martes, 11 de mayo de 2010

Oración a la Santísima Virgen VI



¡Oh Madre de mi Dios!
María, única esperanza mía
mira a tus pies a un miserable pecador
que te implora misericordia.
Toda la Iglesia y los fieles
te llaman y proclaman refugio de pecadores;
por tanto, eres mi refugio y me tienes que salvar.
Bien sabes cuánto quiere tu Hijo nuestra salvación
Bien sabes cuánto padeció Jesucristo por salvarme.
Te presento, Madre mía, los sufrimientos de Jesús:
el frío del pesebre, los pasos de la huída a Egipto,
sus fatigas y sudores, la sangre que vertió,
el dolor que sufrió ante tus ojos en la cruz.
Haz ver que amas a tu Hijo,
mientras por amor a El te ruego que me ayudes.
Tiende la mano a un caído
que en ti busca misericordia.
Si yo fuera santo, no buscaría misericorida;
pero siendo pecador, recurro a ti
que eres la Madre de la misericordia.
Se que tu compasivo corazón
encuentra consuelo en socorrer a los miserables,
cuando puedes ayudarles,
al ver que no se obstinan en el mal.
Consuela, pues, ahora tu corazón misericordioso
y consuélame a mí,
ya que tienes ocasión de salvarme,
porque soy un pobre condenado al infierno;
tú puedes ayudarme;
no quiero obstinarme en el pecado.
En tus manos me pongo;
dime qué debo hacer
y hazme capaz de realizarlo;
yo propongo hacer todo cuanto pueda
por recuperar la gracia divina.
Me escondo bajo tu manto.
Jesús quiere que yo acuda a ti, que eres su Madre
a fin de que para tu gloria y la de Cristo,
no sólo de su sangre,
sino también tús suplicas, me ayuden a salvarme.
El me envía ati, para que me socorras.
¡Oh María!, aquí estoy;
recurro a ti y en ti confío;
ora, di una palabra más en favor mío.
Dile al Señor que quieres que me salve
y Dios me salvará sin duda alguna.
Dile que soy tuyo y solo esto te pido.



Amén

Fuente:
Libro: Las Glorias de María
Autor: San Alfonso María de Ligorio