sábado, 11 de febrero de 2012

“Yo soy la Inmaculada Concepción”



El 11 de febrero de 1858, la Santísima Virgen se mostró por primera vez a Santa Bernardita Soubirous; las apariciones continuaron hasta el 16 de julio. Desde entonces, las peregrinaciones se han sucedido procedentes de todas las partes del mundo, y, en multitud, los enfermos han acudido a implorar a María Inmaculada. Muchos han obtenido una milagrosa curación, muchos otros han recibido la gracia de soportar sus padecimientos con espíritu de fe y de ofrecerlos a Dios.

El día 25 de marzo, fiesta de la Anunciación. Santa Bernardita fue a la gruta atraída poderosamente a ella y se sorprendió de encontrar una enorme cantidad de personas. Empezó a rezar su Rosario y pronto su semblante transfigurado anunciaba la celestial visión.

Santa Bernardita como siempre lo hacía, dice a la Dama: "Oh Señora mía, tened la bondad de decirme vuestro nombre". La visión pareció irradiar más aún, pero por toda respuesta sonrió más benignamente. Varias veces Bernardita repitió la pregunta y al fin la Dama separando sus manos hizo deslizar su Rosario sobre su brazo, elevó juntas las manos, su cabeza irradio más que nunca y fijando su mirada en la Gloria del Cielo, dijo: 
"YO SOY LA INMACULADA CONCEPCION".


Definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
Epístola apostólica de Pío IX "Ineffabilis Deus"

"declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y deconsiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano"



Encíclica de Pio XII "Le Pelerinage de Lourdes"

“El siglo XIX, tras la tormenta revolucionaria, había de ser por muchos títulos el siglo de las predilecciones marianas.

… el 11 de febrero el 16 de julio de 1858, plugo a la Bienaventurada Virgen María, con un nuevo favor manifestarse en la tierra pirinea a una niña piadosa y pura, hija de una familia cristiana, trabajadora en su pobreza.

Ella acude a Bernardita, dijimos Nos en otra ocasión, la hace su confidente, su colaboradora, instrumento de su maternal ternura y de la misteriosa omnipotencia de su Hijo, para restaurar el mundo en Cristo mediante una nueva e incomparable efusión de la Redención.

Los acontecimientos que por entonces se desarrollaron en Lourdes, y cuyas proporciones espirituales se miden hoy mejor, os son perfectamente conocidos.

Sabéis, amados Hijos y Venerables Hermanos, en qué condiciones asombrosas, a pesar de las burlas, las dudas y las oposiciones, la voz de esta niña, mensajera de la Inmaculada, se ha impuesto al mundo.”

Oración a la Inmaculada Virgen María
 Santísima Virgen, yo creo y confieso vuestra Santa e
Inmaculada Concepción pura y sin mancha.
¡Oh Purísima Virgen!,
por vuestra pureza virginal,
vuestra Inmaculada Concepción y
vuestra gloriosa cualidad de Madre de Dios,
alcanzadme de vuestro amado Hijo la humildad,
la caridad, una gran pureza de corazón,
de cuerpo y de espíritu,
una santa perseverancia en el bien,
el don de oración,
una buena vida y una santa muerte.
Amén"

Oración a Nuestra Señora de Lourdes
Dóciles a la invitación de tu voz maternal, oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar a los extraviados el camino de la oración y penitencia, dispensando a los que sufren las gracias y prodigios de tu soberana bondad.

Recibid, oh reina compasiva, las alabanzas y súplicas que pueblos y naciones, unidos en la angustia y la amargura, elevan confiados a Ti.

¡Oh blanca visión del paraíso, aparta de los espíritus las tinieblas del error con la luz de la fe! ¡Oh mística rosa, socorre las almas abatidas, con el celeste perfume de la esperanza! ¡Oh fuente inagotable de aguas saludables, reanima los corazones endurecidos, con la ola de la divina caridad!

Haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.
Oración compuesta por Pío XII


Fuentes: