sábado, 29 de mayo de 2010

Oración a la Santísima Virgen XV



¡Oh gran Madre de Dios!, te diré con San Bernardo:
ruega, Señora, que tu Hijo te escucha,
y cuanto le pidas te lo concederá.
Habla, pues, habla, oh María,
en favor de nosotros miserables.
Acuérdate que por nosotros
has recibido tanto poder y dignidad.
Dios quiso por ello hacerse deudor tuyo,
al tomar de ti la naturaleza humana,
para poder, según tu voluntad,
distribuir a los necesitados
las riquezas de la misericordia divina.
Somos tus servidores,
dedicados con especial empeño a tu servicio:
entre ellos espero estar yo mismo.
Estamos orgullosos de que tú nos protejas.
Si ha todos les haces el bien,
incluso a quienes no te conocen ni te honran,
y que, aún más, te ultrajan y blasfeman,
¡cuanto más debemos esperar
nosotros de tu bondad,
que va en busca de los miserables
para darles consuelo,
nosotros que te honramos,
te amamos y confiamos en ti!
Somos grandes pecadores,
pero Dios te ha enriquecido
con piedad y poder mayores
que toda nuestra iniquidad.
Puedes y quieres salvarnos;
y nosotros los esperamos, cuanto más indignos somos,
para glorificarte más y mejor en el cielo,
cunado lleguemos allá con tu intercesión.
Madre de misericordia;
te presentamos nuestras almas,
en otro tiempo hermosas
y lavadas con la sangre de Cristo,
pero luego afeadas por los pecados.
Te las presentamos, piensa en purificarlas.
Alcánzanos una enmienda verdadera;
alcánzanos el amor de Dios,
la perseverancia y el paraíso.
Te pedimos grandes cosas,
¿pero acaso no puedes darnos todo?
¿es demasiado para el amor que Dios te tiene?
Basta que abras los labios e implores a tu Hijo;
Él no te niega nada.
Ora, pues, oh María, ora por nosotros;
ora, que ciertamente eres oída,
y nosotros también nos salvaremos ciertamente.



Fuente:
Libro: Las Glorias de María
Autos: San Alfonso María de Ligorio