viernes, 7 de mayo de 2010

Oración a la Santísima Virgen IV



Vengo a decirte con san Buenaventura
¡Oh Virgen, que con el amor y los favores
que has hecho a tus siervos
robas sus corazones;
róbate también mi corazón miserable
que desea amarte mucho!
¡Madre mía, con tu belleza has enamorado a Dios
y lo has atraído del cielo a tu seno!
Y yo, ¿podré vivir sin amarte?



No, te diré con ese otro amante hijo tuyo
Juan Berchmans de la Compañía de Jesús:
No descansaré hasta estar seguro
de haber alcanzado tu amor.
Un amor constante y tierno a tí, Madre mía,
que con tanto cariño me has amado,
incluso cuando te era tan ingrato,
¿Qué será de mí, María,
si no me hubieras amado
y alcanzado tanta misericordia?
Si cuando no te amaba me amaste tanto,
¿cuanto más debo esperar de tu bondad
ahora que te amo?



Yo te amo, Madre mía
y quisiera un corazón que te ame
por todos los desdichados que no te aman.
Quisiera una lengua que te alabe por mil lenguas
A fin de dar a conocer a todos tu grandeza,
tu santidad, tu misericordia
y el amor con que amas a cuantos te aman.
Si tuviera riquezas
quisiera gastarlas todas en honrarte.
Y si tuviera súbditos,
quisiera hacerlos a todos amantes tuyos.
Por último, quisiera por tí y por tu gloria
entregar hasta la vida, si hace falta.



Te amo, pues, madre mía, pero, al mismo tiempo,
temo no amarte como debo, pues oigo decir
que el amor hace semejantes a los amantes.
De suerte qeu si soy tan distinto de ti,
es señal de que no te amo.
¡Tú tan pura, yo tan manchado!
¡Tú tan humilde, yo tan soberbio!
¡Tú tan santa, yo tan perverso!
Esto debes hacer, oh María:
ya que me amas, hazme semejante a ti.
Eres capaz de cambiar los corazones:
toma el mío y cambialo.
Hazle ver al mundo lo que puedes hacer
en favor de quien te ama.
Hazme santo, hazme digno hijo tuyo.
Así lo espero.
Amén

Fuente:
Libro: Las Glorias de María
Autor: San Alfonso María de Ligorio