martes, 19 de marzo de 2013

Martes, 5ta semana de Cuaresma


MARTES DE PASIÓN, QUINTA SEMANA DE CUARESMA

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Juan.
En aquel tiempo andaba Jesús por Galilea, pues no quería caminar por la Judea por que los judíos querían matarle. Y estaba próxima una fiesta de los judíos, la Escenopegia (o de los Tabernáculos). Dijéronle entonces sus hermanos: Pasa de aquí, y vete a Judea, para que vean también tus discípulos las obras que haces. Porque nadie, que desea ser conocido, hace sus obras en secreto: si haces esas cosas, manifiéstate al mundo. Ni sus mismos hermanos creían en Él. Díjoles entonces Jesús: Mi tiempo no ha llegado aún: en cambio, vuestro tiempo siempre está preparado. El mundo no puede odiaros a vosotros; pero a mí sí me odia: porque yo doy testimonio de que sus obras son malas. Subid vosotros a esa fiesta, porque yo no subo a ella, pues mi tiempo aun no se ha cumplido. Y, habiendo dicho esto, Él permaneció en Galilea. Más, cuando subieron sus hermanos, subió también Él a la fiesta, pero no públicamente, sino como de incógnito. Y los judíos le buscaban el día de la fiesta, y decían: ¿Dónde está Él? Y había gran murmullo en el pueblo acerca de Él. Porque unos decían: Es bueno. Pero otros decían: No; sino que seduce a las turbas. Y nadie hablaba de Él abiertamente, por miedo a los judíos.

LA HUMILDAD DEL HOMBRE-DIOS.- Los hechos referidos en el paso del Evangelio se relacionan con una época anterior a la vida del Salvador, y la Iglesia nos los propone hoy, a causa de la relación que contiene con los que hemos leído hace algunos días. Es evidente que no sólo al acercarse la Pascua, sino desde la fiesta de los Tabernáculos, en el mes de septiembre, el furor de los judíos conspiraba ya su muerte. El Hijo de Dios tenía que viajar a ocultas, y para entrar con seguridad en Jerusalén, le era preciso tomar algunas precauciones. Adoremos estas humillaciones del Hombre-Dios, que se ha dignado santificar todos los estados, aun el del justo perseguido y obligado a ocultarse a las miradas de sus enemigos. Le habría sido fácil deslumbrar a sus adversarios con milagros inútiles, como los que deseó Herodes y forzar así su culto y su admiración. Dios no procede así; no obliga; obra a las miradas de los hombres; mas para conocer la acción de Dios, es necesario que el hombre se recoja y se humille, que haga callar sus pasiones. Entonces la luz divina se manifiesta al alma; esta alma ha visto bastante; ahora cree y quiere creer; su dicha y su mérito está en la fe; está en disposición de esperar la manifestación de la eternidad. La carne y la sangre no lo entienden así; gustan la ostentación y el ruido. El Hijo de Dios en su venida a la tierra no debía someterse aún abatimiento tal sino para que los hombres viesen su poder infinito. Tenía que hacer milagros para apoyar su misión, pero en Él, hecho Hijo del Hombre, no debía ser todo milagro. La mayor parte de su existencia estaba reservada a los humildes deberes de la criatura; de otro modo, no nos había enseñado con su ejemplo, lo que tanto necesitábamos saber. Sus hermanos (se sabe que los judíos entendían por hermanos a todos los parientes en línea colateral) sus hermanos habrían querido tener su parte en esta gloria vulgar, que querían para Jesús. Le dan motivo para que les dijese esta palabra que debemos meditar en este santo tiempo, para acordarnos más tarde de ella: "el mundo no os odia a vosotros; pero a mí, sí me odia". Guardémonos pues, en adelante, de complacernos con el mundo; su amistad nos separaría de Jesucristo.

ORACION
Suplicámoste, Señor, nos concedas la gracia de perseverar sumisos a tu santa voluntad: para que en nuestros días crezca, en número y en mérito, el pueblo que te sirve. Por el Señor. Amén.