martes, 25 de mayo de 2010

Oración a la Santísima Virgen XIII



Alma mía, mira qué esperanza tan maravillosa
de salvación y de vida eterna
te ha concedido el Señor, al darte,
por misericordia suya,
confianza en el patrocinio de su Madre,
después de que con tus pecados
has merecido tantas veces
la ira de Dios y el infierno.
Dale, pues, gracias a Dios
y a tu protectora, María, que se ha dignado
esconderte bajo su manto
como lo atestiguan tantas y tantas gracias
que has recibido por su meditación.
Sí, gracias. Madre amorosa, gracias
por todo el bien que me has hecho
a mi, miserable, reo del infierno.
¡Oh Reina mía!
¡de cuantos peligros me has librado!
¡Cuántas luces y misericordia
me has alcanzado de Dios!
¿Qué beneficios u homenajes has recibido de mí,
para que así te empeñes en hacerme el bien?
Todo es fruto de tu bondad.
¡Ah! Aunque diera por ti la sangre y la vida,
poco sería para lo que te debo,
a ti que me has recobrado la gracia divina;
tú eres, en una palabra, toda mi riqueza.
Señora mía amabilísima,
sólo puedo ofrecerte alabanza y amor eternos.
¡Ah! No desdeñes aceptar el amor
de un pecador enamorado de tu bondad.
Si mi corazón es indigno de amarte,
por su suciedad y afectos terrenos,
tú puedes cambiarlo; ¡cámbiemelo pues!
Úneme a Dios, úneme a Él de tal manera
que no pueda alejarme de su amor.
Tú me pides que ame a Dios
y esto es lo que yo te pido;
alcánzame de Dios que yo lo ame
y lo ame para siempre.
No anhelo nada más.
Amén.



Fuente:
Libro: Las Glorias de María
Autor: San Alfonso María de Ligorio