jueves, 7 de marzo de 2013

Jueves, 3ra semana de Cuaresma


JUEVES DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA

EVANGELIO 

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas.
En aquel tiempo, saliendo Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. Y la suegra de Simón estaba con grandes calenturas: y le rogaron por ella. E, inclinándose sobre ella, imperó a la fiebre: y la dejó. Y a continuación, levantándose les sirvió. Y, cuando se puso el sol, todos los que tenían enfermos de varias dolencias, los llevaron a Él. Y de muchos salían los demonios, clamando y diciendo: Tu eres el Hijo de Dios. E, increpándoles, no les dejaba hablar, porque sabían que El era el Cristo. Y, hecho ya de día, se fué al desierto, y las turbas le buscaron, y fueron hasta El: y le retenían, para que no se apartase de ellos. A las cuales dijo Él: También me conviene evangelizar el reino de Dios a otras ciudades, pues para eso he sido enviado. E iba predicando por las sinagogas de Galilea.

EL MÉDICO DE LAS ALMAS.- Admiremos la misericordia del Salvador que se digna emplear su poder en curar los cuerpos y sepamos que aun es mucho más solícito en curar las enfermedades del alma. Estamos dominados por la fiebre de las pasiones; él sólo puede calmarla. Imitemos por nuestra parte el celo de los habitantes de Galilea que ponen sus enfermos a los pies de Jesús; pidámosle que nos cure también a nosotros. Vemos qué afablemente recibe a todos estos desgraciados, salgamos a su encuentro. Instémosle que no se aleje y se quede para siempre con nosotros y se dignará quedarse. Oremos por los pecadores; pasan los días de ayuno, ya entramos en la segunda mitad de Cuaresma y la Pascua de nuestra redención se acerca. Ved estas multitudes que no se conmueven, a estas almas cerradas a la luz que son impenetrables, estos corazones endurecidos, que nada les emociona, tantos cristianos que van a amontonar una desgracia más a su eterna reprobación. Ofrezcamos por ellos nuestras penitencias y pidamos a Jesús, por los méritos de su Pasión, que pronto se realizará, se digne hacer un último esfuerzo de misericordia y arranque al demonio estas almas por quienes va a derramar su sangre.

ORACION
Humillad vuestras cabezas a Dios. Suplicámoste, Señor, que tu celestial propiciación aumente el pueblo a ti sujeto, y le haga siempre obediente a tus mandamientos. Por el Señor.