miércoles, 24 de agosto de 2011

Los horrores del NBE

El NBE (Nuevo Bachillerato Ecuatoriano) no es más que la fusión de las más bajas pasiones desarrolladas por los comunistas, ateos, masones y demás ralea de anticatólicos que prefieren destruir la sociedad entera con tal de que sus asquerosas ideas se mantengan

La gran idea (entiéndase ideota) es enseñar acerca del Islam, alguno dirá, bien ¿acaso los estudiantes no deben saber también del Islam entre otras cosas? sin embargo a esta edad que se vean enfrentados a estas enseñanzas ya es bastante discutible, curiosamente en un gobierno que se presume de laico y que ha lanzado dardos más o menos directos en contra de la Religión Católica.

La asquerosa propuesta se recoge en el sitio de la NBE del ministerio de educación ecuatoriano, el documento en esta dirección http://bachillerato.educacion.gob.ec/portal/images/NBE/primero/Lineamiento_de_Historia_y_Ciencias_Sociales_11%20agosto.pdf con el rídiculo pretexto de presentar a los jóvenes las bases del problema cristiano-islámico actual, según la historia medieval.

Varios errores saltan a la vista inmediatamente, la Reforma por ejemplo fue una batalla más importante relacionada con la colonización de América, además esto delata el error de poner a los Católicos junto con los herejes en un mismo saco, pero por si fuera poco, resulta que se pretende enseñar las bondades del islam en un país en el que los islámicos son una tremenda minoría, de hecho hay más budistas, taoistas, sintoistas, entre otras creencias orientales (por los inmigrantes chinos), incluso la cantidad de judíos es similar o superior, sin contar con las creencias animistas de los indios ¿También hay que enseñar las "bondades" de todas esas creencias?

El gobierno y su demostrado odio contra la verdadera Fe puesta por nuestro Señor Jesucristo, simplemente raya en lo indignante, pero el verdadero culpable sigue siendo el pueblo, que le extiende cheques en blanco votando a favor de "La Majestad" una y otra vez sin descanso y como ya ha sido visto en este humilde blog, aquí, aquí

Tal vez será que el "muchacho" satánico quiere seguir con los pasos de su querido amo como se muestra aquí
Y como sugieren en el otro blog, fuente de esta noticia, el dinero de Irán parece ser un importante aliciente.

Fuente:
http://panoramacatolico.info/articulo/islamismo-obligatorio-en-ecuador#comment-33933

sábado, 13 de agosto de 2011

Santa Marianita de Jesús

Su nombre completo era Mariana de Jesús Paredes Flores. Nació en Quito (Ecuador) entre las 11 y 12 de la noche del 30 de octubre de 1618, era Hija del capitán español Jerónimo Flores de Paredes natural de Toledo y de la noble Mariana Jaramillo descendiente de los Jaramillo de Alcalá de Henares, pero nacida en Quito.


Fue la octava hija del matrimonio, la concepción de Santa Marianita se podría considerar de riesgo por la edad de su mamá, y de hecho sí que era de riesgo, pero para el infierno, que desesperado buscaba el aborto, así se cuenta como ya estando cercana la fecha del parto, de improvisto apareció la espantosa figura de un mastín desconocido que se abalanzaba hacia la madre, ante el cual se opuso don Jerónimo, y a pesar de que la habitación se hallaba cerrada, fue imposible dar con la fiera bestia. En el nacimiento de Santa Marianita parecían enfrentarse las rebeldías demoniacas, contra la suprema Luz Divina, así pues mientras doña Mariana parecía dejarse la vida en el parto, nada menos que el amparo del Cielo se hizo presente mostrando en la noche una espectacular visión de estrellas que parecían anunciar el feliz nacimiento de Santa Marianita

A los cuatro años perdió a su padre. La madre, apesadumbrada de dolor, resolvió pasar algún tiempo en una casa de campo. Montada en una mula, llevaba a su hijita en brazos Cuando fueron a transponer apresuradamente un riachuelo, la mula tropezó y la criatura cayó. Pero su ángel de la guarda la amparó en el aire hasta que fue recogida por la afligida madre


Antes de cumplir los siete años quedó huérfana también de madre y pasó a encargarse de su educación una de sus siete hermanas, Jerónima, esposa del capitán Cosme de Miranda quienes la procuraron conveniente educación. Ya desde su temprana edad su día estaba repartido entre la oración, el trabajo y algún recreo. Nos dicen sus compañeras que era muy inclinada al servicio de Dios; que celebraba todas las festividades de Nuestro Señor y de su Madre santísima, y de todos los Santos, sus devotos, con mucha veneración, haciendo altares, ayunando sus vísperas, provocando y animando a todos para que hiciesen lo mismo, sin ocuparse en juegos y entretenimientos pueriles. Solía retirarse para orar a algún rincón de la casa, donde la hallaban con las manitas juntas, repitiendo con fervor angelical el Avemaría, que había aprendido apenas supo hablar. Desde muy pequeñita demostró una gran inclinación hacia la piedad y un enorme aprecio por la pureza y por la caridad hacia los pobres. Ya desde esa edad invitaba a sus sobrinas, que eran casi de su misma edad, a rezar el rosario y a hacer el viacrucis. Se aprendió el catecismo de tal manera bien que a los ocho años fue admitida a hacer la Primera Comunión (lo cual era una excepción en aquella época). El sacerdote que le hizo el examen de religión se quedó admirado de lo bien que esta niña comprendía las verdades del catecismo. Un día en que las cuatro niñas jugaban en la huerta, súbitamente Mariana hizo que sus jóvenes sobrinas saliesen rápidamente. Apenas lo habían hecho, una pared se desmoronó exactamente donde ellas se encontraban

Santa Marianita tenía singular afecto a la Pasión del Señor, y desde entonces practicaba penitencias y austeridades, que más adelante serían mayores y más asiduas. A los ocho años hizo su primera confesión y comunión en la iglesia de la Compañía de Jesús, que desde entonces fue el lugar escogido para su oración y vida espiritual

Pronto empezó a cultivar una intensa piedad y mortificación y, bajo la dirección del jesuita Juan Camacho, hizo voto de virginidad perpetua. Sin ingresar en ninguna Orden religiosa se consagró a la oración y a la penitencia en su propia casa hasta límites insospechados. Se propuso cumplir aquel mandato de Jesús: "Quien desea seguirme que se niegue a sí mismo". Y desde muy niña empezó a mortificarse en la comida, en el beber y en el dormir. Despojóse desde entonces de toda gala mundana, y, movida del Espíritu Santo, se ofreció enteramente a Jesucristo, haciendo voto de perpetua castidad, al que juntó luego los de pobreza y obediencia. Cambió su nombre por el de Mariana de Jesús. Su afán apostólico y de caridad hacia los demás le llevaron a intentar ejercer de misionera entre los indios mainas y a asistir a los enfermos y desgraciados.

Al escuchar un sermón acerca de la cantidad tan grande de gente que todavía no logró recibir el mensaje de la religión de Cristo, dispuso irse con un grupo de compañeritas a evangelizar paganos. Por el camino las devolvieron a sus casas porque no se daban cuenta de lo grave que era la determinación que habían tomado. Otro día se propuso irse con otras niñas a una montaña a vivir como anacoretas dedicadas al ayuno y a la oración. Afortunadamente un toro muy bravo las devolvió corriendo a la ciudad. Entonces su cuñado al darse cuenta de los grandes deseos de santidad y oración que esta niña tenía trató de obtener que la recibieran en una comunidad de religiosas. Pero las dos veces que trató de entrar de religiosa, se presentaron contrariedades imprevistas que no le permitieron estar en el convento. Entonces ella se dio cuenta de que Dios la quería santificar quedándose en medio del mundo


En una esquela escrita a los doce años expone la niña a su director el régimen de vida que, movida por Dios, se propone llevar: "A las cuatro me levantaré, haré disciplina, pondréme de rodillas, daré gracias a Dios, repasaré por la memoria los puntos de la Pasión de Cristo; de cinco y media a seis, meditación y repaso de la Pasión; pondréme los cilicios, rezaré las horas hasta nona, haré examen general y particular, iré a la iglesia. De seis y media a siete me confesaré. De siete a ocho, el tiempo de una misa, prepararé el aposento de mi corazón para recibir a mi Esposo. Después que le haya recibido, el tiempo de una misa, daré gracias a mi Padre Eterno por haberme dado su Hijo, y se lo volveré a ofrecer, y en recompensa, le pediré muchas mercedes. De ocho a nueve sacaré ánimas del purgatorio y ganaré indulgencias por ellas. De nueve a diez rezaré los quince misterios de la corona de la Madre de Dios. De diez, el tiempo de una misa, me encomendaré a los santos de mi devoción, y los domingos y fiestas, hasta las once. Después comeré, si tuviere necesidad. A las dos rezaré vísperas y haré examen general y particular. De dos a cinco, ejercicios de manos y levantar mi corazón a Dios; haré muchos actos de amor; de cinco a seis, lección espiritual y rezar completas. De seis a nueve, oración mental, y tendré mucho cuidado de no perder de vista a Dios. De nueve a diez saldré de mi aposento por un jarro de agua, y tomaré algún alivio moderado y decente. De diez a doce, oración mental. De doce a una, lección en algún libro de vidas de santos y rezaré maitines. De una a cuatro dormiré: los viernes, en mi cruz; las demás noches, en la escalera; antes de acostarme tendré disciplina. Los lunes, miércoles y viernes de los advientos y cuaresmas, la oración, desde las diez hasta las doce, la tendré en cruz; los viernes, garbanzos en los pies; y me pondré una corona de cardas; ayunaré sin comer toda la semana. Los domingos comeré una onza de pan, y todos los días comenzaré con la gracia de Dios." Ningún anacoreta del yermo hizo penitencias tan escalofriantes

Esta regla de vida, asombrosa por su austeridad y oración, Santa Mariana la guardó desde los doce años, sin más alteración hasta su muerte que estrechándola más aún los últimos siete años. Sin embargo, prudentemente, admitía tres causas posibles para omitir alguno de los ejercicios señalados: la caridad para con el prójimo, la obediencia a quienes le podían mandar y la absoluta imposibilidad física, cuando estaba tan desprovista de fuerzas por alguna enfermedad corporal que le era materialmente imposible tenerse de pie.

según el director espiritual de la santa quiteña, " Sus penitencias fueron raras y mayores que las que naturalmente parece pudiera tolerar un cuerpo débil; si bien por estar persuadido, después de mucha atención y examen, de que eran inspiradas de Dios, se las permití.» Y aun le permitió aumentarlas: la onza de pan, de diaria, pasó a alterna; después se redujo a un cuarto de onza cada quince días, y al final, durante siete años, se suprimió totalmente, siendo el único alimento de la santa la Sagrada Comunión; las cuatro horas de sueño se acortaron a tres, a dos, a una; los cilicios y las disciplinas, en cambio, aumentaban sin cesar".


El cuerpo de Santa Marianita de Jesús venerado en la Iglesia de la Compañía en Quito

Pero sin embargo... "ninguna de estas austeridades podía desfigurar la gracia y frescura de aquel rostro juvenil". Dios la había concedido este privilegio excepcional, para que nadie pudiese criticar aquella entrega voluntaria a los tormentos, y aun para ocultarla, aunque, a la larga, todo ocultamiento fue imposible. A través de la ciudad de Quito y de todo el virreinato se hablaba de las penitencias de la hija del capitán toledano, de las obras prodigiosas que Dios hacía por ella, de cómo recibía en sus manos el Cuerpo vivo del Niño Jesús, y jugueteaba con él, y caminaba por la calle sin mojarse; y reunía en torno suyo a las golondrinas de los alrededores, "Su corazón—se decía—es un ascua de amor para todos los necesitados; sus manos estaban como cuajadas de perlas". Si la penitencia las ajaba, la caridad se encargaba de convertirlas en las más hermosas manos que se vieron en el mundo. Diariamente amasaba dos onzas de pan, y con ellas tenía para alimentar a tantos pobres, que a las puertas de su casa se veían verdaderas procesiones. Nunca se supo el origen de aquel pan, y por eso se le llamaba pan de los ángeles.
Aún sufriendo de hidropesía y en medio de los terribles calores estivales, la Santa se abstenía de tomar agua, naturalmente sufriendo mucho, por la terrible sed, y por la tentación de servirse un poco de la que las varias personas les traían o incluso de las frutas frescas, así incluso hasta por dos semanas.

Era Santa Marianita de gran talento, de ingenio agudo, de inteligencia viva y precoz; se la preparó, por una parte, en las letras y, por otra, en la música; alcanzó mucha destreza en manejar el clave, la guitarra y la vihuela. También aprendió a coser, labrar, tejer y bordar, haciendo grandes progresos y ocupando así santamente el tiempo para huir de la ociosidad. Tenía una voz suave y dulcísima y una gran afición a la música, de tal manera que no dejó pasar un solo día sin ejercitarse en ella, aunque dedicándose a cantos religiosos, que la ayudaban a meditar y levantar su corazón incesantemente a Dios, aunque todo estaba preparado para que ella entrara en la vida conventual, Dios la detiene y ella entiende quedándose en el rincón más escondido, para no salir más que a la iglesia o a sus ejercicios de caridad; y su aposento se convierte, según la expresión de su biógrafo, en una espantosa armería. Su panoplia la forman manojos de varas de membrillo y de ortigas, cadenas de hierro, látigos de pita anudados, unos con una trenza, otros con estrellas de acero como agujas, cilicios de alambre, de cerdas, de cardas de hierro; cruces diversas, de pesos imponentes, sin que falte, como lecho, el potro o escalera de dar tormento, ni el ataúd con un leño vestido de sayal franciscano, al que la virgen llama su efigie, y rocía de agua bendita al salir y al entrar en la habitación, diciendo muy seriamente: «¡Dios te perdone, Mariana!

a Santa Marianita de Jesús se la conoce como "La Azucena de Quito" debido a en una enfermedad le hicieron una sangría y la muchacha de servicio echó en una matera la sangre que le había sacado a Mariana, y en esa matera nació una Azucena. Con esa flor la pintan a ella en sus cuadros.

Entre los milagros que La Sierva de Dios recibió como se refieren dos resurrecciones. Su sobrina Juana, por ocasión de un viaje, le confió a su pequeña hija. Un día en que la niña jugaba cerca de unas mulas, una de éstas le dio una coz en la cabeza, fracturándosela mortalmente. Santa Mariana hizo que la llevasen a su celda y rezó sobre ella, restituyéndole la vida.



Otro caso sucedió con la mujer de un indio, empleado de la familia. Suponiendo él, injustamente, que su mujer le era infiel, la arrastró hacia el bosque, golpeándola salvajemente, la estranguló y arrojó el cuerpo en un precipicio. Todo esto lo vio Mariana milagrosamente. Llamó a un comerciante amigo de la familia y le pidió en secreto que fuese a buscar el cuerpo y lo trajese sigilosamente para su celda. Teniéndolo junto a sí, comenzó a frotarlo con pétalos de rosa. Inmediatamente la india volvió a la vida. Después reveló que, en medio de su suplicio, vio a Mariana diciéndole que tuviese valor
También por intercesión de Santa Rosa de Lima obtuvo milagros por medio de unos hojitas secas de rosa, que habían servido de gala al difunto cuerpo de la Santa Virgen Rosa, siendo que con una infusión de éstas en agua caliente consiguió la recuperación de la salud de algunas personas

Cuando el divino Maestro quiso demostrar a sus discípulos lo sumo y más acendrado de la caridad, todo lo compendió diciendo que nadie amaba más que aquel que exponía su vida por la persona amada y se ofrecía generoso por el amigo para librarle de la muerte, y aunque el objetivo principal es la salvación eterna de las almas, también se aplica a quien se ofrece por la salud y vida temporal de su prójimo, según dijo San Gregorio,

Era el año de 1645 cuando con Su Misericordia quiso el Señor castigar por sus vicios y pecados a la entonces provincia de Quito, por medio de terribles temblores, empezando por la villa de Riobamba, cuyos habitantes no pusieron la atención debida, convirtiéndose buena parte de la ciudad en sepultura. También la ciudad de Quito empezó a ser afectada por los temblores pero "además aquejaba a la ciudad una pestilencia mortífera de alfombrilla y garrotillo, pero tan tenaz y maligna que de noventa jóvenes que vivían en el colegio de San Luis, solo tres no experimentaron sus rigores"... "A proporción fue el estrago de toda la ciudad, y llegaron a llenarse sus iglesias y cementerios de cadáveres y a no oírse en ella otra cosa que el clamoreo de las campanas y el alarido de los pobres enfermos. Ante tan graves sucesos mientras "predicaba en la Iglesia de la Compañía los domingos por la tarde el P. Alonso de Rojas exponiendo la historia de Josué"... "ofreció al pueblo la remisión de sus culpas, y le mostro abiertas las puertas de la divina clemencia, con tal que volviese humillado y contrito a su Dios. Concluyó la exhortación con una súplica tiernísima y ardiente en que rebosando su caridad por los labios, ofreció públicamente a la divina majestad su vida por la salud del pueblo"

"Al pie del Púlpito como siempre asistía inmoble nuestra Heroína, hasta que llegando a tan tierno Apostrofe el Predicador, reventó la mina de aquella Caridad heroica, que ya muchos días humeaba el fuego de la compasión, que iba encendiendo tanto estrago repetido. Mucho sería el enojo de Dios, pues no cedió al incesante clamor, lagrimas y penitencias de Mariana, cuyo corazón caritativo sufría todos los golpes repartidos." Así pues, ella, "en voz alta, y a todos perceptible, mejoró la ofrenda, ofreciendo su Vida en sacrificio, fin que el arrebatado celo de la conservación de su Patrian infeliz, siquiera tuviese que superar el eminente escollo de su invariable modestia. Olvidose entonces de ser modesta, porque apuraba la necesidad de ser caritativa: Omnia vincit amor."... "Esta cariad heroica, realzada en humildad tan sublime, fue sin duda, la última irresistible instancia a la Misericordia infinita. Desde aquel venturoso día empezó a aplacarle la Justicia: La Tierra recobró su estabilidad antigua; disiparónse en el aire los ponzoñosos halitos que la infestaban: calmó la violencia del Contagio que la despoblaba". "y todo tan aprisa que siendo el cuarto domingo de Cuaresma el día en que se ofreció la pacífica Oblación de nuestro remedio, juró el Doctor Dn. Juan de Troya en el proceso, que el de Pascua no se veía en la ciudad, ni le ve rastro de Peste"



Pero desde ese mismo día al salir de Misa, la salud de Santa Marianita empeoró todavía más, empezó a sentir una fiebre que en dos meses acabó con su vida. Una sed furiosa la consumía; un dolor terrible la atenazaba la cabeza, los costados, los huesos todos; pero ni aun entonces se quitó los cilicios, ni dejó la corona de espinas, ni cambió su régimen diario. Cuatro días antes de morir, recibió los últimos Sacramentos con verdadera alegría, y quiso recibir la Comunión de rodillas, a pesar de la debilidad en que se encontraba. Para morir sin nada suyo, pidió para ser transportada al cuarto de su sobrina, a fin de morir en cama prestada. y a las pocas horas perdió el habla, como lo había pedido al Señor, «porque ese tiempo no era para hablar con los hombres, sino para estarse con Dios». Poco después recibió la visita de Cristo y de su Madre, que venían acompañados de Santa Teresa y Santa Catalina, y el 26 de mayo se durmió en el Señor, con apenas 26 años. Sus funerales fueron un triunfo. La ciudad entera pasó a venerar su cuerpo; tres hábitos fueron destrozados por el fervor de la multitud, ávida de reliquias, y gracias a una guardia de soldados, no se llevaron los virginales despojos

A partir de su nacimiento para el cielo fue todavía mayor la veneración en que la tuvieron los quiteños y toda la nación por sus frecuentes milagros. El 17 de diciembre de 1757 Su Santidad el Papa Benedicto XIV introdujo su causa; Su Santidad el Papa Pío VI, el 19 de marzo de 1776, declaró heroicas sus virtudes. En 1847 Su Santidad el Papa Pío IX reconoció dos milagros suyos: el mismo Pontífice la beatificó el 20 de noviembre de 1853.
Reanudada la causa, bajo su Santidad el Papa León XIII, el 23 de abril de 1903, correspondió a Su Santidad el Papa Pío XII llevarla a feliz término, canonizando solemnemente a Santa Mariana de Jesús el 9 de junio de 1950.




Por su parte, la Asamblea Constituyente de Ecuador, a 30 de noviembre de 1946, en reconocimiento de la virtud que la llevó a ofrecer su vida por la incolumidad del pueblo, la llamó en solemne decreto "heroína de la Patria"
Por esta razón Mariana de Jesús Paredes y Flores lleva con sobra de méritos el título de Heroína Nacional;
Que, en verdad, Mariana de Jesús Paredes y Flores es una de las figuras más célebres y destacadas en la historia de la Patria, habiendo sido ya llevaba a los altares por sus virtudes preclaras;
Que Mariana de Jesús Paredes y Flores ofreció su vida por salvar a su Patria;
ACUERDA:
ART. 1º.- Declarar que la benemérita quiteña Beata Mariana de Jesús Paredes y Flores, es HEROINA NACIONAL;
Art. 2º.- Designar una Comisión del seno de la Asamblea para que solemnice la promulgación del presente Acuerdo;
Art. 3º.- Depositar una copia auténtica de este Acuerdo en la Capilla del Templo de la Compañía de Jesús en Quito.
Dado en la Sala de Sesiones de la H. Asamblea Nacional Constituyente, en Quito, a treinta de noviembre de mil novecientos cuarenta y seis.
f) El Presidente, Dr. Mariano Suárez Veintimilla; el Vicepresidente, Francisco Illinworth Icaza; 1er Secretario, Manuel Granizo F.; 2do. Secretario, Edmundo Daste.- Siguen las firmas de todos los Legisladores. El original de este Acuerdo se encuentra en el Altar del costado izquierdo de la Iglesia de la Compañía de Jesús de Quito, junto al costurero de Mariana de Jesús Paredes y Flores.

ALOCUCIÓN DE SU SANTIDAD PÍO XII
A LOS PEREGRINOS REUNIDOS EN ROMA CON MOTIVO
DE LA CANONIZACIÓN DE LA BEATA MARIANA DE JESÚS PAREDES

Lunes 10 de julio de 1950

Como remate de una serie de tan solemnes canonizaciones, hemos tenido el consuelo de colocar la aureola de la santidad sobre las sienes de una gran heroína de la América hispánica, Mariana de Jesús de Paredes, la «Azucena de Quito».

No se trata ahora de una fundadora ilustre, come Sta. Emilia de Rodat; ni de una personalidad de perfiles históricos, como S. Antonio M. Claret; ni de un apóstol de la caridad, como Sta. Bartolomea Capitanio o Sta. Vicenta Gerosa; ni de una Reina, como Sta. Juana de Francia; ni de un campeón de los derechos de la Iglesia, como S. Vicente M. Strambi; ni de una mártir de la pureza virginal, como Sta. María Goretti. Pero se trata, en cambio, de alguien que es, en cierto sentido, como la frase final de una sinfonía, que recoge todos los temas, tomando de cada uno algo de su característica, para componer la armonía maravillosa de su espíritu.

La historia de Mariana de Jesús de Paredes es muy breve. Vástago de una noble familia de origen español, en cuyo árbol genealógico se entremezclan Andalucía y Castilla, nace en Quito en 1618. Hay desde el primer momento en su alma toda la suavidad de aquel clima, toda la claridad de aquel cielo y toda la gracia, de sus palmeras y de sus flores. Prodigio de piedad, por la precoz madurez de su espíritu, alrededor de los diez años se liga con los votos de pobreza, castidad y obediencia; se ve que el esqueje arrancado del tronco ibérico era fuerte y la tierra del Nuevo Mundo, generosa. El ejemplo de los misioneros la arrebata, le enciende el alma y la llena de altísimos deseos, que se concretan en fervorosas oraciones, en contemplaciones extraordinarias y otros dones místicos, simultaneados con tales austeridades que su sola enumeración causaría profundo estupor. Víctima de amor primero, acaba sus días como holocausto de caridad en 1645, ofreciendo su vida por su pueblo. Y cuando la tierra dejaba de temblar y la peste se disolvía en el aire, ella exhalaba el último suspiro entre deliquios inefables, pero revestida siempre de ásperos cilicios. No tenía más que veintiséis años.

No vivió en un claustro, porque la Providencia la quería en medio del mundo; pero aspiró a la perfección, como pudiera hacerlo la religiosa más observante. No fue figura histórica; pero es hoy el honor de una nación ilustre, que la aclama su «heroína nacional». No dedicó exclusivamente sus horas a la caridad; pero al fin dio su vida por sus hermanos. Amó a la. Iglesia como el más celoso defensor de sus derechos y la honró con sus virtudes. Finalmente, no fue inmolada por el furor ajeno, pero supo bien mortificarse con mano propia.

Aprendan todos en esta Santa el inmenso poder de la virtud cristiana, capaz de hacer madurar un espíritu, con más vigor que el sol quiteño hace madurar los frutos opimos de la tierra ecuatoriana. Aprenda el mundo las energías que se esconden en la oración y en el sacrificio. Aprendan los epicúreos de siempre que la meta de los espíritus se encuentra al fin del camino escondido, en que el amor busca el dolor para superar las ataduras materiales, Aprende la joven moderna y mundana lo que en su mismo ambiente puede hacer un alma enamorada del Señor. Y cuantos hoy viven en la plena luz de la devoción al Corazón Sacratísimo de Jesús, admiren los atisbos de esta víctima inocente, que en los albores del siglo diecisiete supo hacer ya de la reparación el centro de su espiritualidad.

Pero es evidente que no podríamos poner fin a estas palabras sin dirigirnos de modo especial a la nobilísima representación ecuatoriana aquí presente, formada por tan digna parte de su Episcopado, con centenares de sus fieles, y presidida por una Embajada Extraordinaria, en la que figuran nombres cuyos méritos no nos son desconocidos.

Mariana de Jesús de Paredes es ejemplo para todos, pero de manera especial para vosotros, amados hijos ecuatorianos. Muchas veces las alternativas contingentes de la política de cada día pueden imprimir a los criterios directivos tales oscilaciones, que se lleguen a ver en peligro valores tan fundamentales como la educación cristiana. No lo permitáis vosotros, antes bien exigid para vuestras generaciones futuras una formación encuadrada por las virtudes que hicieron grande a vuestra Santa; proponed a vuestros hijos el modelo perfecto de vuestra «heroína nacional », Santa Mariana de Jesús de Paredes.

A ella, amados hijos, os encomendamos, mientras que, con verdadera efusión de Nuestro afecto paternal, os bendecimos, rogándoos que llevéis también Nuestra. Bendición a vuestras patrias y a. vuestros hogares, como prenda del amor del Vicario de Cristo.

Fuentes
http://www.explored.com.ec/ecuador/tradicio/homb23.htm
http://www.oremosjuntos.com/Santoral/Mariana.html
http://www.franciscanos.org/bac/mariaana.html
http://www.divvol.org/santoral/index.php?s=0526-1
http://www.vatican.va/holy_father/pius_xii/speeches/1950/documents/hf_p-xii_spe_19500710_mariana-paredes_sp.html#_edn*
http://www.fatima.org.pe/seccion-verarticulo-23.html

Libros
Vida de la Beata Mariana de Jesus de Paredes, Autor: Padre Jacinto Mora de Butron

Compendio Histórico de la Prodigiosa Vida, Virtudes y Milagros de la Venerable Sierva de Dios Mariana de Jesús Flores y Paredes conocida con el justo renombre de la Azucena de Quito, Autor: Padre Thomas de Gijón y León.

martes, 24 de mayo de 2011

La tibieza espiritual

Apocalipsis
3.14 Al ángel de la Iglesia de Laodicea escribe: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios.
3.15 Conozco tus obras y que no eres ni frío ni caliente”
3.16 Ojalá fueras frío o caliente, mas porque eres tibio y no eres caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca.
3.17 Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo;
3.18 te aconsejo que compres de mi oro acrisolado por el fuego, para que te enriquezcas, y vestiduras blancas para que te vistas, y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos a fin de que veas.
3.19 Yo reprendo y corrijo a cuantos amo: ten, pues, celo y arrepiéntete.
3.20 Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo.
3.21 Al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono, así como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.
3.22 El que tenga oídos oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias..



La tibieza espiritual o acedía, es la- "tristeza ante el bien espiritual y divino" (Santo Tomás, S. Th., II-II, q. 35, a. 3): una falta de alegría, de prontitud, de entrega; un desánimo ante las cosas de Dios en cuanto que exigen esfuerzo. "Lucha contra esa flojedad que te hace perezoso y abandonado en tu vida espiritual. -Mira que puede ser el principio de la tibieza" (Camino, n. 325). Hay en la tibieza mucho amor a la propia comodidad, que puede llegar, incluso, al desprecio consciente de los medios que nos unen a Dios. A los tibios, Dios -que es Amor infinito- los vomitará de su boca (cfr. Apoc 3,14-16). Es un peligro (que en este mundo) nunca acaba de desaparecer del horizonte de las almas dedicadas a Dios.

No se debe confundir la tibieza con la aridez espiritual, con la ausencia de sentimientos en la oración, con las debilidades o pecados. La señal de tibieza está más bien en el "ceder sin lucha" porque no es pecado grave (cfr. Camino, n. 328). Es como un pacto con los defectos, con la pereza, con la comodidad; conformarse con las metas ya logradas, imaginando una estabilidad imposible; imposible, porque, en el camino hacia Dios, si no se avanza, se retrocede. El cálculo o "cuquería", el egocentrismo, las conversaciones ociosas y vanas, la connivencia con el pecado venial, el obrar por motivos humanos (cfr. Camino, n. 331); el no ir seriamente a la perfección dentro del propio estado (cfr. Camino, n. 326).

Un cristianismo que se trata de aparentar un día a la semana... pero no se vive con convicción el resto de la semana.Congregaciones enteras pueden estar en esta condición, como fue el caso de Laodicea en los días de Juan. Vida fácil, comodidad y placer eran cosas a las que aquellos cristianos estaban acostumbrados. La Biblia nos dice: Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución. ¿Por qué entonces parece adormecida la persecución en nuestros días?. El único motivo es que la iglesia se ha conformado a las reglas del mundo y por lo tanto no despierta oposición." Si el cristianismo es aparentemente tan popular en el mundo, ello se debe tan sólo al espíritu de transigencia, a que las grandes verdades de la Palabra de Dios son miradas con indiferencia y a la poca piedad vital que hay en la iglesia. Revivan la fe y el poder de la iglesia primitiva y el espíritu de persecución revivirá también, y el fuego de persecución volverá a encenderse. El horror al sacrificio: En las vidas tibias, automáticamente queda fuera el espíritu de sacrificio. Todo cuanto implique sacrificio, renuncia, esfuerzo o lucha, queda descargado.

El beato Enrique Seuze en una carta a una hija espiritual nos advierte de la necesidad constante de luchar contra la tibieza en el camino de la vida espiritual.

“Hija mía, no hay nadie que a veces no caiga de algún modo en la tibieza; por esto es preciso trabajar seriamente para conseguir una renovación de sí mismo, como el fénix que se renueva en el fuego, como el ciervo y la astuta serpiente que acostumbran aquel a renovar sus cuernos, ésta su piel cuando se hace muy gruesa. La montaña es alta, el camino tortuoso, no basta un solo salto para llegar a la cumbre, muchos mayos tendrán que transcurrir aún. Aquel que retrocede ante la superioridad del ejercito enemigo y no vuelve a la carga luego con valor, es un cobarde caballero. No os asustéis, pues la lucha es propia de buenos en esta tierra miserable. ¿Queréis saber cómo debe operarse esta renovación? Os lo voy a decir.

Conozco un fraile predicador, que había pasado por olas muy fuertes, y creía haber perdido toda seriedad y toda piedad; entró dentro de sí mismo y dijo: "oh Dios mío, ¿qué me sucedió?, he caído sin darme cuenta. Vamos ánimo, y pongámonos a trabajar para adquirir un nuevo bien, puesto que se perdió el antiguo".

Empezó a mortificase, a castigar su cuerpo, a alejarse del mundo, a trabajar seriamente, a guardarse de sí mismo; habiendo hallado nuevas oraciones, trabajó noche y día hasta que hubo reconquistado el antiguo fervor en una vida del todo divina, y de nuevo se vio inflamado de una piedad sincera. Si desfallecía, volvía a empezar de nuevo. Y esto le sucedió un número indecible de veces.

Ved; hija mía; la Sabiduría eterna os lo enseña por la boca de San Bernardo que dice: El punto que distingue a los elegidos de los réprobos, es que los réprobos no se levantan, mientras que los elegidos se levantan sin cesar. Pues nadie puede permanecer inmóvil aquí abajo.”

Remedios Contra La Tibieza
Algunos se desaniman pensando que ya nunca lograrán salir de ese mar de tibieza espiritual en el cual se están ahogando. Pero a estos hay que responder con las palabras que el Ángel Gabriel le dijo a María cuando parecía que la anciana Isabel ya nunca podría tener hijos: "Lo que es imposible para las criaturas, es posible para Dios. Para Dios ninguna cosa es imposible" (Lc.1-37) o aquellas bellísimas palabras de San Pablo que jamás debemos dejar de recordar: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." (Flp. 4-13)

Primer remedio: tener un gran deseo de conseguir la santidad
Los santos dicen que los ardientes deseos de conseguir la santidad son como fuertes alas que nos hacen subir muy alto en perfección. Y si cultivamos fervorosos deseos de conseguir la perfección espiritual, se podrán aplicar a nosotros las palabras que el profeta dice acerca de los que confían en Dios: "Subirán con las alas como de águila, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse" (Is. 40-31)

Tener un gran ideal de santidad fue lo que hizo que los santos alcanzaran tan grandes alturas de perfección. El ideal es una fuerte inclinación, un deseo muy intenso de conseguir algo. Los sabios dicen: "Cuidado con lo que deseamos, porque lo vamos a conseguir." Y la Sagrada Escritura promete en el bellísimo salmo 145: " El Señor Dios satisface los buenos deseos de sus fieles". Así que si ardientemente deseamos alcanzar la santidad, muy probablemente la vamos a obtener. Otros tenían mayores fuerzas físicas y quizás mayores cualidades intelectuales que los santos, pero estos tenían más vehementes deseos de conseguir la santidad y lograron conquistarla, mientras que otros que tenían más cualidades se quedaron a mitad del camino por falta de continuos y muy fuertes deseos de alcanzar la perfección.

Segundo remedio: Una firme resolución
La primerísima y más importante resolución para llegar a la santidad será siempre el preferir morir antes que pecar. Preferir perder todos los demás bienes antes de perder la amistad con Dios o hacer o decir algo que a él le desagrade.

La experiencia nos enseña que sin la ayuda de Dios no somos capaces de resistir las tentaciones, pero con la gracia del Señor si no dejamos de luchar, lograremos salir victoriosos.

La segunda resolución debe ser escoger siempre entre dos actuaciones la que parece que más le agrada a Nuestro Señor. Ojala se pudiera repetir de cada uno de nosotros lo que Jesús dijo de si mismo: " Mi Padre me ama, porque yo hago siempre lo que a él le agrada".

Y empezar rápidamente, ahora mismo. Decir como aquella religiosa que al oír predicar a un célebre predicador acerca de lo necesario que es dedicarse ya desde el momento presente a conseguir la santidad, se fue donde él y le dijo: "Padre, quiero ser santa, pero santa prontamente". Y de tal manera se esmeró por lograr serlo, que a ocho meses murió con verdadera fama de santidad. Hay que empezar hoy mismo, ahora mismo, y no dejar para mañana el bien que ayer no quisimos hacer. Ahora mismo empezar a tratar de ser mejores, sin andar tratando de imitar el modo como se portan los demás, porque son demasiado pocos los que en realidad se dedican a vivir santamente.

Tercer remedio para alejar la tibieza: la meditación
La meditación llena el cerebro de buenos pensamientos, el corazón de afectos hacia Dios y hacia lo eterno, y la voluntad de provechosos propósitos: Con razón repetía San Luís Gonzaga: "No habrá mucha perfección donde no haya mucha oración y mucha meditación". La meditación nos hace evitar el pecado al pensar en la presencia de Dios y en las postrimerías que nos esperan: Muerte, juicio, infierno y Gloria. Nos despega de los bienes terrenos, haciéndonos pensar en los bienes eternos que nos esperan. Nos hace evitar el orgullo y crecer en humildad al recordarnos lo miserables y débiles que hemos sido y que seguimos siendo y al hacernos ver nuestra impotencia nos incita a recurrir a Dios con la oración. Pero si no dedicamos tiempos a la meditación, nos dejamos llevar por la disipación y caeremos en graves pecados.

Ahora se explica uno por qué San Francisco de Sales en su Filotea coloca como primerísima práctica para quien desea llegar a la santidad, dedicar cada día algún tiempo a la meditación, a pensar seriamente en Dios, en el alma y en los medios de conseguir la eterna salvación.

Cuarto remedio para alejar la tibieza y conseguir la perfección: la Comunión frecuente
Vamos a repetir aquí una página famosa de San Basilio.
Este gran santo y sabio dejó escritas unas bellas palabras que conviene no olvidar nunca: "Si te hincha el veneno del orgullo, toma este Sacramento, y el Pan Humilde, te hará humilde. Si la avaricia quiere apoderarse de ti, toma el Pan Celestial, y el Pan Generoso te hará generoso. Si la brisa nociva de la envidia y del egoísmo sopla sobre ti, toma el Pan de los Ángeles, y El te comunicará el amor verdadero. Si te has entregado al exceso en la comida o en la bebida, toma el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y ese Cuerpo que ha soportado tantas mortificaciones, seguramente te irá llevando a la moderación y a la mortificación. Si te ataca la pereza y te vuelve sin ánimos para el bien, de manera que ya no te gusta rezar ni sientes fuertes deseos de hacer obras buenas, fortalécete con el Cuerpo de Cristo, y él te llenará de entusiasmo y de fervor. Finalmente, si sientes fuerte inclinación a la impureza, entonces, y especialmente entonces, toma el Cuerpo Santísimo de Cristo, y ese Cuerpo, el más perfectamente puro que ha existido, te irá llevando hacia la pureza y castidad".

El medio más necesario de todos
Para evitar la tibieza, y adquirir el fervor y crecer en el amor a Jesucristo no hay otro medio más necesario ni más eficaz que la oración. Dios en su infinita bondad al invitarnos a orar puso a nuestra disposición un medio infalible para progresar en santidad, y nos hizo una promesa muy consoladora: " Pedid y se os dará. Todo el que pide recibe" (Lc.11-9). La oración nos vuelve muy poderosos, porque nos consigue del Señor lo que por nuestras solas fuerzas o luces no podríamos alcanzar. Santa Teresa decía: "Me propuse conseguir de Nuestro Señor una gracia. Perseveré pidiendo. No me cansé de pedir, y al fin la conseguí".

Si oramos con fe podremos repetir las palabras del Salmo 65 "Bendito sea Dios que no rechazó mis súplicas ni me negó sus favores". San Agustín explicando estas frases añade: "Si por tu parte no falta la oración, puedes tener por cierto que por parte de Dios no faltarán las generosas ayudas". Y San Jerónimo advierte: "Siempre se alcanza de Dios ayuda, cada vez que rezamos". San Juan de la Cruz, maestro de oración repetía: "De Dios se alcanza, cuanto con ferviente oración se espera conseguir de él, si conviene para nuestra alma".

Fuentes:
http://www.opuslibros.org/libros/B10/apartadoII/II_23.htm
http://congregacionobispoaloishudal.blogspot.com/2011/04/la-tibieza-espiritual.html
http://www.dominicos.org/espiritualidad/dominicana/textos/galeria-de-personajes/beato-enrique-seuze/la-lucha-contra-la-tibieza

La Santa Biblia (edición Nacar-Colunga)
Prácticas de Amor a Jesucristo, San Alfonso María de Ligorio

jueves, 5 de mayo de 2011

En el trabajo

Esto sucedió hoy en mi trabajo, como profesor, de pronto con los estudiantes salió el tema del Vaticano acerca de lo pequeñito que es (el estado independiente más pequeño del mundo) y de su población, al enterarse que era de unos 800 a 1000 habitantes, uno de los estudiantes sugirió que todos eran exorcistas, ante lo cual pensé "Dios le oiga" y le dije que seguramente el padre Gabrielle Amorth estaría rezando para que eso fuese verdad.

Parece poca cosa, pero estas anécdotas son pequeños oasis en un tremendo desierto.

sábado, 23 de abril de 2011

Resurrección de Jesucristo



¡Allelúia, Allelúia. Pascha nostrum immolátus est Christus!

Resurréxit et adhuc tecum sum, allelúia: posuísti super me manum tuam, allelúia: mirábilis facta est sciéntia tua, allelúia, allelúia. Dómine, probásti me, et cognovísti me: tu cognovísti sessiónem meam, et resurrectiónem meam.



Nuestro Señor Jesucristo resucita, vence a la muerte, El comparte su victoria y la vida eterna con nosotros, según su voluntad, de que el pecador se convierta, crea y viva según esa creencia, para así, sea salvado

Recordamos la frase de San Agustín

"Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti"

y lo que escribe San Pablo

"Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

http://tradicionypatria.blogspot.com/2011/04/surrexit-dominus-vere-alleluia.html

sábado, 16 de abril de 2011

El Triduo Sacro

El Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo forman el Triduo Sacro. Son los días de la Semana Santa, de la semana más importante de la historia de la humanidad. Porque para nada hubiera servido la creación si no hubiera habido la salvación.
Cristo se hizo nuestro Cordero que carga con nuestros pecados. Cristo quiere “morir a fin de satisfacer en nuestro lugar a la justicia de Dios, por su propia muerte”, dice Santo Tomás de Aquino en su “Suma Teológica” (IIIa parte, cuestión 66, 4).
La Semana Santa es la Semana de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
La Pasión significa los sufrimientos y la muerte de Cristo en la Cruz. Pasión, Redención, Salvación y vida eterna para nosotros están vinculadas. Sin los sufrimientos, la Cruz y la muerte de Cristo no hay salvación para ti, pecador ingrato.



Cristo acepta ser maltratado, para que tú no lo seas eternamente; Cristo acepta ser flagelado para que tú no seas flagelado por los demonios y el fuego en el infierno.
Cristo acepta gustar la tremenda sed de la crucifixión; acepta gustar la muerte amarga de la Cruz, para que tú no gustes la sed eterna de Felicidad. Cristo acepta ser deshonrado en la Cruz para que tú no seas deshonrado y confundido en el día del Juicio Final.
Y tú, hijo ingrato, ¿qué haces en esos días de la Semana Santa mientras que tu Señor está muriendo en tu lugar para salvarte? ¿Cómo los utilizas? ¿A dónde vas? ¿Por qué los profanas?

Si en esos días tu patrón te dispensa de trabajar porque es Semana Santa, Semana de Luto, Semana de la Muerte del Hijo de Dios; tú deberías saber muy bien que esos días santos no son días de vacaciones, ni de disipación, ni de playa. Son días de penitencia, de oración y de lágrimas.
El Hijo de Dios hecho hombre está luchando contra el demonio y la justicia divina para librarte. Sí, para librarte a ti y a tu familia del más grande peligro que pueda existir: el de la perdición eterna. Sábelo, incúlcalo a tus hijos para que sean agradecidos con su Salvador.

La Sangre que borra tus pecados es la de tu Bienhechor: Nuestro Señor Jesucristo. Es Dios mismo Quien te lo dice: “Sin efusión de sangre no hay remisión de pecados” (Hebreos, 9, 22). Ningún hombre puede conseguir por sí mismo el perdón de sus pecados. Debe buscarlo en otra parte: ¿dónde? en la Sangre del Hijo de Dios que murió en la Cruz el Viernes Santo. San Pablo dice: “En Él, por su Sangre tenemos la redención, el perdón de los pecados...” (Efesios, 1, 7).



Sobre todo no digas que no has pecado y no necesitas del perdón. Si lo dijeras, manifestarías tu gran ceguedad e ignorancia. “Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: «No hemos pecado», lo hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros” (I San Juan, 1, 8).

El hombre no puede ofrecer sacrificio propiciatorio por sus pecados. Nuestro Señor Jesucristo se hizo propiciación por nuestros pecados. Él se ofrece el Viernes Santo en Sacrificio propiciatorio por ti. Sólo, mediante la Sangre de Cristo, puedes purificarte, puedes liberarte de las cadenas del pecado y de la "tiranía del demonio.
Y en estos días durante los cuales Cristo está en los tormentos de la Cruz para merecerte la salvación, tú, pecador necesitado, tú te vas a la playa, a pasearte, divertirte, quizás a acumular más pecados a los que ya hayas cometido. ¡Despiértate, hermano mío, despiértate de tu letargo! ¡Sé agradecido con tu Bienhechor! ¡Actúa como católico verdadero!



Ve al templo a ver y a escuchar lo que en tu lugar está padeciendo Cristo. Has de saber que la ingratitud atrae el castigo de Dios más bien que su misericordia. No seas, pues, ingrato sino agradecido.
La gratitud cristiana consagra el Triduo Santo para conocer más lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo por nosotros e impulsarnos a la penitencia, a la sincera conversión y a la enmienda de nuestra vida tibia y mediocre.



El Jueves Santo es el día en que el Señor Jesús antes de ir a su Pasión te dejó el Memorial de su Muerte. Para aplicar los frutos de su Pasión a tu alma, instituyó el Sacramento de su Amor que es la Sagrada Eucaristía y el Sacerdocio para consagrarla. Él dijo: “haced esto en memoria mía”, para recordarnos lo que padeció por puro amor hacia los ingratos que somos; para comunicar a nuestras almas la santidad y el remedio contra el pecado mediante la digna recepción de su Cuerpo.
Y ¡tú irías a divertirle en ese día! No sabes que Cristo dijo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene la Vida Eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre esta en Mí y Yo en él” (San Juan 6, 54-56). Y tú que pretendes ser discípulo de Cristo ¿por qué te privas del Pan celestial que sana, purifica, santifica y pacifica tu alma y tu hogar? Si por tu culpa no aprovechas del remedio que Cristo te ofrece ¿por qué te quejas de tener problemas en tu vida, fami¬lia y trabajo?

El Viernes Santo es para que grites con y en la Iglesia misericordia para ti mismo y para todo el género humano. El Viernes Santo es para que participes en las exequias de Cristo, escuchando el Evangelio de la Pasión y las Siete Palabras que son las últimas recomendaciones de Cristo, Nuestro Redentor.
Aprovecha el Viernes Santo para confesar con lágrimas tus iniquidades, lavar tu alma de la lepra del pecado con la Sangre de Cristo, participar en la Pasión de tu Salvador, para tener parte con Él en su victoria.
El Viernes Santo, sufrió Cristo para merecerte el ser librado del pecado que es el más horrible cáncer que pueda existir, y del infierno, que es la más grande de las desgracias.

Y tú ¿irías de vacaciones con tantos otros neo-paganos quizás para matarte en el camino de la ingratitud? El Viernes Santo es para que hagas el Vía Crucis, medites lo que padeció por ti tu Señor, para darte cuenta de lo que merece el pecado.
Lee los últimos capítulos de San Mateo, Marcos, Lucas y Juan, o ve la Pasión de Mel Gibson para que te des cuenta del precio que Cristo pagó para librarte del poder del pecado y del demonio y hacerte hijo de Dios. El Viernes Santo es día de ayuno y penitencia, silencio y lágrimas y no día de playa y placeres.
El Sábado Santo es día de Luto. Hombres y mujeres deberían vestirse con ropa de luto para acompañar a la Santísima Madre de los Dolores. El Sábado Santo debería servir para meditar con espanto lo que merece el pecado, porque si al Justo que cargó con nuestros crímenes así se lo castiga, ¿que será del culpable si muere con su pecado?
En resumen, hermano mío, escucha a Dios mismo que dice a cada uno de nosotros: “No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro; porque de repente sobreviene su ira, y en el día de venganza acabará contigo” (Eclesiástico, 5, 8.).
Aprovecha la Semana Santa para convertirte al Señor, porque la sincera conversión y el verdadero arrepentimiento aseguran el Perdón de los pecados; dan la Paz al alma y, al fin, la Vida Eterna.



Tomado del boletín dominical “Fides” Nº 900, año 2010.

http://statveritasblog.blogspot.com/2011/04/la-semana-santa-semana-de-vacaciones-o.html