jueves, 25 de abril de 2013
Acerca de lo que dicen
¿Era San Pío X modernista? ¿o hereje?
Los falsos tradicionalistas justifican el sedevacantismo acusando de herejes a los Papas desde Juan XXIII, pero no dicen nada ante esta parte del Catecismo mayor de San Pío X (aunque no tienen ni idea de como explicarla)
¿Podría salvarse quien sin culpa se hallase fuera de la Iglesia? -
Quién sin culpa, es decir, de buena fe, se hallase fuera de la Iglesia y hubiese recibido el bautismo o, a lo menos, tuviese el deseo implícito de recibirlo y buscase, además, sinceramente la verdad y cumpliese la voluntad de Dios lo mejor que pudiese, este tal, aunque separado del cuerpo de la Iglesia, estaría unido al alma de ella y, por consiguiente, en camino de salvación.
¿Era el Beato Pio IX masón y hereje?
Los falsos tradicionalistas justifican el sedevacantismo, en el caso específico de Juan XXIII les basta con la sospecha de que fue masón, se olvidan sin embargo que la elección del Papa Pio IX fue motivo de alegría para las organizaciones anti-católicas que no se cansaron de aludarlo durante sus primeros años de Pontificado, lo que haya hecho después debería ser indiferente para los falsos tradicionalistas puesto que según ellos basta el hecho de que haya sido elegido (bajo sospecha) para que no cuente como Papa legítimo
CATECISMO MAYOR DE SAN PÍO X
172.- ¿Podría salvarse quien sin culpa se hallase fuera de la Iglesia? - Quién sin culpa, es decir, de buena fe, se hallase fuera de la Iglesia y hubiese recibido el bautismo o, a lo menos, tuviese el deseo implícito de recibirlo y buscase, además, sinceramente la verdad y cumpliese la voluntad de Dios lo mejor que pudiese, este tal, aunque separado del cuerpo de la Iglesia, estaría unido al alma de ella y, por consiguiente, en camino de salvación.
171. Ma chi si trovasse, senza sua colpa, fuori della Chiesa, potrebbe salvarsi?
Chi, trovandosi senza sua colpa, ossia in buona fede, fuori della Chiesa, avesse ricevuto il Battesimo, o ne avesse il desiderio almeno implicito; cercasse inoltre sinceramente la verità e compisse la volontà di Dio come meglio può; benché separato dal corpo della Chiesa, sarebbe unito all’anima di lei e quindi in via di salute.
CATECHISMO DELLA DOTTRINA CRISTIANA
( detto di San Pio X )
PREGHIERE E FORMOLE DA SAPERSI A MEMORIA
131. E' grave danno esser fuori della Chiesa?
Esser fuori della Chiesa è danno gravissimo, perchè fuori non si hanno nè i mezzi stabiliti nè la guida sicura alla salute eterna, la quale per l'uomo è l'unica cosa veramente necessaria.
132. Chi è fuori della Chiesa si salva?
Chi è fuori della Chiesa per propria colpa e muore senza dolore perfetto, non si salva; ma chi ci si trovi senza propria colpa e viva bene, può salvarsi con l'amor di carità, che unisce a Dio, e, in spirito, anche alla Chiesa, cioè all'anima di lei.
jueves, 4 de abril de 2013
Reposteo del blog de política
Acá reposteo el tema acerca del Católico ante la situación política actual en Ecuador
http://votocatolicoec.blogspot.com/2013/04/el-catolico-ante-la-situacion-actual.html
http://votocatolicoec.blogspot.com/2013/04/el-catolico-ante-la-situacion-actual.html
miércoles, 27 de marzo de 2013
MIÉRCOLES SANTO
MIÉRCOLES SANTO
LA ÚLTIMA REUNIÓN DEL SANEDRÍN.- Hoy Se reúnen los príncipes
de los sacerdotes y los ancianos en una sala del templo para deliberar por última
vez sobre los medios para prender a Jesús. Se han discutido diversos planes. ¿Será
prudente prenderle en estos días de Pascua, en los cuales toda la ciudad está llena
de extranjeros que sólo conocen a Jesús por la ovación de que fué objeto tres días
antes? ¿No hay incluso entre los habitantes de Jerusalén muchos que han aplaudido
este triunfo? ¿No sería de temer su ciego entusiasmo por Jesús? No, no se puede
pensar, por el momento, en esas medidas violentas; podría levantarse una sedición
durante la celebración de la Pascua. Sus promotores fácilmente se habrían comprometido
ante Poncio Pilato y habrían tenido que temer la furia del pueblo. Es preferible
dejar pasar la fiesta y buscar otro medio de apoderarse sin ruido de la persona
de Jesús. Pero estos criminales se hacían ilusión al querer retardar por su propia
voluntad la muerte del justo. Ellos aplazaban el asesinato; pero los planes divinos,
que desde la eternidad prepararon un sacrificio para la salvación del género humano,
fijaron este sacrificio precisamente para esta fiesta de Pascua, que anunciará mañana
la trompeta a toda la ciudad. Durante mucho tiempo se ha ofrecido el cordero misterioso
en figura del verdadero: va a comenzar y a la Pascua que verá desaparecer las
sombras ante la realidad. La sangre del Redentor, derramada por la mano de los ciegos
pontífices se va a mezclar con la de las víctimas, que ya no se digna aceptar el
Señor. El sacerdocio judaico no tardará en darse a sí mismo el golpe de gracia,
inmolando al que ha de abrogar con su sangre la antigua alianza y sellar para siempre
otra nueva.
LA TRAICIÓN.- Pero ¿cómo tomarán posesión los enemigos del Salvador
de la víctima que tanto anhelan con deseos sanguinarios, sin alboroto y sin ruido?
No han tenido en cuenta la traición. Uno de los discípulos de Jesús pide ser
conducido a su presencia; tiene algo que proponerles; "¿Qué me dais, les dice,
y yo os lo entregaré?" ¡Qué alegría para aquellos desdichados! Son doctores
de la ley, y no se acuerdan del salmo CVIII, en el cual David había predicho con
todo detalle esta venta abominable; ni tampoco del oráculo de Jeremías, que llega
incluso a valorar el precio del rescate del Justo en treinta dineros de plata. Esta
misma suma pide Judas a los enemigos de Jesús; éstos se la conceden al momento.
Todo está concertado. Mañana irá Jesús a Jerusalén para celebrar la Pascua. Al caer
del sol se retirará, como de costumbre a un huerto que se halla en la ladera del
monte del Olivar. Pero, en la oscuridad de la noche, ¿cómo lo van a conocer los
encargados de prenderle? Judas lo ha previsto todo. Los soldados podrán detener
con toda confianza a quien él diere un beso. Tal es la horrible iniquidad, que se
lleva a cabo entre los muros del templo de Jerusalén. Para manifestar su execración
y para dar una satisfacción al Hijo de Dios, tan indignamente ultrajado por este
pacto monstruoso, ya desde los primeros siglos la Iglesia ha consagrado el miércoles
a la penitencia. Aun hoy día comienza la Cuaresma por miércoles, y cuando la Iglesia,
en cada una de las estaciones, quiere que dediquemos cuatro días al ayuno y a la
mortificación de nuestro cuerpo, uno de esos días es el miércoles.
LA VICTORIA DEL MESÍAS.- "¡Qué terrible es este libertador,
que aplasta a sus enemigos bajo la planta de sus pies, como los racimos en el lagar,
hasta el punto de teñirse los vestidos con su sangre! ¿Pero no es hoy el día de
exaltarla fuerza de su brazo, hoy que ha sido colmado de humillaciones, que sus
enemigos, le han comprado a uno de sus discípulos por el más ignominioso de los
tratos? No permanecerá siempre humillado; pronto se levantará, y la tierra conocerá
cuál es su poder, ante los castigos de que colmará a los que se atrevieren a pisotearle.
Jerusalén se dispone a lapidar a los que van a predicar su nombre; ella sería la
más cruel de las madrastras para estos verdaderos israelitas, que, dóciles a las
enseñanzas de los Profetas, han reconocido en Jesús todos los signos
manifestativos del Mesías. La Sinagoga intentará ahogar a la Iglesia naciente; pero
apenas la Iglesia se haya vuelto hacia los gentiles, después de haber sacudido el
polvo de sus pies contra Jerusalén, que le ha traicionado y crucificado, la
venganza de Cristo caerá sobre esta ciudad. Con todo eso la ruina de Jerusalén no
es más que la figura de la otra ruina a la que está destinado el mundo culpable,
cuando el divino vengador, al cual vemos contradecir y despreciar todos los
días, aparezca sobre las nubes para restablecer su honor ultrajado. Por ahora permite
que le entreguen, le escupan y le maltraten; pero cuando haya llegado el tiempo
de rescatar a los suyos, el día de la venganza reclamado por los deseos del justo",
bienaventurados los que le hayan conocido, los que hayan compartido con Él sus humillaciones
y dolores. ¡Desdichados los que no hayan visto en Él más que un simple mortal! ¡Desgraciados
aquellos que no contentos con sacudir de sus propios hombros el suave yugo de Cristo,
han impedido que se extendiese su reino entre los demás! Porque Cristo es Rey; ha
venido a este mundo para reinar y los que no hayan querido soportar su clemencia
no podrán huir de su justicia.
LOS PADECIMIENTOS DEL MESÍAS.- Una vez más oímos la voz de Isaías
en esta profecía; pero esta vez no es el profeta sublime que cantaba poco ha las
venganzas del Emmanuel. Cuenta los padecimientos del Hombre-Dios, "del último
de los hombres, del varón de dolores, del entregado al sufrimiento". Por este
pasaje con razón se puede llamar con los Santos Padres, al más elocuente de los
Profetas, el quinto Evangelista. ¿No resume por anticipado el relato de la
Pasión, cuando nos muestra al Hijo de Dios" semejante a un leproso, a un hombre
herido por Dios y humillado a sus golpes"? Pero nosotros, a quienes la Iglesia
lee estas páginas inspiradas, y que vemos juntamente el Antiguo y el Nuevo Testamento
para darnos todas las señales de la Víctima universal, ¿cómo reconoceremos el
amor que nos muestra Jesús cuando toma sobre sí todos los castigos que merecíamos
nosotros? "Por sus heridas hemos sido curados nosotros." ¡Oh médico divino,
que toma sobre sí las heridas de los que quiere curar! Pero No sólo "ha sido
herido por nosotros sino que también ha sido degollado como cordero en el matadero".
Pero por ventura no ha hecho más que someterse a la inflexible justicia del Padre,
"que ha cargado sobre Él todas nuestras iniquidades". Oíd al Profeta:
"Si ha sido inmolado, ha sido porque Él lo ha querido. "Su amor para con
nosotros es igual a la sumisión del Padre. Fijaos cómo calla ante Pilatos que con
una sola palabra podía arrebatarle de las manos de sus enemigos. "Está en silencio,
sin abrir su boca como el cordero ante el esquilador." Adoremos este silencio
al cual debemos nuestra salvación; recojamos todos los detalles de una entrega que
nunca haría un hombre por otro y que no pudo ejecutarla más que el corazón de Dios.
¡Cómo nos ama a nosotros, que somos su estirpe, los hijos de su sangre, el galardón
de su sacrificio! Iglesia Santa, descendiente de Cristo en la cruz, tú le eres querida;
te ha comprado a gran precio y por eso se complace en ti. Almas fieles, devolvedle
amor por amor; almas pecadoras, sedle fieles, sacad la vida de su sangre y acordaos
que, si "todos nosotros hemos estado perdidos como ovejas sin pastor",
el Señor "ha tomado sobre sí todas nuestras iniquidades". No hay pecador
ni pagano, ni infiel tan culpable, que no tenga parte en esta sangre preciosa,
cuya virtud infinita sería suficiente para redimir a miles de millones de mundos
más pecadores que el nuestro.
ORACION
Humillad vuestras cabezas a Dios. Suplicámoste, Señor, mires
a esta tu familia, por la que nuestro Señor Jesucristo no dudó en ser entregado
en manos de los verdugos y en sufrir el tormento de la cruz. El, que vive y reina
contigo.
OFICIO DE LAS TINIEBLAS
Hasta la última reforma, la Iglesia anticipaba a la víspera el
Oficio de la noche del día siguiente, para estos tres últimos días de la Semana
Santa ,con el fin de dar al pueblo cristiano mayor facilidad para tomar parte en
él. Los Maitines y Laudes celebrábanse, por tanto, en las horas de la tarde. Pero
habiéndose convertido estas horas para la mayor parte en horas de trabajo, la Iglesia
ha creído oportuno volver a establecer que el Oficio se celebre a sus horas normales.
Así, pues, los fieles deben apresurarse a asistir a ellos en
tanto en cuanto sus ocupaciones se lo permiten. En cuanto al mérito de esta piadosa
asistencia, es indudable que sobrepasa al de cualquier devoción privada. El medio
más seguro para llegar al corazón de Dios será siempre emplear como intermediario
a la Iglesia: En cuanto a las impresiones santas que pueden ayudarnos a hondar más
en los misterios, que se conmemoran en estos tres días, por lo general son más fuertes
y más seguras las que se reciben en el oficio, que las que se buscan en cualquier
libro humano. Alimentada por la palabra y los ritos de la Iglesia, el alma cristiana
aprovechará doblemente con los ejercicios y lecturas del oficio, aunque también
debe ocuparse en particular de ellas. La oración de la Iglesia será, pues, la base
sobre la cual se levantará todo el edificio de la piedad cristiana, en este
santo aniversario; así imitaremos a nuestros padres que, en los siglos de fe, fueron
tan profundamente cristianos porque vivían de la vida de la Iglesia por la Liturgia
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martes, 26 de marzo de 2013
Martes Santo
MARTES SANTO
LA HIGUERA MALDITA.- Este día vuelve de nuevo Jesús a Jerusalén
muy de mañana. Quiere dirigirse al templo y confirmar allí sus últimas enseñanzas.
Claramente prevé que el desenlace de su misión va a comenzar. El mismo acaba de
decir a sus discípulos: "Dentro de dos días se celebrará la Pascua y el Hijo
del hombre será entregado para ser crucificado". Los discípulos que marchan
en compañía de su maestro por el camino de Betania a Jerusalén quedan estupefactos
al contemplar la higuera que Jesús había maldito el día anterior. Se había secado
como un leño cortado, desde las raíces hasta las hojas. Pedro se acerca a Jesús
y le dice: "Maestro, mira la higuera que maldijiste; se ha secado.
"Jesús aprovecha la ocasión para enseñarnos que la materia está sometida al
espíritu cuando éste se mantiene unido a Dios por la fe y dice: "Tened fe en
Dios: en verdad os digo que cualquiera que dijere a este monte: levántate y arrójate
al mar y no dudare en su corazón, mas creyere que se hará todo cuanto dijere, todo
le será hecho. Por tanto os digo que todas las cosas que pidiereis en vuestra oración
creed que las recibiréis; y se os darán"
JESÚS EN EL TEMPLO.- Continuando el camino, pronto se entra en
la ciudad, y apenas ha llegado Jesús al templo, se le acercan los príncipes de los
sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntan: "¿Con qué poder haces
estas cosas, quién te ha dado tal poder?". Se puede ver en el Santo Evangelio
la respuesta de Jesús, así como las diversas enseñanzas que dió con ocasión de este
encuentro. No hacemos más que indicar, de un modo general, el uso que hizo de las
últimas horas de su vida mortal nuestro divino Redentor; la meditación del
Evangelio suplirá lo que no decimos. Como los días precedentes, sale de la
ciudad por la tarde, y atravesando el monte de los Olivos, se retira a Betania,
con su Madre y sus amigos. La Iglesia lee hoy, en la Misa, el relato de la Pasión
según San Marcos. En orden cronológico el Evangelio de San Marcos fué escrito
después del de San Mateo: Por esta razón se da el segundo lugar a la Pasión según
San Marcos. Es más corta que la de San Mateo y parece un resumen de la misma; pero
se encuentran en ella ciertos detalles que son propios de este Evangelista y
nos muestran las notas de un testigo ocular. Todos sabemos, en efecto, que San Marcos
fué discípulo de San Pedro y que escribió su Evangelio bajo la dirección del Príncipe
de los Apóstoles. En Roma se celebra la Estación en la Iglesia de Santa Prisca.
ORACION
Haz, Señor, que tu misericordia nos purifique de todo rastro
de vejez, y nos haga capaces de la santa novedad. Por el Señor.
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lunes, 25 de marzo de 2013
EVANGELIO DE LUNES SANTO
LUNES SANTO
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan. (XII, 1-9.)
Seis días antes de la Pascua fué Jesús a Betania, donde había
muerto Lázaro, a quien resucitó Jesús. Hiciéronle allí una gran comida: servía Marta,
y Lázaro era uno de los sentados a la mesa con Él. Entonces María tomó una libra
de ungüento de nardo precioso, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y enjugó
sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento. Y dijo uno
de sus discípulos, Judas Iscariote, el que le había de entregar: ¿Porqué no se ha
vendido este ungüento por trescientos denarios, y se ha dado a los pobres? Pero
dijo esto, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y tenía la
bolsa, y sacaba lo que se echaba en ella. Dijo entonces Jesús: Dejadla que lo
conservó para el día de mi sepultura. Porque a los pobres siempre los tendréis con
vosotros, pero a mí no me tendréis siempre. Supo entonces mucha gente judía que
se hallaba allí: y vinieron, no por Jesús solamente, sino también para ver a Lázaro,
a quien Él había resucitado de entre los muertos.
UNCIÓN DE JESÚS EN BETANIA.- Acabamos de oír la lectura del pasaje
evangélico a que aludimos ha unos días, el sábado anterior al domingo de Ramos.
Ha sido colocado en la misa de hoy porque antiguamente no había estación el Sábado.
La Iglesia nos llama la atención con este episodio sobre los postreros días de nuestro
Redentor, para hacernos sentir con él todos los acontecimientos que se realizan
en este momento en torno suyo. María Magdalena cuya conversión nos había admirado
hace unos días, está llamada a tomar parte en la Pasión y Resurrección de su Maestro.
Tipo ideal del alma convertida y admitida a gozar de los favores celestes, debemos
seguirla en todas las circunstancias en que la gracia divina la va a hacer tomar
parte. La hemos visto siguiendo al Salvador paso a paso y ayudándole en sus necesidades;
además el Santo Evangelio nos la muestra preferida a Marta su hermana, pues ha escogido
la mejor parte. En estos días es objeto de nuestro interés principalmente por su
tierna adhesión a Jesús. Sabe que le buscan para matarle y el Espíritu Santo que
la guía interiormente por unos estados que se suceden, cada vez más perfectos, ha
querido que hoy dé cumplimiento a una acción profética previendo lo que tanto
teme. Entre los tres presentes de los Magos, uno de ellos significa la muerte del
Rey divino a quien estos hombres vinieron a visitar desde el lejano oriente. Era
la mirra, perfume funerario empleado tan copiosamente en el entierro del
Salvador. Hemos visto que la Magdalena, al convertirse, testimonió su cambio de
vida derramando sobre los pies de Jesús un ungüento precioso. Ahora emplea también
este medio como muestra de amor. Su Maestro está comiendo en casa de Simón el leproso;
María está con él, como también sus discípulos; Marta sirviendo; hay paz en
esta casa; pero todos presienten cosas adversas. De repente María Magdalena aparece
con un vaso lleno de ungüento de nardo precioso. Se dirije a Jesús y arrojándose
a sus pies los unge con este perfume y luego los enjuga con sus cabellos, Jesús
estaba tendido sobre un diván en donde los orientales se recuestan mientras
comen; fué, pues, fácil que la Magdalena se pusiese a sus pies. Dos evangelistas,
completada su narración por San Juan, nos muestran que ella derramó también sobre
la cabeza del Salvador este oloroso ungüento. ¿Comprendía bien la Magdalena en este
momento la importancia de la acción que la había inspirado el Espíritu Santo? Nada
nos dice el Evangelio; pero Jesús reveló este misterio a sus apóstoles; y nosotros
que nos hacemos eco de sus palabras, conocemos por esta acción que ha comenzado,
podemos decir, la Pasión de nuestro Redentor, desde el momento en que la Magdalena
le embalsama para su futura sepultura. El suave y penetrante olor del perfume se
había extendido por toda la morada. Uno de los discípulos, Judas Iscariote, protesta
contra lo que él llama gasto inútil. Su bajeza y codicia le habían hecho insensible
a todo pudor. Muchos de los discípulos confirmaron su opinión; ¡sus pensamientos
eran tan rústicos todavía! Jesús permitió esta protesta por varias razones. Quería
anunciar su próxima muerte a los que le rodeaban revelándoles el secreto que contenía
esta efusión de perfume sobre su cuerpo. En segundo lugar glorificar a la Magdalena,
que le profesaba un amor tan tierno y tan ardiente; y entonces anunció que su fama
se extendería por toda la tierra tan lejos cuanto se extendiese el Evangelio. En
fin, quería consolar de antemano a las almas piadosas, a las que su amor inspiraría
obras de liberalidad para su culto y resguardarlas de las críticas mezquinas de
que serían objeto. Recojamos estas enseñanzas divinas. Honremos a Jesús no sólo
en su persona sino también en sus pobres. Honremos a la Magdalena y sigámosla hasta
que pronto la veamos en el Calvario y en el sepulcro. En fin, dispongámonos a embalsamar
a nuestro Salvador reuniendo para su entierro la mirra de los Magos que figura el
sacrificio, y el precioso nardo de la Magdalena que representa el amor generoso
y compaciente.
ORACION
Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro: y haz que celebremos alegres
los beneficios con que te has dignado restaurarnos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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domingo, 24 de marzo de 2013
Domingo 2do de Pasión o de Ramos
DOMINGO SEGUNDO DE PASION O DOMINGO DE RAMOS
SALIDA DE BETANIA.- Jesús, dejando en Betania a su madre
María, a Marta y a María Magdalena con su hermano Lázaro, se dirige, este día,
muy de mañana, hacia Jerusalén, acompañado de sus discípulos. María se estremece
al ver acercarse su hijo a sus enemigos que pretenden derramar su sangre; con todo
eso no va hoy Jesús a Jerusalén a buscar la muerte sino el triunfo. Es necesario
que el pueblo proclame rey al Mesías antes que éste sea crucificado; que, ante las
águilas romanas, en presencia de los Pontífices y Fariseos, mudos de rabia y de
estupor, resuenen las voces infantiles, confundidas entre los gritos de los ciudadanos
en alabanza del Hijo de David.
CUMPLIMIENTO DEL VATICINIO.- El Profeta Zacarías había predicho
esta ovación preparada en la eternidad para el Hijo del hombre en vísperas de su
humillación. "Alégrate con grande alegría, hija de Sión. Salta de júbilo, hija
de Jerusalén; mira que viene a ti tu Rey, justo y salvador, humilde, montado en
un asno, en un pollino hijo de asna". Viendo Jesús que había llegado la hora
de cumplirse este oráculo manda a dos de sus discípulos que vayan y le traigan una
asna y un pollino que encontrarán no lejos de allí. El Salvador se encontraba en
Betfagé, situado en el monte de los Olivos. Los discípulos ponen inmediatamente
en ejecución el mandato de su Maestro.
DOS PUEBLOS.- Los Santos Padres nos han proporcionado la clave
del misterio de estos dos animales. El asna representa el pueblo judío sometido
al yugo de la Ley; "el pollino en el que, según el Evangelio, no había montado
nadie todavía", representa a la gentilidad a quien nadie había subyugado aún.
La suerte de ambos pueblos se decidirá dentro de unos días. El pueblo judío será
desechado por no haber recibido al Mesías; en su lugar Dios elegirá al pueblo
gentil, indómito hasta entonces, pero que se convertirá en dócil y fiel.
CORTEJO TRIUNFAL.- Dos discípulos aparejan al pollino con sus
vestidos; Jesús entonces, queriendo realizar el vaticinio del profeta, monta sobre
el animal y se prepara de este modo a entrar en la ciudad. Mientras tanto en Jerusalén
corre el rumor de que Jesús se aproxima. Inspirados por el Espíritu divino la turba
de judíos reunidos en la ciudad de toda Palestina para celebrar en ella la Pascua,
sale a recibirle con palmas y gritos clamorosos. El cortejo que iba acompañando
a Jesús desde Betania, se confunde con esta multitud ferviente de entusiasmo;
unos tienden sus vestidos por el camino, otros enarbolan ramos de palmera a su paso.
Resuena el grito de "Hosanna " y recorre la ciudad la noticia de que Jesús,
hijo de David entra en ella como Rey.
EL REINO MESIÁNICO.- Así fué cómo Dios , ejerciendo su poder
sobre los corazones, preparó, en la ciudad en que pocos días después sería pedida
su sangre a gritos, un triunfo para su Hijo. Este día Jesús tuvo un momento de
gloria y la Iglesia quiere que renovemos cada año el recuerdo de este triunfo del
Hijo del hombre. Cuando nacía el Emmanuel, vimos llegar del lejano oriente a Jerusalén
a los Magos en busca del Rey de los judíos, para adorarle y ofrecerle sus presentes;
hoy es la misma Jerusalén la que sale a recibirle. Ambos acontecimientos tienen
un mismo fin: reconocer a Jesucristo como Rey; el primero por parte de los gentiles,
el segundo por parte de los judíos. Era menester que el Hijo de Dios recibiese ambos
tributos antes de su Pasión. La inscripción que Pilatos pondrá dentro de poco sobre
la cabeza del Redentor: Jesús Nazareno, Rey de los judíos, será el carácter indispensable
de su mesianismo. Inútiles serán los esfuerzos de los enemigos de Jesús para
cambiar los términos del escrito; no lograrán su fin. "Lo que he escrito, escrito
está", respondió el gobernador romano. Su mano confirmó, sin ¿creerlo?, las
profecías. Israel proclama hoy a Jesús por su Rey; bien pronto será disperso en
castigo de su perjurio; pero ese Jesús, a quien ha proclamado, permanecerá siempre
Rey. De este modo se cumplió a la letra aquel mensaje del Angel que dijo a María
anunciándole la grandeza del Hijo que iba a concebir: "El Señor le dará el
trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob eternamente". Jesús
comienza en este día su reinado sobre la tierra; y como el primer Israel va a sustraerse
de su cetro, un nuevo Israel, nacido del grupo fiel del antiguo, va a nacer, formado
de gentes de todas las partes del mundo, y ofrecerá a Cristo el imperio más extenso
que jamás ha ambicionado un conquistador. Tal es el misterio glorioso de este día
en medio del duelo de la Semana de Pasión. La Iglesia quiere que nuestros
corazones se desahoguen en un momento de alegría en el que saludamos a Jesús como
Rey. Ha organizado la liturgia de este día de tal forma que encierre en sí juntamente
alegría y tristeza; la alegría al unirse a las aclamaciones con que resonó la ciudad
de David; la tristeza volviendo en seguida al curso de su gemidos por los dolores
de su Esposo divino. Todo el drama está dividido como en tres actos distintos, cuyos
misterios e intenciones vamos a explicar uno tras otro.
LA BENDICION DE LAS PALMAS
La bendición de las palmas o de los ramos, como vulgarmente se
dice, es el primerrito que se desarrolla ante nuestra vista; y podemos juzgar de
su importancia por la solemnidad que la Iglesia despliega en su celebración. Durante
largos siglos diríase que iba a celebrarse la santa Misa sin otra intención que
la de celebrar el aniversario de la entrada de Jesús en Jerusalén: Introito, Colecta,
Epístola, Gradual, Evangelio, incluso el Prefacio, se sucedían como se hace para
preparar la inmolación del Cordero sin mancha; pero después del triple Sanctus la
Iglesia suspendía estas solemnes fórmulas y su ministro procedía a la
santificación de los ramos que tenía delante. Ahora, después de la reciente reforma,
después del canto de la antífona Hosanna, estas ramas de árbol, objeto de la primera
parte de la función, reciben con una sola oración, acompañada de la incensación
y de la aspersión del agua bendita, "una virtud que los eleva al orden sobrenatural
y los hace a propósito para ayudar a la santificación de nuestras almas y a la protección
de nuestros cuerpos y de nuestras casas. Los fieles deben tener con respeto estos
ramos en sus manos durante la procesión y colocarlos con honor en sus casas, como
un signo de su fe y una esperanza en la ayuda divina.
ANTIGÜEDAD DEL RITO.- No es necesario explicar al lector que
las palmas y los ramos de olivo, que reciben en este momento la bendición de la
Iglesia, se llevan en memoria de aquellos con que el pueblo de Jerusalén honró
la marcha triunfal del Salvador, pero no está maldecir unas palabras sobre la
antigüedad de esta costumbre. Comenzó pronto en oriente y probablemente en
Jerusalén desde que la Iglesia gozó de paz. En el siglo IV San Cirilo, obispo
de esta ciudad, creía que la palmera que había suministrado sus ramos al pueblo
que vino al encuentro de Cristo, existía todavía en el valle del Cedrón; nada
más natural que tomar ocasión de esto para instituir un aniversario
conmemorativo de este suceso. En el siglo siguiente se establece esta
ceremonia, no solamente en las Iglesias orientales, sino también en los
monasterios de que estaban llenos los desiertos de Egipto y de Siria. Al
principio de cuaresma, muchos santos monjes obtenían de su Abad el permiso de
internarse en lo más recóndito del desierto para pasar este tiempo en profundo
retiro; pero debían volver al monasterio el domingo de Ramos, como se colige de
la vida de San Eutimio escrita por su discípulo Cirilo. En occidente tardó
bastante en establecerse este rito; el primer rastro que encontramos se halla
en el Sacramentario Gregoriano que se remonta al final del siglo VI o principios
del VII. A medida que la fe penetraba en el norte no era posible solemnizar esta
ceremonia en toda su integridad pues la palmera y el olivo no arraigan en nuestro
clima. Fué necesario reemplazarlas por ramos de otros árboles; mas la Iglesia no
permitió cambiar nada de las oraciones prescritas para la bendición de estos ramos,
pues los misterios expuestos en estas hermosas oraciones, tienen su fundamento en
el olivo y la palma del relato evangélico, representados por nuestros ramos de boj
y de laurel.
LA PROCESION El segundo rito de este día es la célebre procesión
que sigue a la bendición de los ramos. Tiene por objeto representar la marcha del
Salvador a Jerusalén y su entrada en esta ciudad; y, para que nada falte en la
imitación del relato del Santo Evangelio, los Ramos que acaban de ser bendecidos
son llevados por todos los que toman parte en esa procesión. Entre los judíos era
una señal de regocijo llevar en la mano ramos de árboles; y la ley divina les autorizaba
esta costumbre. Dios había dicho en el Levítico al establecer la festividad de los
Tabernáculos: "El primer día tomaréis gajos de frutales hermosos, ramos de
palmera, ramas de árboles frondosos, de sauces de la ribera, y os regocijaréis ante
Yavé, vuestro Dios "Para testimoniar su entusiasmo por la llegada de Jesús
ante los muros de la ciudad, los habitantes de Jerusalén, incluso los niños, recurrieron
a esta gozosa demostración. Vayamos nosotros también delante de nuestro Rey y cantemos
el Hosanna a este vengador de la muerte y liberador de su pueblo. Durante la Edad
Media, en muchas iglesias, se llevaba en esta procesión el libro de los Evangelios
que representaba a Jesucristo cuyas palabras contenía. Designado de antemano un
lugar y preparado para la estación, la Procesión se detenía: el diácono abría entonces
el sagrado libro y cantaba el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén. En seguida
descubríase la Cruz que había permanecido velada hasta aquel momento; todo el clero
se postraba ante ella solemnemente y cada uno depositaba a sus pies un
fragmento del ramo que tenía en su mano. Se reanudaba la procesión precedida de
la Cruz, descubierta, hasta que el cortejo entra en la iglesia. En Inglaterra y
Normandía, desde el siglo XI, se practicaba un rito altamente representativo de
la escena que tuvo lugar en este día en Jerusalén. En la procesión se llevaba triunfalmente
la Sagrada Eucaristía. La herejía de Berengario que negaba la presencia real de
Jesucristo en la Eucaristía acababa de manifestarse en esta época. Y este triunfo
de la Sagrada Forma era preludio lejano de la Institución de la festividad y procesión
del Santísimo Sacramento. Siempre con la misma intención de renovar la costumbre
evangélica, existe en Jerusalén otra costumbre en la procesión de Ramos. Toda la
comunidad de Franciscanos que custodia los santos Lugares marchan de mañana a Betfagé.
Allí el P. Guardián de Tierra Santa, vestido de pontifical, sube sobre un asno revestido
con mantos, acompañado por los religiosos y católicos de Jerusalén, que llevan todos
palmas, ingresa en la ciudad y baja hasta la puerta de la iglesia del Sto.
Sepulcro donde se celebrará la Misa con toda pompa. Hemos reunido aquí, como de
costumbre, los diferentes hechos con que puede elevarse la mente de los fieles en
los variados misterios litúrgicos; estas manifestaciones de fe les ayudarán a comprender
porqué la Iglesia quiere que, en la procesión de los Ramos, sea honrado Jesucristo
como presente al triunfo que ella le otorga en este día. Busquemos por medio
del amor "a este humilde y dulce Salvador que viene a visitar a la hija de
Sión", como dice el profeta. Aquí está en medio de nosotros; a él se dirije
el tributo de nuestros ramos; unámosle también el de nuestros corazones. Se
presenta para ser nuestro Rey; acojámosle y digamos: Hosanna al hijo de David.
LA ENTRADA EN LA IGLESIA.- Antiguamente, hasta la última reforma,
el fin de la procesión iba acompañado de una ceremonia llena de un profundo simbolismo.
Al momento de entrar en la iglesia, el cortejo se hallaba con las puertas cerradas.
La marcha triunfal se detenía; pero los cantos de alegría no se suspendían. Un himno
especial a Cristo Rey resonaba a la puerta de la iglesia, con su alegre estribillo,
hasta que el subdiácono golpeando con el asta de la cruz las puertas, conseguía
que se abriesen, y el pueblo, precedido del clero, entraba aclamando al único que
es la Resurrección y la vida. El fin de esta escena era rememorar la entrada del
Salvador en otra Jerusalén, de la que la de la tierra no era sino figura. Esta
Jerusalén es la patria celestial cuya entrada Jesucristo nos ha procurado. El pecado
del primer hombre había cerrado sus puertas; pero Jesús, el Rey de la gloria, las
abrió por la virtud de su Cruz, ante la cual no pudieron resistir. Este mismo canto,
en honor de Cristo Rey, se ha conservado, pero la parada a la puerta de la iglesia
ha quedado suprimida. Prosigamos, pues, tras los pasos del Hijo de David,
puesto que él es el Hijo de Dios y nos invita a tomar parte en su reino. Así es
como la Iglesia en la procesión de los Ramos que no es otra cosa que la conmemoración
de los acontecimientos de aquel día, eleva nuestra mente al misterio de la Ascensión
por el que se pone fin, en el cielo, a la misión del Hijo de Dios en la tierra.
Pero ¡ay! los días intermedios entre ambos triunfos no son todos días de alegría,
y antes que termine la procesión la Iglesia, que se ha levantado unos momentos de
su tristeza, vuelve a gemir continuamente.
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sábado, 23 de marzo de 2013
Sábado de la 5ta semana de Cuaresma
SÁBADO DE PASIÓN, QUINTA SEMANA DE CUARESMA
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan.
(XII,10-36.)
En aquel tiempo los príncipes de los sacerdotes pensaron
matar a Lázaro: porque, por su causa, se apartaban muchos, judíos, y creían en
Jesús. Y al día siguiente, una gran turba, que había venido a la fiesta, cuando
oyeron que venía Jesús a Jerusalén, empuñaron ramos de palmeras, y le salieron
al encuentro, y clamaban. ¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del
Señor, el rey de Israel! Y encontró Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como
está escrito: He aquí a tu Rey, que viene sentado sobre la cría de una asna.
Esto no lo entendieron entonces los discípulos: pero, cuando fué glorificado
Jesús, se acordaron de que estas cosas estaban escritas de Él: y de que le
hicieron estas cosas. Y la gente que estaba con Él, cuando llamó a Lázaro del
sepulcro y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio de ello. Por eso
le salió al encuentro la turba: porque oyeron que había hecho este milagro.
Dijeron entonces los fariseos entre sí: ¿Veis cómo no adelantamos nada? Todo el
mundo se va detrás de Él. Y había algunos gentiles, de los que habían subido a
rezar en el día de la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de
Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. Fué
Felipe, y se lo dijo a Andrés: Andrés y Felipe se lo dijeron después a Jesús. Y
Jesús les respondió, diciendo: Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea
glorificado. En verdad, en verdad os digo. Si el grano de trigo no cayere en
tierra, y no muriere, quedará él solo: pero, si muriere, dará mucho fruto. El
que ama su vida, la perderá; y, el que odia su vida en este mundo, la guarda
para la vida eterna. El que me sirva a mí, que me siga: y, donde yo esté, esté
también allí mi servidor. Al que me sirviere a mí, le honrará mi Padre. Ahora
mi alma está turbada. Y ¿qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Pero he venido
por esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Y bajó una voz del cielo: Le he
glorificado, y le glorificaré otra vez. Y la turba que estaba presente, y que
había oído, decía que había sonado un trueno. Otros decían: Le ha hablado un
Ángel. Respondió Jesús, y dijo: Esta voz no ha sido por mí, sino por vosotros.
Ahora es el juicio del mundo: ahora será arrojado fuera el príncipe de este
mundo. Y yo, si fuere levantado de la tierra, lo atraeré todo hacia mí. (Decía
esto, aludiendo a la muerte con que había de morir.) Respondióle la turba:
Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre: y ¿cómo dices
tú: Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del
hombre? Dijoles entonces Jesús: Todavía hay un poco de luz en vosotros. Caminad
mientras tenéis luz, para que no os envuelvan las tinieblas: porque, el que
anda en tinieblas, no sabe a dónde va. Mientras tenéis luz, creed en la luz, para
que seáis hijo de la luz. Esto dijo Jesús: y se fué, y se escondió de ellos.
EL ODIO DE LOS JUDÍOS.- Los enemigos del Salvador han llegado
a un grado de furor tal, que les ha hecho perder los sentidos. Tienen ante sus ojos
a Lázaro resucitado; y en lugar de hallar en él una prueba incontrastable de la
misión divina de Jesús y de rendirse a la evidencia de los hechos, tratan de hacer
desaparecer, a este testigo irrecusable, como si Aquel que lo ha resucitado ya una
vez, no pudiera devolverle de nuevo la vida. La recepción triunfal que el pueblo
tributó al Salvador en Jerusalén vino a exasperar su furor y su ira. "No
adelantamos nada, se decían; todo el mundo va tras él." Pero ¡ay! a esta ovación
momentánea seguirá muy pronto uno de esos cambios bruscos a los que tan inclinado
se halla el pueblo. En efecto, hasta los mismos gentiles se presentan para ver
a Jesús. Es el anuncio del próximo cumplimiento de la profecía del Salvador. "El
reino de los cielos os será arrebatado para entregarlo a un pueblo que produzca
frutos" . Entonces el Hijo del Hombre será glorificado. Todas las naciones
protestarán con su sumiso homenaje al crucificado en contra de la ceguera de los
judíos. Pero antes es necesario, "que la simiente divina sea arrojada a la
tierra y muera en ella"; después vendrá el tiempo de la recolección y el
grano rendirá el ciento por uno.
LA REDENCIÓN.- Jesús con todo eso experimenta en su humanidad
un instante de turbación, al pensar en su muerte. No ha llegado todavía la agonía
del huerto; mas un escalofrío se apodera de Él. Escuchemos este grito: "¡Padre,
líbrame de esta hora!" Cristianos, vuestro mismo Dios es presa del miedo, previendo
lo que muy pronto tendrá que sufrir por nosotros. Pide el verse libre de este destino
que ha previsto y querido. "Pero, añade, para esto he venido yo, Padre, glorifica
tu nombre. "Su corazón está tranquilo a pesar de todo. Acepta de nuevo las
duras condiciones de nuestra salvación. Escuchad también esta palabra de triunfo.
En virtud del sacrificio que va a ofrecer, Satanás será destronado, "este príncipe
del mundo va a ser arrojado por tierra". Mas la derrota del demonio no es el
único fruto de la inmolación de nuestro Salvador; el hombre, este ser terreno y
depravado, va a dejar la tierra y se va a elevar hasta el cielo. El Hijo de Dios
como un imán celeste lo atraerá en adelante hacia sí. "Cuando sea levantado
de la tierra, dijo Él, cuando sea crucificado atraeré hacia mí todas las cosas.
"No piensa más en sus tormentos, en aquella muerte terrible que continuamente
le asustaba; no ve sino la ruina de nuestro enemigo, nuestra salvación, nuestra
glorificación por su cruz. Tenemos, pues, en estas palabras todo el corazón de
nuestro Redentor; si las meditamos, bastan ellas solas para disponer nuestras almas
a gustar los misterios de los que está llena la semana que comienza mañana.
ORACION
Suplicámoste, Señor, hagas que tu diestra proteja al pueblo que
te suplica; y, ya purificado, le instruya benignamente: para que, con el consuelo
presente, crezca en los bienes futuros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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viernes, 22 de marzo de 2013
Viernes 5ta semana de Cuaresma
VIERNES DE PASION, QUINTA SEMANA DE CUARESMA
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según S. Juan.
En aquel tiempo, los pontífices y fariseos celebraron consejo contra Jesús, y dijeron: ¿Qué hacemos? Porque este hombre obra muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en Él, y vendrán los romanos, y nos quitarán nuestro lugar, y la gente. Entonces uno de ellos, llamado Caifás, que era Pontífice aquel año, les dijo: No sabéis nada, ni pensáis que os conviene que muera un solo hombre por el pueblo, y no que perezca toda la gente. Pero esto no lo dijo por propio impulso, sino que, como era Pontífice aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Desde aquel día, pues, pensaron en matarle. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se fué a una región próxima al desierto, a la ciudad llamada Efrén, y allí moró con sus discípulos.
EL CONSEJO DEL SANHEDRÍN.- La vida del Salvador está ahora más que nunca en peligro. El consejo de la nación se ha reunido para tratar de deshacerse de Él. Escuchad a estos hombres a quienes domina la más vil de las pasiones, la envidia, No niegan los milagros de Jesús, están pues en condiciones de dar un juicio sobre su misión y este juicio debería ser favorable. Mas no se han reunido con este fin, sino con el de hallar los medios para hacerle perecer. ¿Qué pensarán para sí mismos: ¿Qué sentimientos manifestarán en común para legitimar esta resolución sangrienta? Osarán poner de por medio la política el interés de la nación. Si Jesús continúa manifestándose y obrando estos prodigios pronto se levantará la Judea para proclamarle su rey y los romanos no tardarán en venir a vengar el honor del Capitolio ultrajado por la más débil de las naciones del imperio. ¡Insensatos que no comprenden que si el Mesías fuera rey, al modo de este mundo, todos los poderes de la tierra hubieran sido impotentes contra Él! No se acuerdan de la predicción de Daniel que anunció que en el correr de 70 semanas de años a partir del decreto para la reedificación del templo, Cristo había de ser condenado a muerte, y que el pueblo que ha renegado de Él no será ya en adelante su pueblo y que después de esta perversidad un pueblo capitaneado por un jefe militar vendrá y arrasará la ciudad y el templo; que la abominación de la desolación penetrará en el santuario; y que la desolación sentará sus reales en Jerusalén para permanecer allí hasta el fin del mundo. Dando la muerte al Mesías van a aniquilar con un mismo hecho a su patria.
LA PROFECÍA DEL SUMO SACERDOTE.- Mientras tanto el indigno sacerdote que preside los últimos días de la religión mosaica, se reviste el efod, y profetiza, siendo su profecía verdadera. No nos admiremos. El velo del templo no se ha rasgado todavía; la alianza entre Dios y Judá no se ha roto aún. Caifás es un criminal, un cobarde, un sacrilego, pero es pontífice: Dios habla por su boca. Escuchemos a este nuevo Balaán; "Jesús morirá por la nación y no sólo por la nación, sino también para juntar y reunir a los hijos de Dios que se hallan dispersados. "Así la agonizante Sinagoga se ve obligada a profetizar el nacimiento de la Iglesia por el derramamiento de la sangre de Jesús. Por todas las partes de la tierra se encuentran los hijos de Dios, que le sirven en medio de la gentilidad, como el centurión Cornelio; mas no se reúnen en ningún lugar visible. Se acerca la hora en que la grande y única Ciudad de Dios va a aparecer sobre la montaña y "todas las gentes se dirigirán a ella". Después que la sangre de la Alianza universal se haya derramado, después que el sepulcro haya devuelto al vencedor de la muerte, apenas pasados cincuenta días, Pentecostés convocará, no ya a los judíos en el templo de Jerusalén, sino a todas las naciones en la Iglesia de Jesucristo. Caifás no se acuerda ya más del oráculo que él mismo ha proferido; ha restablecido el velo del Santo de los Santos que se había rasgado en dos en el momento de expirar Jesús sobre la cruz; pero este velo no cubre más que un reducido desierto. El Santo de los Santos ya no está allí; "se ofrece, sin embargo, en todo lugar una ofrenda pura" y las águilas de los vengadores del Deicidio no han aparecido todavía sobre el monte de los Olivos, cuando ya los sacrificadores han escuchado que en el fondo del santuario repudiado resuena una voz que dice:" Marchemos de aquí."
ORACION
Suplicámoste, oh Dios omnipotente, hagas que, los que buscamos la gracia de tu protección, libres de todos los males, te sirvamos con un corazón tranquilo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
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Los siete dolores de la Santísima Virgen
LOS SIETE DOLORES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
LA COMPASIÓN DE NUESTRA SEÑORA.- La piedad de los últimos
tiempos ha consagrado de una manera especial esta temporada a la memoria de los
dolores que María sufrió al pie de la cruz de su divino Hijo. La siguiente semana
está consagrada toda entera a la celebración de los misterios de la Pasión del
Salvador; y aunque el recuerdo de María compaciente también se halle presente en
el corazón del fiel, que sigue piadosamente todos los actos de este drama, los
dolores del Redentor, el espectáculo que forman la misericordia y la justicia divinas
uniéndose para obrar nuestra redención, preocupan con demasiada viveza el pensamiento,
para que sea posible honrar, como se merece, el misterio de la participación de
María en los padecimientos de Jesús.
HISTORIA DE LA FIESTA.- Era, pues, conveniente que se eligiera
un día del año para cumplir con este deber; y ¿qué día más a propósito que el Viernes
de la semana en que nos hallamos, que está ya toda entera dedicada al culto de la
Pasión del Hijo de Dios? Ya en el siglo XV, en 1423, un arzobispo de Colonia, Tedorico
de Meurs, introdujo esta fiesta en su Iglesia por un decreto sinodal. Se fué extendiendo
poco a poco con diversos nombres por las provincias de la catolicidad a causa de
la tolerancia de la Sede Apostólica, hasta que finalmente el Papa BenedictoXIII,
por un decreto del 22 de agosto de 1727, la inscribió solemnemente en el calendario
de la Iglesia católica con el nombre de Fiesta de los siete dolores de la Bienaventurada
Virgen María. En este día la Iglesia quiere honrar a María que sufre al pie de la
cruz. Hasta la época en que el Papa extendió a toda la cristiandad esta fiesta con
el título nombrado más arriba, se la designaba con distintas apelaciones: Nuestra
Señora de la Piedad; la Compasión de nuestra Señora; en una palabra, esta fiesta
había sido ya admitida por la piedad popular antes de haber obtenido la consagración
de la Iglesia.
MARÍA CORREDENTORA.- Para comprender mejor el objeto y para dedicar
en este día a la Madre de Dios y de los hombres, las alabanzas que la son debidas,
debemos acordarnos que Dios ha querido, en los designios de su infinita
sabiduría, asociar a María, de todos los modos, a la regeneración del género humano.
Este misterio presenta una aplicación de la ley que nos revela toda la grandeza
del plan divino; nos muestra una vez más al Salvador hiriendo el orgullo de Satanás
por el débil brazo de una mujer. En la obra de nuestra salvación hallamos tres intervenciones
de María, tres cincunstancias en que ella es llamada a unir su acción a la del mismo
Dios. La primera en la Encamación del Verbo que no se encarnó en ella, sino después
de su consentimiento, por un solemne Fiat que salvó al mundo. La segunda en el Sacrificio
de Jesucristo en el Calvario al que ella asiste para participar en la ofrenda expiatoria;
la tercera el día de Pentecostés, en que recibe al Espíritu Santo, como le recibieron
los demás Apóstoles, para contribuir así eficazmente al establecimiento de la
Iglesia. Ya hemos expuesto en la fiesta de la Anunciación, la parte que tomó la
Virgen de Nazaret en el acto más grande que Dios ha querido realizar para su gloria
y para el rescate y santificación del género humano. En otro lugar tendremos ocasión
de mostrar a la Iglesia naciente, elevándose y desenvolviéndose con la acción de
la Madre de Dios; hoy nos toca examinar la parte que corresponde a María en el
misterio de la Pasión de Jesús; exponer los dolores que ha sufrido junto a la cruz;
los nuevos títulos que ha conquistado para nuestro filial reconocimiento.
LA PREDICIÓN DE SIMEÓN.- Cuarenta días después del nacimiento
de Jesús la Bienaventurada
Virgen presentó a su Hijo en el templo. Un anciano aguardaba
al Niño y le proclama "la luz de los pueblos y gloria de Israel". Mas
volviéndose pronto hacia su madre, la dijo: "Este niño será también piedra
de escándalo (signo de contradicción) y una espada traspasará tu alma."
Este anuncio de dolores para la madre de Jesús nos hace comprender, que ya han cesado
las alegrías del tiempo de Navidad, y que ha llegado un tiempo de amarguras para
el hijo y para la madre. En efecto, desde la huida de Egipto hasta estos días en
que la maldad de los judíos prepara el mayor de los crímenes, ¿cuál ha sido la
situación del hijo humillado, desconocido, perseguido, cubierto de ingratitudes?
¿Cuál ha sido, por consiguiente, la continua inquietud, la angustia persistente
del corazón de la más tierna de las madres? Mas hoy previendo el curso de los acontecimientos
pasemos adelante, y coloquémonos en la mañana del Viernes Santo.
MARÍA, EL VIERNES SANTO.- María sabe que, esta misma noche, su
Hijo ha sido entregado por uno de sus discípulos, por un hombre a quien Jesús había
elegido por confidente, a quien ella misma había dado más de una vez señaladas
muestras de bondad maternal. Después de cruel agonía ha sido encadenado como malhechor
y la soldadesca le ha conducido a casa de Caifás, su principal enemigo. De allí
le han llevado a la presencia del gobernador romano, cuya intervención era necesaria
a los príncipes de los sacerdotes y doctores de la ley, para que ellos pudiesen,
según su deseo, derramar la sangre inocente. María se halla en Jerusalén; Magdalena
y los amigos de Jesús la rodean; pero no pueden impedir los gritos del pueblo que
llegan a sus oídos. ¿Y quién, por otra parte, sería capaz de alejar los presentimientos
del corazón de tal madre? No tarda en extenderse por la ciudad la noticia de que
se ha pedido al gobernador que Jesús de Nazaret sea crucificado. ¿Permanecerá María
a un lado, en este momento en que todo un pueblo está en pie para acompañar con
sus insultos hasta el Calvario al Hijo de Dios que ella llevó en su seno, que alimentó
con su pecho? ¡Lejos de ella tal cobardía! Se levanta, se pone en marcha y se coloca
en el camino por donde debe pasar Jesús. El aire está infectado de gritos y blasfemias.
Esta multitud que precede y sigue a la víctima está compuesta de gente feroz e insensible:
solamente un grupo de mujeres deja escapar lamentaciones dolorosas y por esto merece
atraer las miradas de Jesús. ¿Podía María mostrarse menos sensible a la suerte de
su Hijo, que lo que manifestaron estas mujeres a quienes no unían con él sino lazos
de admiración y de reconocimiento? Insistimos en este hecho para mostrar el horror
que profesamos a ese racionalismo hipócrita que, pisoteando todos los sentimientos
del corazón y las tradiciones de la piedad católica de Oriente y de Occidente, ha
querido poner en duda la verdad de esta Estación de la calle de la Amargura, que
señala el lugar del encuentro del hijo con su madre. La secta no se atreve a negar
la presencia de María al pie de la cruz; el Evangelio es en este punto demasiado
explícito; pero, antes que rendir homenaje al amor maternal más tierno que ha existido,
prefiere dar a entender, que mientras que las Hijas de Jerusalén marchaban sin miedo
en pos de Jesús, María se dirige al Calvario por senderos desconocidos.
LA MIRADA DE JESÚS Y DE MARÍA.- Nuestro corazón filial será más
justo para con la mujer fuerte por excelencia. ¿Quién podrá decir el dolor y amor
que expresaron sus miradas al encontrarse con las de su Hijo, cargado con la
cruz? ¿Quién podrá decir así mismo la ternura y resignación con que respondió Jesús
al saludo de su Madre? ¿Con qué afecto Magdalena y las otras santas mujeres sostendrían
en sus brazos a quien "debía subir todavía al Calvario, a recibir el último
suspiro de su Hijo? El camino del Vía Crucis es aún largo, desde la cuarta hasta
la décima estación, y si es regado con la sangre del Redentor, es bañado también
con las lágrimas de su madre.
LA CRUCIFIXIÓN.- Jesús y María han llegado a la cumbre de esta
colina que debe servir de altar al más augusto de los sacrificios; mas el
decreto divino no permite a la madre acercarse a su hijo. Cuando la víctima esté
preparada se acercará aquella que la deba ofrecer. Esperando este solemne momento
¡qué tormentos para Nuestra Señora a cada martillazo quedaban en el madero sobre
los miembros delicados de su Jesús !Y cuando, por fin, le es permitido acercarse
con Juan el discípulo amado, con Magdalena y las otras compañeras; ¡qué angustias
mortales experimenta el corazón de esta madre, que, elevando sus ojos, contempla
con lágrimas el cuerpo destrozado de su hijo, violentamente extendido sobre el patíbulo
con el rostro bañado en sangre, y cubierto de esputos, con la cabeza coronada con
una corona de espinas! ¡He aquí, pues, al rey de Israel, cuyas grandezas le había
anunciado el ángel, el hijo de su virginidad, al que ella ha amado como a su
Dios, y al mismo tiempo como fruto bendito de su vientre! Más que para ella, le
ha concebido, le ha criado, le ha alimentado para los hombres; ¡y son esos mismos
hombres los que le han puesto en tal estado! Si todavía, por uno de esos prodigios
que están en poder de su Padre, pudiera ser devuelto al amor de su madre; ¡si esta
justicia con la cual él se ha dignado cumplir todas nuestras obligaciones, se contentase
con lo que ya ha sufrido! Mas no; es necesario que muera, que exhale su alma en,
medio de la más cruel agonía.
EL MARTIRIO DE MARÍA.- María se halla al pie de la cruz para
recibir el adiós de su Hijo; se va a separar de ella y en breves momentos no
poseerá de este hijo tan querido más que un cuerpo inanimado y cubierto de heridas.
Mas cedamos la palabra a San Bernardo, cuyos escritos usa hoy la Iglesia en los
oficios de Maitines: "Oh madre, exclama, al considerar la violencia del dolor
que traspasó tu alma, te proclamamos más que mártir; pues la compasión que has
tenido con tu hijo ha sobrepasado todos los padecimientos que puede soportar el
cuerpo. ¿No ha sido más penetrante que una espada para tu alma esta frase: Mujer,
he ahí a tu hijo? ¡Cambio cruel! ¡En lugar de Jesús recibe a Juan; en lugar del
Señor, al servidor; en lugar del Maestro, al discípulo; en lugar del Hijo de Dios,
al hijo del Zebedeo; un hombre, en fin, en lugar de Dios! ¿Cómo no habría de ser
traspasada tu tierna alma, si aun nuestros mismos corazones de hierro y de bronce,
se sienten desgarrado sal solo recuerdo de lo que padeció el tuyo? No os
asuste, pues, hermanos míos, el oír decir que María ha sido mártir en su alma. No
tiene motivos para escandalizarse, sino aquel que haya olvidado que San Pablo cuenta,
como uno de los mayores crímenes de los gentiles, el que no tuvieran afectos. El
corazón de María estuvo exento de este defecto; ¡que se halle lejos también del
corazón de aquellos que la honran! En medio de los clamores y de los insultos
que ascienden hasta su hijo elevado en la cruz, María siente que se dirigen a ella
estas palabras que la muestran que no tendrá en la tierra más que un hijo de adopción.
Las alegrías maternales de Belén y de Nazaret, alegrías tan puras y tan frecuentemente
turbadas por la inquietud, se repliegan en su corazón y se cambian en
amarguras. ¡Fué la madre de Dios y su hijo le es arrebatado por los hombres! Eleva
una vez más sus ojos hacia su amadísimo Hijo, le ve como una víctima, agobiado por
Una ardiente sed, que ella no puede apagar. Contempla su mirada que se extingue;
su cabeza que se inclina hacia el pecho; todo está consumado.
LA LANZADA.- María no se separa del árbol del dolor, a cuya sombra
la ha retenido hasta el presente su amor maternal, y con todo ¡qué emociones tan
crueles la aguardan todavía! ¡Un soldado traspasa de una lanzada ante sus ojos el
pecho de su Hijo muerto! "¡Ah!, sigue diciendo San Bernardo, es tu corazón
-oh madre-, el que ha sido traspasado por el hierro de la lanza, más bien que el
de tu Hijo, que ya ha exhalado el último suspiro. Su alma no está ya allí; pero
está la tuya que no puede separarse "La imperturbable madre persiste en la
guarda de los restos sagrados de su Hijo. Sus ojos le contemplan al bajarle de la
cruz; y cuando ya, por fin, los amigos de Jesús, con todo el respeto que deben
al hijo y a la madre, se le devuelven, tal como le ha dejado la muerte, le recibe
en sus rodillas que fueron en otros tiempos el trono en que recibió los presentes
de los príncipes de Oriente. ¿Quién será capaz de contar los suspiros y sollozos
de esta madre, al estrechar contra su corazón los despojos inanimados del más querido
de los hijos? ¿Quién será capaz al mismo tiempo de contar las heridas de que se
halla cubierto el cuerpo de la víctima universal?
LA SEPULTURA DE JESÚS.- El tiempo corre, el sol va acercándose
a su ocaso; hay que apresurarse a encerrar en el sepulcro el cuerpo de quien es
el autor de la vida. La madre concentra toda la energía de su amor en un último
beso y oprimida de un dolor inmenso como el mar, entrega este cuerpo adorable, a
aquellos que después de haberlo embalsamado, le deben encerrar bajo la piedra de
la tumba. Se cierra el sepulcro y María acompañada de Juan, su hijo adoptivo, y
de Magdalena, seguida de los dos discípulos que han asistido a las exequias, y de
las santas mujeres, se internan en la ciudad maldita.
LA NUEVA EVA.- ¿No veremos nosotros en todo esto, nada más que
el espectáculo de las aflicciones que ha padecido la madre de Jesús junto a la cruz
de su Hijo? ¿No había sido intención de Dios el haberla hecho asistir en persona
a la muerte de su Hijo? ¿Porqué no la ha arrancado de este mundo, como a José, antes
de que llegara el día en que la muerte de Jesús debía causar en su corazón una aflicción,
que sobrepasara a todas aquellas que han padecido todas las madres después del origen
del mundo? Dios no lo ha hecho porque la nueva Eva tenía que desempeñar un papel
al pie del árbol de la cruz. Del mismo modo que el Padre celestial requirió su consentimiento
antes de enviar al Verbo Eterno a esta tierra, fueron requeridas la obediencia y
abnegación de María para la inmolación del Redentor. ¿No era este Hijo, que ella
había concebido después de haber consentido en el ofrecimiento divino, el bien más
querido de esta madre incomparable? El cielo no se lo debía de arrebatar sin que
ella misma lo ofreciera. ¡Qué lucha tan terrible se entabló entonces en este corazón
tan amante! ¡La injusticia, la crueldad de los hombres le arrancaba a su Hijo!
¿Cómo ella, su madre, puede ratificar, con su consentimiento, la muerte de aquel
a quien ama con doble amor, como a Hijo y como a Dios? De otro lado, si Jesús no
es inmolado, el género humano permanecerá presa de Satanás, el pecado no será reparado,
y en vano será ella madre de Dios. Sus honores y sus alegrías serán para ella sola,
y nos abandonará por tanto a nuestra triste suerte. ¿Qué hará, pues, la virgen de
Nazaret, esa virgen que lleva un corazón tan grande; esa criatura siempre pura,
cuyos afectos, jamás se vieron tildades de egoísmo, que tan frecuentemente se
filtra en las almas en que ha reinado el pecado original? María por delicadeza para
con los hombres, al unirse, al deseo de su hijo, que no vive sino para su salvación,
consigue un triunfo sobre sí misma; pronuncia por segunda vez su FIAT y consiente
en la inmolación de su Hijo. No se lo exige la justicia de Dios; ella misma es quien
lo cede; pero en cambio es elevada a un grado tal de grandeza, que jamás pudo concebir
en su humildad. Una unión inefable se establece entre la ofrenda del Verbo
encarnado y la de María; la sangre divina y las lágrimas de la madre corren mezcladas
y se confunden para operar la redención del género humano.
EL VALOR DE MARÍA.- Examinad ahora la conducta de esta madre
y el valor que la anima. Bien distinto por cierto del de esta otra madre, de quien
nos habla la Escritura, la infortunada Agar, que después de haber procurado inútilmente
saciar la sed de Ismael, asfixiado por el ardiente sol del desierto, se alejó para
no ver morir a su hijo; María habiéndose enterado de que el suyo ha sido condenado
a muerte, se pone en pie y corre hasta que lo encuentra y le acompaña hasta el lugar
en que debe morir. Y ¿cuál es su actitud al pie de la cruz de su hijo? ¿Se
muestra desfallecida y abatida? ¿El dolor inaudito que la oprime le han hecho acaso
caer por tierra o en manos de los que la rodean? No; el Santo Evangelio contesta
con una sola palabra a esta cuestión: "María permanecía en pie (stabat) junto
a la cruz. "El sacrificador está de pie ante el altar, para ofrecer su
sacrificio. María debía guardar actitud semejante. San Ambrosio, cuya alma tierna,
y cuya profunda inteligencia de los misterios nos han transmitido rasgos tan
preciosos acerca del carácter de María, lo dice todo en estas breves palabras: "Se
mantenía en pie frente a la cruz, contemplando con sus maternales miradas las heridas
de su hijo; esperando, no la muerte de su querido hijo, sino más bien la salvación
del mundo"
MARÍA NUESTRA MADRE.- Así esta madre de dolores en circunstancias
parecidas, lejos de maldecirnos, nos ama, sacrifica por nuestra salvación hasta
los gratos recuerdos de las horas de alegría que había experimentado en su Hijo.
A pesar de los gritos de su corazón de madre, se le devuelve a su Padre como un
tesoro confiado en depósito. La espada penetraba cada vez más profunda en su alma;
mas nosotros estamos ya salvados; y, a pesar de que no fué mas que una pura criatura,
cooperó con su Hijo a nuestra salvación. ¿Tenemos motivos para admirarnos, después
de esto, de que Jesús eligiera este mismo momento para proclamarla madre de los
hombres, en la persona de Juan que nos represéntaba a todos? Nunca el corazón de
María se había sentido tan inclinado a nuestro favor . Que en adelante sea pues
esta nueva Eva, la verdadera "Madre de todos los vivientes." La
espada que atravesó su inmaculado corazón nos ha franqueado la entrada en él. En
el tiempo y en la eternidad, María hará extensivo a nosotros el amor que siente
a su Hijo; porque acaba de oírle decir, que nosotros también en adelante lo
seremos para ella. Por habernos rescatado, él es nuestro Señor; por haber cooperado
tan generosamente a nuestro rescate, ella es nuestra Señora.
ORACION
Con esta confianza, oh Madre afligida, venimos hoy a rendirte
con la Santa Iglesia nuestro filial homenaje. Jesús, el fruto de tu vientre, fué
concebido por Ti sin dolor; nosotros, hijos tuyos por adopción, hemos penetrado en tu corazón por
la espada. ¡Amadnos, pues, oh María, corredentora de los hombres! ¿Y cómo no hemos
de reputar nosotros, como seguro, el amor tan generoso de tu corazón, cuando sabemos
que para nuestra salvación, te has unido al sacrificio de tu Jesús? ¿Qué pruebas
no nos has dado constantemente de tu ternura maternal, tú que eres reina de misericordia,
refugio de pecadores, abogada infatigable de todas nuestras miserias? Dígnate, oh
madre, vigilar sobre nosotros. Concédenos el poder sentir y gustar la dolorosa pasión
de tu Hijo. Se ha realizado en tu presencia; has tenido parte en ella. Haznos penetrar
todos los misterios para que nuestras almas rescatadas con la sangre de Jesús y
rociados con tus lágrimas, se conviertan al Señor y se mantengan firmes en su servicio.
Amén
Fuente
Año Liturgico, de Dom Prosper Guéranger
jueves, 21 de marzo de 2013
Jueves, 5ta semana de Cuaresma
JUEVES DE PASIÓN, QUINTA SEMANA DE CUARESMA
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según S. Lucas.
En aquel tiempo, uno de los fariseos rogó a Jesús que
comiera con él. Y, habiendo entrado en la casa del fariseo, se sentó a la mesa.
Y he aquí que una mujer pecadora, que había en la ciudad, cuando supo que se
había sentado a la mesa en la casa del fariseo, trajo un vaso de alabastro,
lleno de ungüento: y, poniéndose detrás, junto a sus pies, comenzó a regar con
lágrimas sus pies, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los ungía con
el ungüento. Y, cuando lo vió el fariseo, que le había invitado, dijo para sí:
Si éste fuera profeta, sabría sin duda quién y qué tal es la mujer que le toca:
pues es una pecadora. Y, respondiendo Jesús, le dijo: Simón, tengo algo que
decirte. Y él dijo: Maestro di. Había dos deudores para un acreedor: uno debía
quinientos denarios, y el otro cincuenta. No teniendo ellos con qué pagar los,
perdonó a los dos. ¿Cuál, pues, le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Creo
que aquel a quien perdonó más. Y Él le dijo: Has juzgado rectamente. Y, vuelto
hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no diste
agua a mis pies: ésta, en cambio, regó con lágrimas mis pies, y los enjugó con
sus cabellos. No me diste el ósculo: ésta, en cambio, desde que entró, no ha
cesado de besar mis pies. No ungiste con óleo mi cabeza: ésta, en cambio, ha
ungido mis pies con ungüento. Por eso te digo: Se le perdonan muchos pecados,
porque ha amado mucho. En cambio, al que se le perdona menos, menos ama. Díjole
entonces a ella: Te son perdonados tus pecados. Y comenzaron, los invitados con
Él, a decir entre sí: ¿Quién es éste, que hasta los pecados perdona? Y dijo a
la mujer: Tu fe te ha salvado: vete en paz.
MARÍA MAGDALENA.- A las sombrías ideas que sugiere el
espectáculo de la reprobación del pueblo deicida, la Iglesia se apresura a
proponer ante nuestra vista pensamientos consoladores que deben producir en
nuestras almas la historia de la pecadora del Evangelio. Este rasgo de la vida
del Salvador no se refiere al tiempo de Pasión. Pero los días en que nos
hallamos: ¿No son días de misericordia, y no nos conviene glorificar en ellos
la mansedumbre y ternura del corazón de nuestro Redentor, que se prepara, a
obtener el perdón, a número tan grande de pecadores sobre la tierra? Por otra
parte, ¿no es Magdalena la compañera inseparable de su maestro crucificado?
Pronto la contemplaremos al pie de la Cruz; estudiemos este modelo de amor,
fiel hasta la muerte; y para esto consideremos su punto de partida.
SU ARREPENTIMIENTO.- Magdalena había llevado una vida
pecadora; siete demonios, nos dice en otro lugar el Evangelio, habían fijado en
ella su domicilio. Ha bastado a esta mujer, ver y oír al Señor, enseguida se ha
apoderado de ella el horror al pecado, un santo horror inunda su corazón, no
ambiciona más que un deseo, el de reparar su vida pasada. Ha pecado en público;
necesita una retractación pública de sus extravíos, vivió en el lujo: en
adelante sus perfumes serán para su Libertador; con su cabellera, de la que se
mostraba tan orgullosa, le enjugará sus pies; en su rostro no aparecerán más
las sonrisas libres; sus ojos, seductores de almas, están anegados de lágrimas.
Por el movimiento del espíritu divino que la anima, parte para contemplar otra
vez a Jesús, Se encuentra este en casa del fariseo, celebrando un festín, va
pues ella a ser causa de sonrisas maliciosas y cuchicheos. ¿Qué importa? avanza
con su precioso vaso y en breves momentos cae ante los pies del Salvador. Allí
se sitúa, allí derrama su corazón y sus lágrimas. ¿Quién será capaz de
describir los pensamientos que embargan a aquella alma? El mismo Jesús nos los
manifestará a su tiempo con una sola palabra. Con claridad se ve al considerar
sus lloros su conmoción, en el empleo de sus perfumes y cabelleras un gran agradecimiento,
y en su predilección de su Salvador su gran humildad.
EL PERDÓN.- El fariseo se escandaliza. Por el movimiento de orgullo
judaico que pronto crucificará al Mesías, toma de aquí ocasión para dudar de la
misión de Jesús. "Si este fuera el Profeta, decía, conocería ciertamente quiénes
la mujer que le toca. "Si tuviera el espíritu de Dios sabría por esta condescendencia
hacia la creatura arrepentida que éste es el Salvador prometido. Aún con su reputación
de virtud, "¡cuán por debajo queda de esta mujer pecadora! "Jesús se toma
la molestia, de dárselo a entender, formando el paralelo de Magdalena y de Simón
el fariseo, y en este paralelo la victoria se decidió por Magdalena. ¿Cuál es la
causa, que ha trasformado así a la pecadora, de tal suerte que le merezca no sólo
el perdón sino también los elogios de Jesús? Su amor; "amó a su Redentor; le
amó mucho" y el perdón que ha recibido, está en relación con este amor. Hace
unos instantes su único amor era el mundo y la vida sensual; el arrepentimiento
ha creado en ella un nuevo ser: su única búsqueda, su única mirada, su único amor,
es Jesús. En lo sucesivo sigue sus pasos, quiere remediar sus necesidades, quiere
sobre todo verle y escucharle; y en el momento de la prueba, cuando los apóstoles
hayan huido, ella permanecerá, allí, al pie de la Cruz para recibir el último suspiro
de aquel a quien su alma debía la vida. "Qué ejemplo de esperanza para el
pecador." Lo acaba de decir Jesús: "Al que más ama, más se le perdona.
"Pecadores pensad en vuestros pecados; mas sobre todo pensad en acrecentar
vuestro amor: Que se halle en relación con la gracia del perdón que vais a
recibir, y "vuestros pecados os serán perdonados".
ORACION
Humillad vuestras cabezas a Dios. Suplicámoste, Señor, seas propicio
con tu pueblo: para que, repudiando lo que no te agrada, se llenen más de las delicias
de tus mandamientos. Por el Señor.
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miércoles, 20 de marzo de 2013
Miércoles 5ta semana de Cuaresma
MIÉRCOLES DE LA PASIÓN, QUINTA SEMANA DE CUARESMA
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según S. Juan.
En aquel tiempo se celebró en Jerusalén la fiesta de la dedicación: y era invierno. Y Jesús estaba en el templo, en el pórtico de Salomón. Y rodeáronle los judíos, y decían: ¿Hasta cuándo torturarás nuestra alma? Si eres tú el Cristo, dínoslo claramente. Respondióles Jesús: Os hablo, y no creéis. Las obras, que yo hago en nombre de mi Padre, os dan testimonio de mí: pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz: y Yo las conozco, y me siguen: y yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre: y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, es mayor que todos: y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una sola cosa. Tomaron entonces piedras los judíos para lapidarle. Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre: ¿por cuál de ellas queréis apedrearme? Respondiéronle los judíos: No te apedreamos por la buena obra, sino por la blasfemia: porque tú, siendo hombre, te haces Dios a ti mismo. Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra Ley: Yo dije: dioses sois? Si llamó dioses a quienes habló Dios, y no puede ser quebrantada la Escritura: ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, decís vosotros: Blasfemas: porque he dicho: Soy el Hijo de Dios? Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. Pero, si las hago, y si no queréis creerme a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y Yo en el Padre.
LA FE.- Después de la fiesta de los Tabernáculos, vino la de la Dedicación, y Jesús se quedó en Jerusalén. El odio de sus enemigos aumentaba continuamente y reuniéndose alrededor de él, quieren obligarle a decir que es el Mesías, para enseguida echarle en cara el usurpar una misión que no es suya. Jesús desdeña responderles, y les remite a los milagros que le han visto obrar y quedan testimonio de él. Por la fe, y solamente por ella, puede el hombre acercarse a Dios en este mundo. Dios se manifiesta por las obras divinas; el hombre que las conoce debe creer la verdad que atestigua tales obras, y así creyendo, tiene el mismo tiempo, la certeza de lo que cree y el mérito de su fe. El judío soberbio se rebela; querría dictar la ley al mismo Dios, y no quiere saber que su pretensión es tan impía como absurda,
UNIDAD DEL PADRE Y DEL HIJO.- Con todo eso, es necesario que la doctrina divina siga su curso, debe excitar el escándalo de estos espíritus perversos. Jesús no habla solamente para ellos: tiene que hacerlo también por los futuros creyentes. Entonces dijo esta gran palabra que nos revela no sólo su categoría de Cristo, sino su divinidad: "Mi Padre y Yo somos uno." Sabía que hablando así excitaría su furor; pero tenía que revelarse a la tierra y confundir de antemano a la herejía. Arrio se levantará un día contra el Hijo de Dios y dirá que solamente es la más perfecta de las criaturas: la Iglesia responderá que es uno con el Padre que le es consubstancial; y después de muchas revueltas y crímenes la secta arriana se extinguirá y caerá en olvido. Los judíos son aquí los precursores de Arrio. Han comprendido que Jesús se ha declarado Hijo de Dios, y quieren apedrearle. Por una última condescendencia Jesús quiere prepararles para gustar esta verdad, indicándoles por sus escrituras, que el hombre puede algunas veces recibir en su sentido restringido, el nombre de Dios, por razón de las funciones divinas que ejerce; después les recuerda los prodigios que tan altamente testimonia la asistencia que le ha dado su Padre; y repite con nueva firmeza que "el Padre está en Él y Él en el Padre. Nada puede convencer a estos corazones obstinados; el castigo del pecado que han cometido contra el Espíritu Santo pesa sobre ellos.
DOCILIDAD.- ¿Que diferente es la suerte de las ovejas del Salvador? "Escuchan su voz, le siguen; les da la vida eterna, y nadie les arrebatará de sus manos. "¡Dichosas ovejas! Creen porque aman; por el corazón se abre paso la verdad, así como por el orgullo del espíritu penetran las tinieblas en alma del incrédulo y se establecen para siempre. El incrédulo ama las tinieblas; las llama luz y blasfema sin sentirlo. El judío llega hasta crucificar al Hijo de Dios para rendir homenaje a Dios.
ORACIÓN
Atiende a nuestras súplicas, oh Dios omnipotente: y, a los que les concedes la gracia de confiar en tu piedad, dales benigno el efecto de tu acostumbrada misericordia. Por el Señor.
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martes, 19 de marzo de 2013
Patriarca San José
SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Y PATRONO DE LA
IGLESIA UNIVERSAL
PROTECTOR DE LA VIRGINIDAD DE MARÍA.- Una alegría nos llega
dentro de Cuaresma: José, el Esposo de María, el Padre adoptivo del Hijo de
Dios, viene a consolarnos con su querida presencia. El Hijo de Dios, al
descender a la tierra para tomar la humanidad, necesitaba una Madre; esta Madre
no podía ser otra que la más pura de las vírgenes; la maternidad divina no
debía alterar en nada su incomparable virginidad. Hasta tanto que el Hijo de
María fuera reconocido por Hijo de Dios, el honor de su Madre requería un
protector: un hombre, pues, debía ser llamado a la gloria de ser el Esposo de
María. Este fué José el más casto de todos los hombres.
PADRE ADOPTIVO DE JESÚS.- Y no sólo consiste su gloria, en
haber sido escogido para proteger a la Madre del Verbo encarnado, sino también
fué llamado a ejercer una paternidad adoptiva sobre el Hijo de Dios. Los Judíos
llamaban a Jesús hijo de José. En el templo, en presencia de los doctores a quienes
el divino Niño acababa de llenar de admiración por la sabiduría de sus preguntas
y respuestas, dirigía así María la palabra a su Hijo: "Tu Padre y yo doloridos
te buscábamos"; y el Santo Evangelio añade que Jesús estaba sujeto tanto a
José como a María.
GRANDEZA DE SAN JOSÉ.- ¿Quién podrá concebir y expresar dignamente
los sentimientos que llenaron el corazón de este hombre, que el Evangelio nos pinta
con una sola palabra, llamándole hombre justo? Un afecto conyugal, que tenía por
objeto la más santa y la más perfecta de las criaturas de Dios; el anuncio celestial,
hecho por el ángel, que le reveló que su esposa lleva en su seno el fruto de salvación,
y le asocia, como testigo único en la tierra, a la obra divina de la encarnación;
las alegrías de Belén, cuando asistió al nacimiento del Niño, cuando custodió a
la Virgen Madre y escucho los cantos angélicos, cuando vió llegar ante el recién
nacido a los pastores, y poco después a los Magos; las inquietudes que vienen enseguida
a interrumpir tanta dicha, cuando, en medio de la noche, tiene que huir a Egipto
con el Niño y la Madre; los rigores de este destierro, la pobreza, desnudez a que
fueron expuestos el Dios escondido, cuyo protector era, y la Esposa virginal, cuya
dignidad comprendía cada vez mejor; la vuelta a Nazaret, la vida humilde y laboriosa
que llevó en aquella aldea, donde tantas veces sus tiernos ojos contemplaron al
Creador del mundo, llevando con él un trabajo humilde; y, en fin, las delicias de
esta existencia sin igual en la casa que embellecía la presencia de la Reina de
los ángeles, y santificaba la majestad del Hijo eterno de Dios; ambos a una dieron
a José el honor de presidir aquella familia, que agrupaba con lazos más queridos
al Verbo encarnado, Sabiduría del Padre y a la Virgen, incomparable obra maestra
del poder y santidad de Dios.
EL PRIMER JOSÉ.- No, nunca hombre alguno, en este mundo podrá
penetrar todas las grandezas de José. Para comprenderlas, se necesita abrazar toda
la extensión del misterio con el que su misión en la tierra está unido, como un
instrumento necesario. No nos extraña, pues, que este Padre nutricio del Hijo de
Dios, haya sido figurado en la Antigua Alianza, bajo las facciones de un Patriarca
del pueblo escogido. San Bernardo ha expresado magníficamente esta idea: "El
primer José, dice, vendido por sus hermanos, y, en esto, figuraba Cristo, fué llevado
a Egipto; el segundo, huyendo de la envidia de Herodes, llevó a Cristo a Egipto.
El primer José, guardando la fidelidad a su señor, respetó a su ama; el segundo,
no menos casto, fué guardián de su Señora, de la Madre de su Señor, y el testigo
de su virginidad. Al primero le fué dado el comprender los secretos revelados por
los sueños; el segundo recibió la confidencia del mismo cielo. El primero conservó
las cosechas de trigo, no para él, sino para el pueblo; al segundo se le confirió
el cuidado del Pan vivo que descendió del cielo, para él y para el mundo entero."
MUERTE DE SAN JOSÉ.- Una vida tan llena de maravillas, no podía
acabar de otro modo que por una muerte digna de ella. El momento llega cuando Jesús
debía salir de la oscuridad de Nazaret y manifestarse al mundo. En adelante sus
obras darían testimonio de su origen celestial; el ministerio de José estaba, pues,
cumplido. Le había llegado la hora de partir de este mundo, para ir a esperar, en
el descanso del seno de Abrahán, el día en que la puerta de los cielos se abriese
a los justos. Junto a su lecho de muerte velaba el dueño de la vida; su postrer
suspiro fué recibido por la más pura de las vírgenes, su Esposa. En medio de los
suyos y asistido por ellos, José se durmió en un sueño de paz. Ahora el Esposo de
María, el Padre putativo de Jesús, reina en el cielo con una gloria, inferior,
sin duda, a la de María, pero adornada de prerrogativas a las cuales nadie puede
ser admitido.
PROTECTOR DE LA IGLESIA.- Desde allí derrama una protección poderosa
sobre los que le invocan. Escuchad la palabra inspirada de la Iglesia en la Liturgia:
"Oh , José, honor de los habitantes del cielo, esperanza de nuestra vida terrena
y sostén de este mundo". ¡Qué poder en un hombre! Mas buscad también un hombre
que haya tenido tratos tan íntimos con el Hijo de Dios, como José. Jesús se dignó
someterse a él en la tierra; en el cielo tiene la dicha de glorificar a aquel del
que quiso depender, a quien confió su infancia junto con el honor de su Madre. Así,
pues, no tiene límites el poder de San José; y la santa Iglesia nos invita hoy a
recorrer con absoluta confianza a este Protector omnipotente. En medio de las terribles
agitaciones de las que el mundo es víctima, invóquenle los fieles con fe y serán
socorridos. En todas las necesidades del alma y del cuerpo, en todas las pruebas
y en todas las crisis, tanto en el orden temporal como en el espiritual, que el
cristiano puede encontrar en el camino, tiene una ayuda en San José, y su confianza
no será defraudada. El rey de Egipto decía a sus pueblos hambrientos: "Id a
José"; el Rey del cielo nos hace la misma invitación; y el fiel custodio de
María tiene ante El mayores créditos que el hijo de Jacob, intendente de los graneros
de Menfis, tuvo ante el Faraón. La revelación de este nuevo refugio, preparado para
estos últimos tiempos, fué comunicado hace tiempo según el modo ordinario de proceder
de Dios, a las almas privilegiadas a las cuales era confiada como germen precioso;
como sucedió con la fiesta del Santísimo Sacramento, con la del Sagrado Corazón
y con otras varias. En el siglo XVI, Santa Teresa de Jesús, cuyos escritos estaban
llamados a extenderse por el mundo entero, recibió en un grado extraordinario las
comunicaciones divinas a este respecto y dejó impresos sus sentimientos y sus deseos
en su Autobiografía.
SANTA TERESA Y SAN JOSÉ.- He aquí cómo se expresa Santa Teresa:
"Tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. Vi
claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de
alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo,
hasta ahora, haberle suplicado cosa, que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta
las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo,
de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos
parece les dió el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso Santo
tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender
que así como le fué sujeto en la tierra, que como tenía nombre de padre siendo ayo
le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Esto han visto otras muchas
personas, a quien yo decía se encomendasen a él, también por experiencia; y aún
hay muchas personas que le son devotas de nuevo experimentando esta verdad".
FIESTAS DE SAN JOSÉ.- Pío IX para responder a los numerosos deseos
y a la devoción del pueblo cristiano, el 10 de septiembre de 1847, extendió a toda
la Iglesia la fiesta del Patrocinio de San José, que estaba concedida a la Orden
del Carmen y a algunas iglesias particulares. Más tarde Pío XI la elevó a la categoría
de las mayores solemnidades dotándola de una octava. Su Santidad, el Papa Pío XII,
deseando dar un patrono especial a todos los obreros de lmundo, ha instituido una
nueva fiesta, que se celebrará el primero de mayo; y por esto ha suprimido la que
estaba fijada para el miércoles de la segunda semana después de Pascua, y ha decretado
que la fiesta del 19 de marzo honre a la vez a San José como esposo de la Santísima
Virgen y como Patrono de la Iglesia universal.
Himno Caelitum Joseph decus
CAELITUM, Ioseph, decus, atque nostrae
certa spes vitae, columenque mundi,
quas tibi laeti canimus, benignus
suscipe laudes.
Te, satum David, statuit Creator1
Virginis sponsum, voluitque Verbi
te patrem dici, dedit et ministrum
esse salutis.
Tu, Redemptorem stabulo iacentem,
quem chorus vatum cecinit futurum,
aspicis gaudens, sociusque matris2
primus adoras.
Rex Deus regum, dominator orbis,
cuius ad nutum tremit infernorum
turba, cui pronus famulatur aether,
se tibi subdit.
Laus sit excelsae Triadi perennis,
quae, tibi insignes tribuens honores,3
et tuis nobis meritis beatae
gaudia vitae.
Flor de nardo, símbolo de San José.
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Martes, 5ta semana de Cuaresma
MARTES DE PASIÓN, QUINTA SEMANA DE CUARESMA
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según S. Juan.
En aquel tiempo andaba Jesús por Galilea, pues no quería caminar
por la Judea por que los judíos querían matarle. Y estaba próxima una fiesta de
los judíos, la Escenopegia (o de los Tabernáculos). Dijéronle entonces sus hermanos:
Pasa de aquí, y vete a Judea, para que vean también tus discípulos las obras que
haces. Porque nadie, que desea ser conocido, hace sus obras en secreto: si haces
esas cosas, manifiéstate al mundo. Ni sus mismos hermanos creían en Él. Díjoles
entonces Jesús: Mi tiempo no ha llegado aún: en cambio, vuestro tiempo siempre está
preparado. El mundo no puede odiaros a vosotros; pero a mí sí me odia: porque yo
doy testimonio de que sus obras son malas. Subid vosotros a esa fiesta, porque yo
no subo a ella, pues mi tiempo aun no se ha cumplido. Y, habiendo dicho esto, Él
permaneció en Galilea. Más, cuando subieron sus hermanos, subió también Él a la
fiesta, pero no públicamente, sino como de incógnito. Y los judíos le buscaban el
día de la fiesta, y decían: ¿Dónde está Él? Y había gran murmullo en el pueblo acerca
de Él. Porque unos decían: Es bueno. Pero otros decían: No; sino que seduce a las
turbas. Y nadie hablaba de Él abiertamente, por miedo a los judíos.
LA HUMILDAD DEL HOMBRE-DIOS.- Los hechos referidos en el paso
del Evangelio se relacionan con una época anterior a la vida del Salvador, y la
Iglesia nos los propone hoy, a causa de la relación que contiene con los que hemos
leído hace algunos días. Es evidente que no sólo al acercarse la Pascua, sino desde
la fiesta de los Tabernáculos, en el mes de septiembre, el furor de los judíos conspiraba
ya su muerte. El Hijo de Dios tenía que viajar a ocultas, y para entrar con seguridad
en Jerusalén, le era preciso tomar algunas precauciones. Adoremos estas humillaciones
del Hombre-Dios, que se ha dignado santificar todos los estados, aun el del justo
perseguido y obligado a ocultarse a las miradas de sus enemigos. Le habría sido
fácil deslumbrar a sus adversarios con milagros inútiles, como los que deseó Herodes
y forzar así su culto y su admiración. Dios no procede así; no obliga; obra a las
miradas de los hombres; mas para conocer la acción de Dios, es necesario que el
hombre se recoja y se humille, que haga callar sus pasiones. Entonces la luz divina
se manifiesta al alma; esta alma ha visto bastante; ahora cree y quiere creer; su
dicha y su mérito está en la fe; está en disposición de esperar la manifestación
de la eternidad. La carne y la sangre no lo entienden así; gustan la ostentación
y el ruido. El Hijo de Dios en su venida a la tierra no debía someterse aún abatimiento
tal sino para que los hombres viesen su poder infinito. Tenía que hacer
milagros para apoyar su misión, pero en Él, hecho Hijo del Hombre, no debía ser
todo milagro. La mayor parte de su existencia estaba reservada a los humildes deberes
de la criatura; de otro modo, no nos había enseñado con su ejemplo, lo que tanto
necesitábamos saber. Sus hermanos (se sabe que los judíos entendían por hermanos
a todos los parientes en línea colateral) sus hermanos habrían querido tener su
parte en esta gloria vulgar, que querían para Jesús. Le dan motivo para que les
dijese esta palabra que debemos meditar en este santo tiempo, para acordarnos más
tarde de ella: "el mundo no os odia a vosotros; pero a mí, sí me odia".
Guardémonos pues, en adelante, de complacernos con el mundo; su amistad nos separaría
de Jesucristo.
ORACION
Suplicámoste, Señor, nos concedas la gracia de perseverar sumisos
a tu santa voluntad: para que en nuestros días crezca, en número y en mérito, el
pueblo que te sirve. Por el Señor. Amén.
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lunes, 18 de marzo de 2013
Lunes, 5ta semana de Cuaresma
LUNES DE LA SEMANA DE PASIÓN QUINTA SEMANA DE CUARESMA
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según S. Juan.
En aquel tiempo los príncipes y los fariseos enviaron unos ministros
para que prendiesen a Jesús. Díjoles entonces Jesús: Todavía estaré con vosotros
un poco de tiempo: y me iré al que me ha enviado. Me buscaréis, y no me hallaréis:
y, adonde yo voy, vosotros no podréis ir. Dijeron entonces los judíos entre sí:
¿Dónde se irá éste, para que no le encontremos? ¿Acaso se irá a los gentiles, dispersos
por el mundo, para predicarles? ¿Qué significa eso que ha dicho: Me buscaréis, y
no me encontraréis: y, adonde yo voy, vosotros no podréis ir? Y el último día de
la fiesta, el más solemne, se presentó Jesús, y clamaba, diciendo: El que tenga
sed, que venga a mí, y beba. Del seno del que crea en mí fluirán, como dice la Escritura,
ríos de agua viva. Dijo esto, aludiendo al Espíritu que habían de recibir los creyentes
en Él.
TEMOR DEL ENDURECIMIENTO.- Los enemigos del Salvador no sólo
han pensado lanzarle piedras; hoy quieren quitarle la libertad, y envían esbirros
para prenderle. En esta ocasión Jesús no juzga oportuna la huida; ¡pero qué terribles
palabras les dirige!: "Voy al que me envió; vosotros me buscaréis pero no me
encontraréis. "El pecador que durante mucho tiempo ha abusado de la gracia,
en castigo a su ingratitud y desprecio, tal vez no pueda encontrar a este Salvador
con quien ha querido romper. Antíoco, humillado por la mano de Dios, oró y no fué
oído. Después de la muerte y resurrección de Jesús, mientras la Iglesia extendía
sus raíces por el mundo, los judíos, que crucificaron al Justo, buscaban al Mesías
en cada uno de los impostores que se levantaban entonces en Judea, y causaron tumultos
que llevaría la ruina de Jerusalén. Cercado por todas las partes por la espada
de los romanos y por las llamas del incendio que devoraba el templo y los palacios,
clamaban al cielo, y suplicaban al Dios de sus padres que enviase, según su promesa,
al Salvador esperado; ni se les ocurrió que este libertador se había manifestado
a sus padres, aun a algunos de ellos, que le habían matado, y que los apóstoles
habían ya llevado su nombre hasta los confines de la tierra. Esperaron aún hasta
el momento en que la ciudad deicida se derrumbó sobre los que no habían inmolado
la espada del vencedor; los supervivientes fueron arrastrados a Roma para adornar
el triunfo de Tito. Si se les hubiese preguntado qué es lo que esperaban, habrían
respondido que al Mesías. Vana esperanza: el tiempo había pasado. Temamos que la
amenaza del Salvador se cumpla en muchos de los que dejarán pasar esta Pascua sin
volver a la misericordia de Dios; roguemos y pidamos que no caigan en las manos
de una justicia, cuyo arrepentimiento demasiado tardío e imperfecto no doblegará.
EL AGUA VIVA.- Pensamientos más consoladores nos sugiere el relato
del Evangelio. Almas fieles, almas penitentes, escuchad; Jesús habla para vosotras:
"si alguno tiene sed, venga a Mí y beba". Recordad la oración de la infeliz
samaritana: "Señor dame siempre de esta agua. "Esta agua es la gracia
divina; abrevaos de las aguas de las fuentes del Salvador que había anunciado el
profeta. Esta agua da la pureza al alma manchada, fortaleza al alma lánguida, amor
al que se siente tibio. Más aun, el Salvador añade: "el que cree en mí, se
convertirá él mismo en fuente de aguas vivas"; porque el Espíritu Santo vendrá
sobre él y entonces el fiel derramará sobre los demás la gracia que ha recibido
en abundancia. ¡Con qué gozo tan santo oía leer el catecúmeno estas palabras que
le prometían que su sed sería por fin apagada en la divina fuente! El Salvador ha
querido serlo todo para el hombre regenerado: luz que disipa sus tinieblas, pan
que le alimenta, viña que le da su uva, en fin agua corriente que refresca sus ardores.
ORACION
Concede, Señor, a tu pueblo
la salud del alma y del cuerpo: para que, practicando las buenas obras, merezca
ser defendido siempre con tu protección. Por el Señor.
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