lunes, 10 de mayo de 2010

Ejemplo V de la intercesión de la Santísima Madre de Dios

Cuenta el P. Bovio, que una mala mujer llamada Elena, al acudir a la iglesia oyó por casualidad una predicación sobre el Rosario. Al salir se compró uno, pero lo llevaba escondido para no dejarlo ver. Comenzó luego a recitarlo, pero aunque lo recitaba sin devoción alguna, la santísima Virgen le regaló tales consuelos, que ya no podía dejar de rezarlo. Y con esto nació en ella tal horror su mala vida que no podía encontrar reposo, de suerte que se vio forzada a confesarse. Lo hizo con tal contrición que el confesor quedó sorprendido.



Una vez hecha su confesión corrió a los pies de María Santísima a dar gracias a su abogada. Recitó el Rosario y la divina Madre le habló desde aquella imagen diciendo:
Elena basta de ofendernos a Dios y a mí; cambia de vida a partir de hoy, que voy a darte buena parte de mis favores.

La pobre pecadora, llena de confusión respondió:
¡Oh Señora mía!, es verdad que hasta hoy he sido una perdida, pero tú que lo puedes todo, ayúdame. Me entrego a ti y quiero consumir la verdad que me queda en hacer penitencia por mis pecados.



Auxiliada por María, repartió Elena todas sus riquezas entre los pobres y se dedicó a hacer rigurosa penitencia. La atormentaban terribles tentaciones, pero ella no hacía otra cosa que encomendarse a la Madre de Dios y así resultaba siempre victoriosa. Llego a recibir muchos favores, incluso sobrenaturales, tales como visiones, revelaciones, profecías, etc. Por último, antes de su muerte, cuya cercanía le informó María pocos días antes, vino la misma Virgen con su divino Hijo a visitarla. Y al morir, vieron que su alma en forma de una hermosísima paloma volaba al cielo.

Fuente:
Libro: Las Glorias de María
Autor: San Alfonso María de Ligorio