miércoles, 26 de mayo de 2010

Ejemplo XIII de la intercesión de la Santísima Madre de Dios



Es famosa la historia de Teófilo, escrita por Eutiquiano, patriarca de Constantinopla. El fue testigo ocular del hecho que narra y es confirmado por san Pedro Damián, san Bernardo, san Buenaventura, san Antonio y otros que menciona el P. Crasset.

Teófilo era archidiácono de la Iglesia de Adana, ciudad de Cilicia. El pueblo lo estimaba tanto que lo postulaba para obispo suyo. Pero él por humildad, lo rechazó. Más, habiéndolo acusado injustamente algunos malvados y habiendo sido depuesto de su investidura, concibió tanto dolor que, enceguecido por la pasión, acudió a un mago judío que lo hizo acercar a Satanás, con el fin de que lo ayudara en aquella desgracia. El demonio le respondió que si quería su ayuda debía renunciar a Jesús y a María, su Madre, y consignarle el acta de renuncia escrita por su propia mano. Teófilo elaboró el execrable escrito.

Al día siguiente, habiendo sabido el obispo la injusticia cometida contra Teófilo, le pidió perdón y lo restituyó en el cargo.

Entonces Teófilo, sintiéndose lacerado por el remordimiento a causa del enorme pecado cometido, no hacía más que llorar. Luego se fue a una iglesia y allí, a los pies de una imagen de María se posternó llorando y exclamó: ¡Oh Madre de Dios!, no me quiero desesperar, teniéndote a ti que eres tan compasiva y me puedes ayudar. Estuvo así llorando y orando durante cuarenta días a la Santísima Virgen.

Una noche se le apareció la Madre de misericordia y le dijo:
¡Oh Teófilo! ¿qué has hecho? Has renunciado a mi amistad y a la de mi Hijo; y ¿por quién? En manos de tu enemigo.
Señora, respondió Teófilo, tienes que pensar en perdonarme y alcanzarme el perdón de tu Hijo.

Entonces María, viendo su confianza le dijo:
Alégrate: Yo quiero orar a Dios por ti.



Animado Teófilo con estas palabras, acrecentó sus lágrimas, penitencias y oraciones, no apartándose de aquella imagen. De nuevo se le apareció María y con rostro alegre le dijo:
He presentado a Dios tus lágrimas y oraciones. Las ha recibido y te ha perdonado. Pero de hoy en adelante dale gracias y séle fiel. Teófilo replicó:

Señor, esto no basta para consolarme plenamente. El enemigo tiene todavía en sus manos aquel indigno escrito con el que entonces renuncié a ti y a tu Hijo. Tú puedes lograr que me lo devuelva.

Tres días después, Teófilo se despertó una noche y encontró el escrito sobre su pecho.
Al día siguiente, mientras el obispo se hallaba en el templo rodeado de gran multitud, fue Teófilo a postrarse a sus pies, le contó todo el suceso llorando amargamente y le entregó el infame escrito. El obispo hizo quemar enseguida aquella acta ante toda la gente, que no hacía sino llorar de alegría, exaltando la bondad del Señor y la misericordia de la Santísima Virgen para con aquel miserable pecador. Este regresó a la iglesia de la Virgen, donde tres días después murió contento, dándole gracias a Jesús y a su Santísima Madre.



Fuente:
Libro: Las Glorias de María
Autor: San Alfonso María de Ligorio