viernes, 21 de mayo de 2010

Oración a la Santísima Virgen XI



¡Oh Madre de Dios, Reina de los ángeles
y esperanza de los hombre!
escucha a quien te llama y acude a ti.
Mírame postrado a tus pies,
yo, miserable esclavo del infierno,
me consagro como eterno siervo tuyo,
ofreciéndome a servirte y honrarte
cuanto más pueda durante mi vida.
Ya veo que poco te honra el servicio
de un esclavo tan ruin y rebelde como yo,
después de haber ofendido tanto
a tu Hijo y Redentor mío, Jesucristo.
Pero si aceptas a un indigno por siervo tuyo,
con tu intercesión lo cambiarás y harás digno de ti;
como no puedo hacerlo yo,
tan miserable como soy.
Acéptame, pues, y no me rechaces, Madre mía.
El Verbo eterno bajó del cielo a la tierra
a buscar las ovejas perdidas,
y para salvarlas se hizo Hijo tuyo.
¿Despreciarás a la ovejita que acude a ti
para reencontrarse con Jesús?
El rescate de mi salvación ya está pagado.
Mi Salvador ya derramó su sangre,
que basta para salvar mundos infinitos.
Sólo falta que se me aplique a mí,
Y esa es tu parte, Virgen bendita;
es tu parte, me dice san Bernardo,
repartir los méritos de esa sangre
a quien tú quieras.
Es tu parte, dice san Buenaventura,
salvar a quien tú quieras.
Ayúdame, por tanto, Reina mía.
Te entrego hoy mi alma;
piensa tú en salvarme.
Tu, salvación de quien te invoca,
sálvame.



Fuente:
Libro: Las Glorias de María
Autor: San Alfonso María de Ligorio