designado, en el ejercicio de su ministerio. Pero ninguno forma su capillita, su grupito. No se tolera ninguna división, nadie puede sostener:
(1 Cor, 1.12 - 1.13)
yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo. ¿Acaso Cristo se ha dividido? [15]. Fulanito no es director espiritual, porque en la Obra la dirección espiritual se ejercita sólo in actu; en otras palabras, el Director laico, cuando recibe la charla fraterna o van a consultarle algo; y el sacerdote cuando confiesa.

También vosotros, cada uno de vosotros, con la corrección fraterna, asume el deber de una dirección espiritual prudente, pero heroica, con los otros hermanos que se encuentran cerca de él. Todos sois el buen pastor. Todos, por el hecho de estar en el Opus Dei, realizamos esta misión, que significa el deber y el derecho sacrosanto de ayudar a santificarse a los demás.

(Jn 10.11)
Ego sum pastor bonus. Bonus pastor animam suma dat pro ovibus suis [16]; Yo soy el buen pastor. El buen pastor sacrifica su vida por sus ovejas. Hace todos los sacrificios. Y vosotros debéis estar dispuestos a afrontarlos todos también. Y el primero resulta bien claro: no ejercitar aquel derecho –porque lo poseemos- si lo podemos evitar, y lo podemos evitar siempre o casi siempre. Propósito firme: el primer sacrificio consiste en no olvidar, en la vida, lo que expresan en Castilla de modo muy gráfico: que la ropa sucia se lava en casa. La primera manifestación de que os dais, es no tener la cobardía de ir a lavar fuera de la Obra la ropa sucia. Si de veras queréis ser santos; si no, estáis de más.

Cuando me noto enfermo... Ya sabéis que a temporadas lo he estado; y en el año actual habéis visto que apenas he podido bajar a veros. Hoy, en cuanto ha sabido que hacíais el retiro, he llamado el Rector, porque tenía ganas, verdaderos deseos de pasar un rato con vosotros... Pues os decía que, cuando me encuentro más enfermo, acudo con mayor frecuencia al médico; y le dejo que me examine, que palpe donde quiera, y contesto a todas sus preguntas. Si no, me comportaría como un loco. Pues llevad este comportamiento a la vida espiritual.



El buen pastor da la vida por sus ovejas. Pero el mercenario y el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir al lobo desampara las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño. El mercenario huye, porque es asalariado y no tiene interés alguno en las ovejas [17]. Ahí tenéis el relato exacto de cómo se comporta el hombre que no ha recibido la misión de apacentar la grey. Si es buen sacerdote, hace lo justo, da unos consejitos genéricos: procure usted mejorar, rece un avemaría... ¡Qué misión de doctor, de médico, de padre, ni de juez! Y ahí descubrís, también, el fin desgraciado del que imprudentemente busca el consejo de un pastor extraño.

Hijos míos, ¡abrid el alma! Vuestros primeros hermanos os han dejado un ejemplo colosal. Yo no los quería confesar. Ahora me confieso con un hermano vuestro, y cuando me levanto, se arrodilla él para que lo confiese yo. Llevamos ya muchos años así. Pero, al comienzo, yo no confesaba de ordinario a ninguno de mis hijos, porque no juzgaba lógico quedarme con las manos atadas por el sigilo sacramental. Ellos, voluntariamente, me lo contaban todo, ¡todo!, fuera de la Confesión. De esta manera la dirección espiritual iba adelante espléndidamente y las almas se santificaban.

Me preocupa la formación de la gente joven; siento el miedo de que se vuelvan un poco señoritos. En aquellos primeros tiempos vivíamos con una carencia de todo o de casi todo; maltratados, calumniados... Y siempre alegres, siempre sonrientes, siempre eficaces. Vuestros hermanos tenían que ir a la universidad, y dar clases, y trabajar, para ganarse la vida. Yo estoy contento de vosotros, hijos míos: sé que sois estudiosos y alegres. Pero rezad para que acertemos, de modo que todos mis hijos, desde jóvenes, se mantengan de lo que ganen y sepan lo que cuesta el dinero. Así no habrá ningún señoritismo.

Vuestros hermanos, os decía, me abrían el alma fuera de la Confesión, con sencillez y sinceridad total, como siguen haciendo ahora todos en la conversación fraterna con el Director. Hijos míos, que no os acobardéis porque tengáis en el corazón el fommes peccati. No os asustéis de nada. ¡Fieles de verdad! ¡Sinceros! ¡Sinceros! Actuemos con el sentido común y el espíritu sobrenatural de saber que si el Padre, por ser padre y por ser madre, deja las cosas muy anchas, vosotros, por ser ovejas firmes, seguras, para permitir trabajar al buen pastor, os decidiréis con buen sentido a no usar de ciertos derechos, para conseguir, en cambio, una mayor eficacia en la labor de vuestra santificación y de la santificación de toda la Obra, de la santificación de vuestros hermanos y de tantas almas, y de la Iglesia.

Santa María, Refugio de los pecadores y Madre nuestra, presenta estos propósitos ante el trono de Dios, y vuélvelos eficaces con tu intercesión poderosa.


San José María Escrivá de Balaguer

El tema de Jesucristo, Buen Pastor en algunas poesías españolas del siglo de oro

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú me hiciste cayado de ese leño
en que tiendes tus brazos poderosos.
Vuelve los ojos a mi fe, piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguir empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
¡Oye, Pastor, que por amores mueres!
No te espante el rigor de mis pecados.
Pues tan amigo de rendidos eres,
espera, pues, y escucha mis pecados.
Pero, ¿cómo te digo que me esperes
si estás, para esperar, los pies clavados?
(Félix Lope de Vega)

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
Por descubrirte mejor
cuando balabas perdida,
dejé en un árbol la vida,
donde me subió el amor;
si prendas quieres mayor,
mis obras hoy te la den.
Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
Pasto al fin tuyo hecho,
¿cuál dará mayor asombro,
el traerte yo en el hombro,
o traerme tú en el pecho?
Prendas son de amor estrecho,
que aún los más ciegos las ven.
Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
(Luis de Góngora y Argote. A la Eucaristía)

A ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste,
a costa de tu sangre y de tu vida,
la mísera de Adán primer caída
y adonde él nos perdió, Tú nos cobraste.
A ti, Pastor bendito, que buscaste
de las cien ovejuelas, la perdida
y, hallándola del lobo perseguida,
sobre tus hombros santos te la echaste.
A ti me vuelvo, en mi aflicción amarga
y a ti toca, Señor, el darme ayuda;
que soy cordera de tu aprisco ausente
y temo que a carrera corta o larga,
cuando a mi daño tu favor no acuda
me ha de alcanzar esta infernal serpiente.
(Miguel de Cervantes Saavedra)



Fuentes:
http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010504_gregorio-papa_sp.html
http://www.opuslibros.org/html/EL_BUEN_PASTOR.htm
http://www.mercaba.org/Eduardo/jesus_es_el_buen_pastor.htm